La
Clonación Humana
Introducción
La reciente
publicación en la revista Nature de un artículo que informaba del
éxito en la clonación de una oveja, a partir de una célula de un
ejemplar adulto (1),
ha desatado una tromba de comentarios en todos los medios de comunicación.
Las repercusiones de este experimento, tanto científicas como éticas,
son notables. Sin embargo, muchas de las opiniones vertidas a raíz
de la noticia adolecen de una buena dosis de imaginación, y exigen
una clarificación. Para llevarla a cabo, describiremos el experimento
llevado a cabo, sus antecedentes, las conclusiones científicas que
se pueden extraer de él, y las repercusiones éticas de su posible
aplicación sistemática en un futuro que, hasta hace poco, parecía
muy lejano.
Antecedentes
El intento de
obtener seres vivos viables a partir de células somáticas lleva
bastante tiempo en la mente de los científicos. Sin embargo, los
experimentos llevados a cabo nunca habían dado resultados satisfactorios.
Como máximo, se habían conseguido renacuajos insertando núcleos
de células embrionarias de anfibios en sustitución del núcleo original
del óvulo o del huevo, pero no se había logrado que se llegara a
desarrollar un ejemplar adulto (2).
La interpretación
habitual de estos fracasos se achacaba a la pérdida de la totipotencia
de las células embrionarias muy pronto en el curso del desarrollo.
Durante éste, se supone que se van activando y reprimiendo partes
del genoma, de modo que el estado del ADN del núcleo de una célula
en un adulto es muy distinto al del óvulo recién fecundado; el del
adulto resulta incapaz de expresar adecuadamente toda la secuencia
de órdenes necesarias para el desarrollo y morfogénesis.
Por esta razón,
en los experimentos que se han llevado a cabo, se ha tendido a emplear
células de embrión, mejor cuanto más precoz: se supone que dichas
células tienen todavía en buena medida la totipotencia que se pierde
en las células del adulto y son, por tanto, mejores candidatas para
la realización de una clonación con éxito.
La fisión embrionaria
La línea más
sencilla de trabajo disponible consiste en la fisión embrionaria:
la división del embrión de pocas células, de modo que cada una de
las células resultantes produzca un ser adulto completo. Así, ya
durante la década pasada se realizó con éxito la división de embriones
muy precoces de ratón, consiguiendo varios ejemplares a partir de
uno solo.
Esta línea (el
empleo de células en estado embrionario) fue la trabajada en el
experimento de Hall y Stillman (3) en 1993, que también dio mucho
que hablar, debido fundamentalmente a haberse realizado con embriones
humanos. Dicho experimento no revestía especiales complicaciones
técnicas. Los autores tomaron 17 embriones de dos a ocho células,
sobrantes de la práctica de fecundación in vitro: no se trataba
de embriones normales, sino triploides, resultado de la fecundación
de un óvulo por más de un espermatozoide, fenómeno relativamente
frecuente durante la práctica de las técnicas de reproducción asistida.
Estos embriones triploides no son viables, y eran material de desecho.
Los investigadores los retiraron de su zona pelúcida, los sometieron
a micromanipulación para dividirlos, obteniendo así 48 embriones,
que colocaron en un medio de cultivo con polialginato sódico, que
reemplazó a la zona pelúcida original y permitió el crecimiento
ulterior de los embriones divididos.
Los resultados
fueron los siguientes: cuando el embrión original tenía 8 blastómeros
antes de la excisión, los nuevos embriones se desarrollaron como
máximo hasta el estadio de ocho células. Si tenía 4 blastómeros,
podían alcanzar las 16 células. Y los embriones que resultaron de
la división en el estadio de dos blastómeros, alcanzaron a tener
32 células, con buen aspecto; no se sabe si estos últimos se hubieran
desarrollado más. Hall y Stillman habían decidido interrumpir ahí
el experimento. Habría sido necesario que se implantaran para poder
proseguir su desarrollo.
El experimento
de Hall y Stillman perseguía dos objetivos. El primero, teórico
y principal, averiguar si realmente, tal como se suponía, las células
embrionarias humanas en estadio de mórula poseían la totipotencia
que habitualmente se les atribuye. El experimento, aunque aparentemente
parece haber confirmado esta suposición, al menos para el estado
de embrión de dos células, es bastante discutible en sus conclusiones:
ese experimento se realizó con embriones triploides, inviables;
por tanto, realmente, no sabemos qué puede pasar con los embriones
normales. Con respecto a ellos sólo tenemos la sospecha de que sucederá
lo mismo que con los triploides, como ya suponíamos por nuestros
conocimientos veterinarios y por los estudios de la gemelación espontánea
en el hombre. En suma, el experimento no ha aportado casi ningún
conocimiento relevante a la ciencia (la posibilidad de sustituir
la zona pelúcida por gel de polialginato ya había sido descubierta
por el equipo del propio doctor Hall en 1991) (4).
Además, una vez pasado el primer momento de fama, que les obtuvo
un premio, se plantearon serias dudas sobre la corrección técnica
y ética con que se realizaron dichos experimentos. Ante la ausencia
de aprobación del protocolo del experimento por un comité de ética
de investigación independiente, Stillman y Hall debieron devolver
el premio recibido, y fueron objeto de otras sanciones.
El segundo objetivo
de su experimento era práctico: aumentar el rendimiento de la fecundación
in vitro. Se sabe desde hace tiempo que algunas mujeres que se someten
a las técnicas de reproducción asistida no reaccionan de modo adecuado
a la estimulación hormonal, y sus ovarios producen un escaso número
de óvulos. Como la eficacia de la fecundación in vitro está ligada
a la transferencia de un número suficiente de embriones, se buscaba
un procedimiento para mejorar los rendimientos de la técnica en
esas mujeres que reaccionan pobremente a la hiperestimulación ovárica
y no aceptan óvulos donados. Eso podría conseguirse mediante la
clonación: dividiendo en varios el único embrión o los pocos embriones
que se hayan podido obtener. Así, estos matrimonios con pocos óvulos
tendrían parecidas posibilidades de tener un hijo que quienes producen
muchos. Además, con la clonación de los embriones obtenidos se podría
disminuir la dosis de estimulación hormonal que reciben actualmente
las mujeres que se someten a la fecundación in vitro, estimulación
que, al parecer, aumenta el riesgo de padecer ciertos cánceres ginecológicos
y, en algunas ocasiones, produce un síndrome clínico que puede tener
consecuencias graves.
El problema
de esta técnica aplicada para la mejora del rendimiento de la fecundación
in vitro es su poca fiabilidad: dado el alto número de embriones
muertos, incluso sin ninguna manipulación, el intento de clonación
puede destruir las pocas esperanzas de tener un hijo: la avaricia
rompe el saco. Y es sabido que los embriones humanos son mucho más
delicados que los embriones de terneros, en los que se viene practicando
con éxito (y también con un rendimiento muy pobre) la división de
embriones de razas selectas. No parece que la clonación de embriones
sea una solución clara a este problema.
Además, se opusieron
a la clonación argumentos de tipo ético, coincidentes en buena medida
a los que se han divulgado como consecuencia del experimento de
la oveja Dolly, y que veremos una vez descritos los aspectos técnicos
de este último.
El experimento
de Wilmut et al.
Aunque la noticia
que ha dado la vuelta al mundo se refiera al último trabajo de investigación
del equipo del Instituto Roslin, el éxito de su técnica fue ya publicado
el año pasado, aunque, en esa ocasión, las células de partida habían
sido células embrionarias (5). El procedimiento consistió en
tomar células y ponerlas en cultivo. El medio nutritivo, en pases
sucesivos, fue disminuyendo su concentración de proteínas nutritivas,
desde un 10% hasta el 0,5%. De este modo, se consiguió detener la
división de las células en cultivo. Por otra parte, se tomaron óvulos,
y se les extrajo el núcleo aspirándolo mediante una micropipeta.
Como último paso, se pusieron en contacto las células cultivadas
y los óvulos enucleados, y se les sometió a un breve pulso eléctrico,
con dos objetivos: por una parte, crear microporos en la membrana
de ambas células puestas en contacto, y producir su fusión; por
otra, abrir los canales del calcio de la membrana, provocando una
reacción parecida a la que causa el espermatozoide al fecundar el
óvulo, que pone en marcha todo el metabolismo celular y el desarrollo
del nuevo ser. Esta técnica fue básicamente la misma cuando se emplearon
como células de partida las células embrionarias o las de la ubre
de una oveja adulta, variando solamente el número de pases en cultivo.
El rendimiento
de la técnica fue muy bajo: de la fusión de 277 óvulos enucleados
con la correspondiente célula cultivada, sólo se obtuvieron 29 embriones,
que fueron transferidos a ovejas; de todos ellos nació sólo un cordero,
Dolly. Como puede colegirse, este experimento no es propiamente
una clonación, pues no se produce el nuevo ser vivo solamente a
partir de una célula de adulto, sino de su fusión con un óvulo enucleado;
de todos modos, el ejemplar adulto obtenido es genéticamente idéntico
a la célula de partida.
Repercusiones
científicas
La propia revista
Nature dedica un artículo a comentar las repercusiones que, desde
el punto de vista científico, tiene el resultado del experimento
(6). Según este comentario, su importancia
reside en la demostración empírica de que la diferenciación tisular
durante el desarrollo no implica cambios irreversibles en el ADN;
el simple "parón" de la reproducción celular parece reprogramar
(7) el sistema genético, y ponerlo
en condiciones de iniciar de nuevo todo el desarrollo embrionario
hasta alcanzar el estado adulto.
Es una pena
que los actuales prejuicios sobre el papel del genoma en el desarrollo
hayan impedido aprovechar la ocasión para ir un poco más allá en
el análisis de las consecuencias teóricas del experimento. La hipótesis
habitualmente sostenida acerca del desarrollo embrionario supone
que éste sucede por la activación y represión programadas de diversos
genes implicados en la morfogénesis y diferenciación de los tejidos.
La existencia de genes activadores y represores está demostrada
para unos cuantos casos muy concretos. Sin embargo, los embriólogos
saben desde hace largo tiempo que, a diferencia de lo que cabría
deducir de esta hipótesis puramente genética del desarrollo, la
mayor parte de las diferenciaciones tisulares no requieren sustancias
específicas como inductores. Simples cambios físicos o químicos
banales pueden producir la diferenciación de tejidos en ausencia
del inductor habitual. La acción de fármacos o agentes físicos cualesquiera
puede interferir en el desarrollo embrionario, produciendo las mismas
malformaciones, siempre que actúe en el momento en que el tejido
es sensible a la influencia externa. Estos fenómenos son sencillamente
inexplicables por medio de un intrincado juego de genes activadores,
represores, programadores, homeóticos, etc., que tienen, por definición,
una actividad específica.
Al inclinarse
por la hipótesis de la programación genética, la investigación actual
ha cerrado los ojos a fenómenos simples de interacción celular,
de especialización por progresión autónoma de funciones celulares,
asociadas a las interacciones homotípicas y heterotípicas, bien
conocidas por la embriología experimental; se pone a buscar en la
programación de los genes lo que, con gran probabilidad, no se encuentra
en ellos. De ahí el desconcierto actual: los genetistas cada vez
saben más de los genes, pero la escena general del funcionamiento
celular y del desarrollo embrionario es cada día más desconcertante
y oscura (8). El momento actual de sorpresa
es privilegiado para realizar una revisión crítica de nuestros conocimientos
acerca del funcionamiento del genoma durante el desarrollo embrionario.
Ojalá no nos falte valor para tirar a la basura hipótesis muy admitidas
hasta hoy, pero que el experimento del Dr. Wilmut comienza a poner
en jaque.
Además, con
una visión más objetiva del desarrollo embrionario, sin la actual
obsesión por las explicaciones genéticas, son sencillamente imposibles
algunas propuestas de aplicación de las recientes técnicas de clonación.
Concretamente, se ha propuesto el empleo de los conocimientos que
proporcionará la técnica de la clonación para inducir la diferenciación
de ciertos tejidos a partir de células somáticas. Estos tejidos
podrán ser empleados para injertos y trasplantes, por ej., de piel
en quemados, de médula ósea en casos de leucemia, de tejido nervioso
para el tratamiento del Parkinson (9). Al hacer esta propuesta no se
tiene en cuenta que el único modo de inducir la aparición de los
tejidos maduros a partir de los inmaduros es su interacción compleja
con los demás tejidos, como saben sobradamente los embriólogos:
sólo se pueden conseguir tejidos diferenciados en un embrión completo.
La propuesta de descubrir las claves de la programación genética
y su aplicación para la obtención de tejidos específicos es imposible,
pues parte de un error sobre los conceptos básicos de la embriología.
Repercusiones
éticas
La aplicación
de esta técnica de clonación a la ganadería y su posible aplicación
al hombre, en un futuro relativamente próximo, tras un periodo suficiente
de experimentación, ha levantado comentarios, muchos de ellos críticos.
Sin embargo, estas posibles aplicaciones no son ciencia ficción:
el Dr. Wilmut estima que se podrían obtener progresos significativos
tras un par de años de investigación (10).
En el caso de
la aplicación a los animales, las mayores críticas se han dirigido
contra la disminución de la biodiversidad de las especies clonadas:
puede que se obtuviera una cabaña de cualidades inmejorables de
producción de carne, leche, etc. Pero sería a costa de tener una
población muy homogénea, que podría sucumbir completamente ante
una epidemia, pues ésta afectaría por igual a todos los ejemplares.
Sin embargo, también hay que reconocer que dicha aplicación resulta
bastante problemática desde el punto de vista comercial: implica
la manipulación de embriones y, por consiguiente, una menor supervivencia
de éstos que en las técnicas de fecundación in vitro ya realizadas
en el ganado. Estas últimas apenas se emplean por su escaso éxito,
la necesidad de realizarlas en vacas jóvenes y sólo en primera preñez.
Cabe, por tanto, prever muy serias dificultades antes de que la
técnica llegue a ser comercialmente viable para la mejora de la
producción ganadera.
Cuestión muy
distinta es su aplicación para clonar animales muy especiales; así,
se ha propuesto clonar animales en peligro inminente de extinción.
De modo más inmediato, está la posibilidad de clonar animales manipulados
genéticamente de modo que produzcan en su leche algunos productos
extraños a ella, pero de gran utilidad en terapéutica humana. Así,
existen actualmente ovejas y cabras que producen factor VIII y otros
productos de interés terapéutico en su leche. Como conseguir un
animal transgénico que segregue un determinado producto en la leche
es bastante difícil, la nueva técnica de clonación evitaría tener
que repetir la manipulación genética: bastaría clonar algunas de
sus células para tener una fuente inagotable, sin por ello someter
al animal a un trato inhumano. En esta misma línea cabría incluir
las investigaciones actualmente en curso para obtener animales transgénicos
como donantes de órganos para trasplante al hombre: aunque todavía
bastante discutible en cuanto a su aplicación práctica, es una línea
de investigación prometedora, que sólo podría dar resultados a gran
escala con la incorporación de técnicas de clonación de los animales
transgénicos obtenidos. Otra aplicación sería la clonación de animales
en los que se diera un modelo adecuado de alguna enfermedad humana,
de modo que se pudieran ensayar diversos tratamientos de modo controlado,
cuestión que resulta actualmente casi imposible. Igualmente, se
podría reducir el número de animales de experimentación al disponer
de ejemplares exactamente iguales en los que ensayar los diversos
procedimientos alternativos (11).
Con respecto
a la clonación humana, la opinión del propio Dr. Wilmut, como de
muchos otros médicos, es firme: aunque parece técnicamente posible
la realización de la clonación en el hombre, no se debería de intentar
siquiera, pues parece una aberración, carente de utilidad clínica
(12). Por otra parte, el intento de
clonación humana, si pretende recuperar a una persona fallecida,
no obtendría más que una persona distinta, aunque físicamente idéntica
al fallecido, como un hermano gemelo nacido más tarde. Esta nueva
persona estaría influida por su propia situación cultural, experiencias,
familia, sus propias opciones en la vida, etc. Por tanto, sería
pura casualidad que se consiguiera volver a tener un Einstein, un
gran deportista, artista, etc., por medio de la clonación de una
de sus células.
Desde el punto
de vista deontológico, habría que argumentar, en apoyo de esta opinión
de sentido común, el respeto debido al ser humano en estado embrionario
(13). Si la técnica
empleada para la clonación se salda con tantos fracasos (muertes
de seres humanos en estado embrionario), no es aceptable su aplicación
hasta que estos fallos se reduzcan a un mínimo tolerable. Por otra
parte, como su realización no alcanza ninguna aplicación diagnóstica
ni terapéutica, parece injustificada su aplicación médica (14).
Este punto de
vista deontológico casa bien con las declaraciones realizadas en
ámbitos políticos europeos, que remiten a los derechos humanos básicos
como fuente para la prohibición de la clonación sobre el hombre
(15). De hecho, numerosos países europeos
tienen prohibida en su legislación la práctica de la clonación humana
(España entre ellos), y la Comisión Europea ha expresado igualmente
su deseo de prohibir la clonación de seres humanos a nivel europeo
(16).
El problema
de su prohibición es de más difícil solución en el ámbito estadounidense.
Allí, la jerarquía de valores constitucionales es distinta, en líneas
generales, a las europeas, primando la libertad por encima de otros
derechos humanos. Por tanto, para poder prohibir una determinada
actividad, sea a nivel estatal o federal, debe probarse previamente
de algún modo que ésta es nociva para el resto de los ciudadanos,
o para algunos de ellos. Este es el objetivo de la Comisión que
ha creado el presiente Clinton para estudiar la cuestión; mientras
esta comisión decide, el presidente ha prohibido la financiación
federal a la investigación que persiga la clonación humana. Dicho
sea de paso, esta prohibición no ha afectado a nadie, pues esta
investigación no se estaba realizando en ninguna parte.
El problema
que surge, en ese ambiente de exaltación de la libertad, es que
son pocos los que ven el daño que se inflige al niño fabricado con
ella (17). No se termina de distinguir
entre que venga un hijo al mundo y que ese niño sea fabricado. De
este modo, se difumina el derecho humano a nacer como fruto del
amor de los padres, en una familia (18), y se terminan proponiendo manipulaciones
aberrantes como lo más normal del mundo: del mismo modo que una
familia tuvo un hijo más para obtener médula ósea para un trasplante
para su otro hijo con leucemia (19), parece coherente que, dentro
de esta dinámica, ya presente en los Estados Unidos, se plantee
la clonación como procedimiento para poder tener órganos de repuesto,
una vez que fuera suficientemente efectiva en conseguir sus resultados.
Por ahora, a Dios gracias, la opinión general es casi unánime acerca
de la prohibición de la clonación en el hombre, pero sólo el curso
de los acontecimientos nos dirá si esta sensatez perdura.
Notas
1.
Wilmut I, Schieke AE, McWhir J, Kind AJ, Campbell KHS. Viable offspring
derived from fetal and adult mammalian cells. Nature 1997; 385:
810-3.
2.
Gurdon JB. Nuclear transplantation in eggs and oocytes. J. Cell.
Sci. Suppl. 1986; 4: 287-318.
3.
Hall JL, Engel D, Gindoff PR, Mottla GL, Stillman RJ. Experimental
Cloning of Human Polyploid Embryos Using an Artificial Zona Pellucida.
Fertility and Sterility 1993; 60 (2 sup): S1.
4.
Kolberg R. Human Embryo Cloning Reported. Science 1993; 262: 652-3.
5.
Campbell KHS, McWhir J, Ritchie WA, Wilmut I. Sheep cloned by nuclear
transfer from a cultured cell line. Nature 1996; 380: 64-6.
6.
Stewart C. An udder way of making lambs. Nature 1997; 385: 769-71.
La revista Lancet también comenta estos aspectos científicos del
mismo modo en la primera parte de un artículo editorial: Editorial.
One lamb, much fuss. Lancet 1997; 349: 661.
7.
Esta es la expresión empleada por el propio Dr. Wilmut en el resumen
de su artículo de 1996, en el cuerpo del artículo de 1997 y en el
comentario de Stewart al artículo de 1997.
8.
Chandebois R. Le gène et la forme ou la démythification de l'ADN.
Montpellier: Espaces, 1989; 239.
9.
Winston R. The promise of cloning for human medicine. BMJ 1997;
314: 913-4.
10.
Highfield R. Human clone 'possible in less than two years'. http://www.telegraph.co.uk/.
7-III-97.
11.
Farnsworth E. Multiplicity. http://www1.pbs.org/newshour/bb/science/jan-june97/cloning_2-24.html.
24-II-97.
12.
Roslin Institute. Briefing notes in relation to Nature paper on
nuclear transfer. http://www.ri.bbsrc.ac.uk/library/research/nt_notes.html.
11-III-1996.
13.
Organización Médica Colegial. Código de Ética y Deontología Médica.
Artículo
25.1. "No es deontológico admitir la existencia de un
período en que la vida humana carece de valor. En consecuencia,
el médico está obligado a respetarla desde su comienzo. ...". Artículo
25.2. "Al
ser humano embriofetal enfermo se le debe tratar de acuerdo con
las mismas directrices éticas, incluido el consentimiento informado
de los progenitores, que inspiran el diagnóstico, la prevención,
la terapéutica y la investigación aplicadas a los demás pacientes".
14.
Cfr. Código de Ética y Deontología Médica,
artículo
24.2.
15.
Cfr. las declaraciones de Noëlle Lenoir, miembro del Consejo constitucional
francés y presidente de los comités de ética de la Comisión Europea
y de la Unesco a Le Monde, 4 de marzo de 1997, p. 13.
16.
European Commission, Service du Porte-parole. Commission confirms
opposition to research on cloning in humans. http://apollo.cordis.lu/cordis-cgi/srchidadb?ACTION=D&SESSION=144401997-3-24&DOC=1.
12-III-97.
17.
Véase a modo de ejemplo, la opinión favorable a la clonación de
la profesora Macklin, que enseña bioética en el Albert Einstein
College of Medicine en Macklin R. Human cloning? Don't just say
no. US News & World Report, 10-III-97, 64.
18.
Cfr. Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción
El don de la vida, I, n. 6.
19.
Lehrer J. Multiplicity. http://www1.pbs.org/newshour/bb/science/jan-june97/cloning1_2-24.html.
24-II-97.
Fuente
Antonio Pardo
Universidad de
Navarra
Departamento de Humanidades Biomédicas
Publicado en Dolentium Hominum, nº 36, año
12, 1997, nº 3, pp. 28-31
http://www.unav.es/bioetica/clonacion.html
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