La
Ética de la Clonación
La clonación torna a cada ser pensante en algo parecido
a un filósofo moral.
Cada
individuo tiene una opinión acerca de si es o no correcto clonar
a otro ser humano. La idea de producir asexualmente copias múltiples
de organismos idénticos desde un punto de vista genético, todos
descendientes de un antecesor común, crea, en la mayoría de las
personas, una reacción moral negativa. Porqué alguien desearía hacer
algo así es la respuesta más recurrente que encontramos en las encuestas.
Sin embargo, la mayoría también reconoce que una vez que la clonación
humana llegue a transformarse en un hecho científicamente posible,
sólo será cuestión de tiempo ¿Deberíamos permanecer sentados y aceptar
lo inevitable sin importar cuán desagradable parezca o qué tipo
de consecuencias puede acarrear? ¿Deberíamos comenzar a formular
estándares para tomar decisiones moralmente defendibles acerca de
esta nueva posibilidad científica?
La
reacción negativa inicial de la mayoría de las personas en cuanto
a la clonación humana tiene una gran importancia. La disciplina
filosófica de 2.500 años de antigüedad llamada Ética, y la aún más
nueva denominada Bioética, toman en cuenta las respuestas emocionales
de los seres humanos desarrollados normalmente cuando tratan de
formular respuestas a preguntas éticas difíciles. Instintivamente,
la mayoría se forma la impresión que la procreación que resulta
de una expresión de amor y dentro del contexto de una familia constituye
algo favorable que debería protegerse. Los individuos, en gran parte,
creen que la procreación sexual no debería ser reemplazada por alguna
tecnología de laboratorio. Todas las culturas cuentan con un estándar
ético como el Cuarto mandamiento (Honrar Padre y Madre) o el Sexto
(No Cometer Adulterio) que le dan expresión a este sentido ético
básico y que entorpecen la emulación de lo que hoy llamamos valores
familiares.
No
obstante, las reacciones instintivas y las antiguas normas éticas
no son todo lo ético que uno esperaría. No se pueden utilizar antiguos
textos fuera de contexto como soluciones rápidas a los problemas
técnicos contemporáneos sin traicionar su contenido y a la vez confundirnos.
Aunque nuestra reacción inicial a una nueva posibilidad científica
puede ser desagradable, abundan los ejemplos de cambios que inicialmente
causaron una reacción negativa y luego se aceptaron, puesto que
producían consecuencias buenas e importantes. Uno de los roles del
eticista o del filósofo moral consiste en considerar todos los aspectos
de una situación; consecuencias y circunstancias, propósitos y posibilidades.
Ética significa pensar detallada y ampliamente acerca de situaciones
y no quedarse estancado sólo en versos relevantes de la Sagrada
Escritura o respuestas instintivas iniciales importantes.
Expertos
en Ética en la Actualidad
Hoy
en día, mucha gente califica como practicante de una reflexión ética
seria. La mayoría de los sacerdotes, pastores y rabinos se consideran
a sí mismos eticistas. Los periodistas, por su parte, también se
consideran de la misma forma, en especial los encargados de la página
editorial. Inclusive los periodistas electrónicos se vuelven eticistas
después de que jubilan (por ejemplo, Walter Chronite y David Brinkley).
Los doctores hacen las veces de importantes eticistas en nuestra
cultura, diciéndonos cada día por la televisión o a través de los
diarios como vivir, como morir, como criar a nuestros hijos, que
comer y así sucesivamente. Los lectores de las páginas editoriales
no se sorprenderán por los comentarios éticos "expertos" acerca
de la gran problemática ética en cuanto a la clonación.
Eticistas
Religiosos
Gran
parte de los expertos en ética proviene de la religión. Los eticistas
del Vaticano ya han tomado una fuerte postura en contra de la clonación,
por ende, continúa la triste historia de sobrereacción negativa
hacia el descubrimiento científico. El Obispo Sgreccia declaró que
resulta incorrecto alterar una especie animal, considérese, por
tanto, el caso de un simple ser humano. Otro vocero se refirió a
la clonación como una violación a la integridad del matrimonio.
Los expertos del Vaticano reflejan los puntos de vista del Papa
y él ya ha rechazado cualquier uso de tecnologías que interfieran
con la procreación sexual dentro del matrimonio o que hagan factible
la destrucción de embriones humanos.
Los
Teólogos católicos pueden hacer uso de diferentes suposiciones de
fondo desde la perspectiva del Papa y sus opiniones tienden a la
falta de credibilidad. Algunos ven las tecnologías genéticas como
una expresión de la creatividad humana y ésta como una ventaja,
ya que refleja la creatividad de Dios. Crear nuevas plantas y animales
mediante intervenciones genéticas es un hecho ampliamente respaldado
tecnológicamente, pero aún la mayoría de los moralistas católicos
demarcan sus líneas en cuanto a la clonación humana.
Los
eticistas protestantes tienden a buscar contribuciones provenientes
de la Sagrada Escritura. Sin embargo, la Sagrada Escritura no proporciona
respuestas específicas a problemas modernos. Puede proporcionar
una dirección ética general la que posteriormente debe enfrentarse
a una dirección contradictoria proveniente de textos diferentes.
El libro del Génesis, por ejemplo, nos proporciona dos historias
relativas a la creación diferentes. En el primero (Génesis, Capítulo
Primero), el hombre es representado como un ser que tiene dominio
sobre toda la creación. Al ejercer dominio, el hombre estaría actuando
a la imagen de Dios. Esta historia puede respaldar tecnologías genéticas
e incluso la clonación. En la segunda historia de la creación (Génesis,
Capítulo Segundo), el rol del hombre supera al de un asistente.
Debe cuidar la creación y, a su vez, protegerla. En la actualidad,
la dirección ética sería justo la contraria y la clonación podría
ser considerada como una violación a la administración. La Sagrada
Escritura es una fuente importante de dirección ética para toda
la gente que representa la religión judeo - cristiana, pero dado
que la Sagrada Escritura no proporciona respuestas específicas a
problemas científicos contemporáneos, los eticistas bíblicos tienen
que pensar detalladamente en la problemática de la clonación mucho
más que cualquier otro.
Los
eticistas judíos tienden a buscar dirección ética tanto de la Sagrada
Escritura como del Talmud (ley y tradición judía). El rabino Moses
Tendler, profesor de ética médica, analizó la clonación haciendo
uso de la metáfora talmúdica de la abeja que ofrece miel y su aguijón.
Preguntó, ¿estamos en el punto del árbol del conocimiento dónde
renunciaríamos a la miel para evitar el aguijón? Otros rabinos no
ven ninguna razón para criticar o incluso regular la clonación.
Eticistas
Científicos
La
mayoría de los eticistas religiosos consideran la clonación humana
como un hecho incorrecto. Los más permisivos entre ellos instan
a una gran precaución en la utilización de este tipo de manipulación
genética. No obstante, la ciencia tiene sus propios eticistas y,
por lo general, toman el punto de vista opuesto. Los científicos
tienden a centrarse en los beneficios positivos de la clonación,
descartando los peligros. Tienden a no hacer predicciones de consecuencias
catastróficas seriamente. A la crítica ética proveniente de la ciencia
exterior la consideran poco ilustrada y/o perjudicial. Señalan que
se puede confiar en ellos como creadores de su propia ética. Incluso
cuentan con sus propios héroes éticos, santos científicos de todo
tipo (Galileo, Bacon).
Los
eticistas científicos enfatizan las posibilidades correspondientes
a conquistar la enfermedad y la infertilidad. Se centran en nueva
información acerca del funcionamiento celular que ayudará en la
lucha contra el cáncer. Además, la clonación podría actuar como
medio de protección en contra de ciertas enfermedades genéticas
que resultan de la combinación de genes de ambos padres. No obstante,
la ciencia cuenta con su propia historia de escándalos éticos y
la idea de que la gente debería dejar hacer a los científicos lo
que ellos consideren correcto ya no convence a nadie. El Dr. James
Watson, quien ganó el Premio Nobel por descubrir la estructura del
ADN, concuerda con que esta problemática no puede ser dejada en
las manos de la ciencia.
Eticistas
Económicos
Ni
a la ciencia ni a la economía les gustan las restricciones éticas.
Los portavoces de los intereses económicos (en la economía) apoyan
a los científicos en contra de cualquier situación que restrinja
la clonación. Los intereses económicos se encuentran concentrados
mucho más en la clonación animal que en la humana. No quieren ver
arruinadas las posibilidades económicas de la clonación animal a
causa de las preocupaciones que acarrea la clonación humana.
Eticistas
Literarios
La
literatura, como la religión, constituye una importante fuente de
ética. Los novelistas y los poetas proporcionan puntos de vista
éticos y muchos ya han tomado posiciones muy críticas en cuanto
a la clonación. El libro de Mary Shelly "Frankenstein" (1818) fue
la primera evaluación negativa. Frankenstein era inteligente y articulado,
pero se encontraba profundamente angustiado por su origen antinatural.
En esta historia, el personaje se vuelve loco y asesina al doctor
que lo creó. "Los Chicos de Brasil" fue tan aterradora como la clonación
misma.
Eticistas
Gubernamentales
A
través de la influencia creada por su consolidación, el gobierno
por años ha exigido controles éticos estrictos sobre la investigación
genética y la terapia que involucra a los seres humanos. Inmediatamente
después de las recientes noticias acerca de la clonación, el presidente
Clinton prohibió temporalmente el uso de capital federal para experimentos
de clonación humana. No mucho después del decreto del presidente,
un diputado republicano (Vernon Elders de Michigan) propuso una
prohibición en cuanto a la clonación humana, ya que ésta podría
crear una reacción negativa hacia la clonación animal y, por esta
razón, perjudicaría a los negocios. Sin decir lo que hará el congreso,
pero incluso si el gobierno prohibe la clonación, esto aún deja
al mercado como una base alternativa para actividades relativas
a la clonación.
Bioeticistas
Los
bioeticistas son actores recién iniciados en el amplio escenario
de la reflexión ética. La bioética tiene sus propias teorías de
fondo, principios abstractos e historias paradigmáticas, pero se
desplaza desde amplias perspectivas éticas hacia normas, reglas
y políticas concretas. Lo que esperamos de los bioeticistas es menos
inspiración y más pautas prácticas para lo que se puede o no hacer
en la ciencia y en la medicina.
Los
bioeticistas han estado trabajando en el área de la genética desde
poco después del descubrimiento del ADN. Hacen una distinción entre
célula somática e intervenciones genéticas celulares de línea germinal.
La primera se refiere a tratamientos relativos a enfermedades genéticas
mediante la introducción de un gen que funciona adecuadamente en
una persona en la que éste es anormal. Se centra en enfermedades
como Tay Sachs, Lesch Nyham y anemia de glóbulos falcoformes. La
terapia de la célula somática afecta sólo a la persona aquejada
de una enfermedad genética reconocida. Se distingue de la terapia
de línea germinal que involucra cambios en un óvulo o un espermio
y, por ende, incluye alteraciones genéticas que se traspasarán a
otras generaciones.
Aquí
hay un ejemplo de estándares o pautas bioéticas para intervenciones
genéticas celulares somáticas en los seres humanos. (1) La intervención
genética se puede utilizar sólo para el tratamiento de enfermedades
genéticas serias. (2) No se encuentran disponibles terapias genéticas
o alternativas. (3) El defecto genético debe identificarse claramente.
(4) Estudios animales extensivos deben preceder cualquier intervención
humana con el fin de sustentar quejas acerca de la seguridad y de
la eficacia. (5) Todas las intervenciones terapéuticas deben ser
precedidas de elaborados procedimientos del consentimiento informado.
(6) Las formas y estrategias del consentimiento deben ser aprobadas
por un comité ético institucional.
La
clonación sería un ejemplo de la intervención genética de línea
germinal. Resulta más difícil obtener la aprobación para intervenciones
de línea germinal por muchas razones, incluyendo el hecho de que
las alteraciones celulares de línea germinal son difíciles de transmitir
y, por ende, tienen una eficacia limitada (Se realizaron cientos
de intentos para clonar a Dolly). Los estándares éticos de línea
germinal, además de los mencionados anteriormente, son más rigurosos.
(1) La ciencia genética debe ser probada y la intervención propuesta
debe contar con una tasa de éxito razonable. (2) La intervención
de línea germinal debe mantener la promesa de una utilidad sustancial.
(3) Éticamente, no se permite ninguna intervención que altere las
características humanas fundamentales; por ejemplo: libertad, inteligencia
y capacidad racional. (4) Éticamente, no se permite ninguna intervención
que pueda crear un riesgo al "pool" genético o bien a la diversidad
genética.
Todas
las pautas bioéticas puestas a disposición en la actualidad militarían
contra la aprobación de la clonación en nuestros días. La reciente
clonación de ovejas y monos hace una clonación humana exitosa casi
con certeza absoluta y supera la objeción basada en falta de éxito.
Sin embargo, ¿ofrecería la clonación humana una utilidad sustancial?
El Dr. Ian Wilmut, quien clonó a la oveja, expresó su oposición
ante la clonación humana. Dijo que la gente no estaba pensando cuidadosamente
y que no podía ver ninguna aplicación útil de sus técnicas de clonación
en los humanos.
Las
reservas éticas del Dr. Wilmut acerca de la clonación humana se
pueden basar también en el criterio número 3. Por cierto, la clonación
humana altera la relación básica entre la persona clonada y el "padre"
(antecesor genético). Cualquier tipo de utilización extensiva de
la clonación violaría la pauta número 4 al crear un riesgo en el
"pool" genético y en la diversidad genética.
Las
presentes aplicaciones terapéuticas limitadas de la clonación hacen
posible que ésta sea realizada con el fin de diseñar cambios en
las especies humanas (eugenesia). No obstante, ¿cómo decidimos que
cambios son apropiados en las especies humanas? ¿Deberíamos transformarnos
en nuestros propios creadores? Estas importantes preguntas explican
el porqué el Dr. James Watson (el descubridor del ADN) no podría
justificar el simple hecho de dejar las preguntas éticas acerca
de la clonación a los científicos.
La
ciencia médica y la tecnología genética, en la actualidad, nos obligan
a enfrentar las preguntas básicas: ¿qué es la vida humana? ¿Qué
es un niño? ¿Quién es un padre? ¿Qué es una familia? ¿Cuál es el
propósito de tener hijos? ¿Existe un Dios? ¿Somos nuestros propios
creadores o asistentes de la creación de Dios? Nadie tiene una respuesta
definitiva para cualquiera de estas preguntas. Nosotros los seres
humanos debemos continuar cuestionándonos. La lucha por el significado
nunca va a terminar. Sólo los fundamentalistas religiosos y seculares
tienen certeza de tener las respuestas. Sin embargo, podemos estar
de acuerdo con ciertas cosas. Los seres humanos son creativos. Inevitablemente,
intervenimos en la naturaleza con nuestras herramientas y tecnologías.
No obstante, deberíamos respetar la estructura de la naturaleza
e ingresar lentamente en un área tan delicada como la clonación
humana.
Algunos
Pensamientos Personales
Los
bioeticistas como todos los otros moralistas profesionales tienen
que comenzar a pensar de manera mucho más seria acerca de la clonación.
La clonación humana no ha sido considerada a fondo, ya que no se
consideraba un hecho posible y muchos otros problemas necesitaban
soluciones. Todo esto ha experimentado variaciones.
Los
bioeticistas pueden comenzar por aclarar el conjunto de errores
obvios y problemas falsos. La clonación produce una copia genética,
pero no una fotocopia de una persona. Un clon genético es una persona
diferente que tendrá un ambiente, oportunidades, suerte elecciones,
un espíritu o un alma distintos. Un clon de Einstein podría utilizar
su inteligencia superior para crear un círculo de drogas a nivel
mundial. No se puede clonar la voluntad de libertad. El entorno,
en especial el familiar, aún sigue teniendo una gran influencia
en lo que algún día llegaremos a ser. Un niño clonado puede ser
muy diferente del hermano que se utilizó para el experimento sólo
debido a la influencia del lugar en la familia. Los clones se verán
parecidos, pero no tendrán la misma experiencia y, por consiguiente,
serán distintos. Sabemos que esto resulta cierto de acuerdo a lo
que conocemos acerca de los gemelos monocigotos que constituyen
clones naturales.
Por
otra parte, cualquier consideración ética seria de la clonación
debe tomar en consideración el hecho de que los seres humanos tienen
la capacidad tanto para distinguir el bien como el mal. No se descuenta
ninguna posibilidad. A medida que avanza la ciencia genética, pueden
emerger muchos beneficios de la clonación. Sin embargo, incluso
los beneficios objetivos pueden ser socavados por actitudes y disposiciones
humanas de naturaleza negativa. Las personalidades narcisistas pueden
hacer uso de la clonación para satisfacer sus almas enfermas de
egocentrismo o para tramar sus propias versiones acerca de la inmoralidad.
La gente envidiosa y ambiciosa usaría la clonación para obtener
dinero. Los individuos enfermos por conseguir poder usarían la clonación
para aumentar su dominio sobre los otros. El potencial humano por
la maldad es un hecho real y no se puede dejar de lado de las consideraciones
acerca de la ética de la clonación.
¿Sería
demasiado ingenuo sugerir que los científicos, los teólogos y bioeticistas
comiencen a trabajar en conjunto para desarrollar pautas éticas
para la clonación en vez de sólo dedicarse a prohibir la totalidad
de la idea? Después de todo, el fundador de la genética era un sacerdote
católico. El padre Gregor Mendel descubrió los genes y su investigación
en el campo de la genética aún continúa siendo válida desde ya hace
150 años. No se presentó ningún conflicto inherente en ese entonces
entre la ética, la religión y la ciencia genética. La lección de
Gregor Mendel consiste en que la religión y la genética no son incompatibles.
En vez de reacciones sospechosas, prejuiciosas o instintivas desde
una perspectiva negativa, ¿no podrían los científicos genéticos
y los bioeticistas comenzar a desarrollar estándares éticos con
los que la gente común se sintiera cómoda?
Para
que esto suene sentimental en extremo, una comisión ética presidencial
ya se formó y promete proporcionar algunas recomendaciones en un
plazo de noventa días. Esperemos que esta comisión esté consciente
de la historia. Se han cometido errores en el pasado. Han ocurrido
hechos realmente horribles que se caracterizan por la maldad humana.
Millones de inocentes perdieron sus vidas debido a teorías superficiales
y poco tenaces acerca de cómo se deberían mejorar genéticamente
las especies humanas. Somos demasiado ignorantes acerca de cómo
los elementos fuertementente interrelacionados en el ecosistema
operan para abordar propuestas de tipo eugenésico. Sería un insulto
para los millones de víctimas inocentes de los programas eugenésicos
realizados por los nazis si aquellos que determinan los estandares
éticos para la investigación genética e intervenciones no pudieran
decir no en algún punto.
Fuente
Dr.
James F. Drane
Profesor Emeritus
University of Edinboro Pennsyvania
http://www.uchile.cl/bioetica/doc/etclo.htm
Más
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no pretende substituir el necesario consejo médico o la necesidad
de un tratamiento profesional médico para una dolencia o
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antes de comenzar un nuevo tratamiento con medicamentos, dieta o
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