Niveles Altos de Triglicéridos
La hipertrigliceridemia,
conocida comúnmente como tener los niveles de triglicéridos
altos, consiste en una elevación anormal del nivel de triglicéridos,
que es el principal tipo de grasa que se encuentra en la sangre.
Es recomendable mantener sus niveles en rangos normales (por debajo
de los 150 mg/dl), ya que los niveles altos se asocian a un mayor
riesgo de enfermedades cardiovasculares y pancreatitis.
Para mantener los niveles
de triglicéridos en sangre en unas cifras aceptables es importante
seguir una alimentación que sea baja en grasa saturada, presente
en los productos de origen animal como la mantequilla, la nata,
las carnes grasas, los lácteos enteros y en algunos alimentos de
origen vegetal como el aceite de coco y de palma, frecuentemente
utilizado en la elaboración de repostería y bollería industrial.
En su lugar, se emplearán alimentos ricos en ácidos grasos monoinsaturados,
como el aceite de oliva y aquellos en los que predominen los ácidos
grasos omega-3. En este último grupo destacan los pescados azules
(sardina, caballa, atún, bonito, pez espada, salmón, arenque, boquerones,
jurel, etcétera), las nueces y el aceite de canola o colza.
Las primeras observaciones
sobre el efecto cardiosaludable de los omega-3 se realizaron en
las poblaciones de esquimales de Groenlandia, cuya dieta está basada
en el pescado, mamíferos marinos y aceite de pescado, y, por lo
tanto, es muy rica en omega-3. Los investigadores notaron que la
mortalidad por enfermedades cardiovasculares era mucho menor que
en poblaciones industrializadas con menor consumo de pescados. Desde
entonces, los estudios posteriores han confirmado que los ácidos
grasos omega-3 disminuyen notablemente la trigliceridemia. Actualmente
existen en el mercado diferentes productos enriquecidos en omega-3,
que consisten en una opción saludable de incorporar a la alimentación
estos ácidos grasos, aunque siempre será más saludable comer pescados.
Disminuir las grasas
Para lograr disminuir
el aporte lipídico, debemos seleccionar carnes magras, aves sin
piel, quesos bajos en grasa, leches y yogures totalmente desnatados,
y se retirará la grasa visible de la carne. Sin embargo, en muchos
casos la grasa no es visible, porque está mezclada con otros ingredientes,
como en los productos de bollería industrial y en los alimentos
preparados o precocinados, por lo que es necesario leer detenidamente
las etiquetas para valorar su contenido de “grasa total” y “grasa
saturada”.
Hay muchos productos
que indican inofensivamente en sus etiquetas “aceites vegetales”
sin especificar el tipo utilizado, cuando en realidad se trata de
aceites de coco o de palma, es decir grasa saturada. Además, bajo
la denominación “aceites parcialmente hidrogenados” pueden esconderse
las “ácidos grasos trans” que aumentan las concentraciones de triglicéridos
y colesterol malo (LDL), y disminuyen los niveles de colesterol
bueno (HDL). Las grasas trans son habituales en los aperitivos,
bollería, alimentos congelados precocinados como patatas fritas,
empanadillas, croquetas, y en algunas margarinas.
Es conveniente recordar
que para una alimentación equilibrada y saludable se deben incorporar
al menos cinco raciones al día de frutas y verduras, ya que son
una buena fuente de fibra y antioxidantes naturales. Las legumbres
también son un buen recurso porque son pobres en grasas, aportan
proteínas vegetales de mediano valor biológico, hidratos de carbono
complejos y fibra soluble.
Por otro lado, se recomienda
evitar los azúcares simples (azúcar, miel, bebidas azucaradas y
refrescos), la fructosa y, sobre todo, el alcohol, pues todos ellos
aumentan la síntesis hepática de triglicéridos. Hay que tener en
cuenta que pequeñas cantidades de alcohol pueden elevar el nivel
de triglicéridos significativamente. Otros factores que se relacionan
con el aumento de los valores de triglicéridos son el tabaco, los
estrógenos, la obesidad, la inactividad y la diabetes no controlada.
En resumen, para
mejorar nuestros niveles de triglicéridos es fundamental optar por
estilo de vida saludable, que incluya una dieta adecuada, dejar
de fumar y hacer ejercicio regularmente, al menos 20 a 30 minutos
de ejercicio aeróbico, como caminar, correr, nadar o montar en bicicleta,
tres veces a la semana. Además, hay que perder peso en caso de obesidad
o sobrepeso y controlar la diabetes si está presente.
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