Manejo del Dolor en el
Paciente con Cáncer
El dolor provocado
por el cáncer se puede controlar eficazmente en la mayoría
de los pacientes con cáncer o con historial de dicho padecimiento.
Aunque este dolor no siempre se puede aliviar completamente, la
mayoría de los pacientes reciben algo de alivio de la terapia.
El manejo del dolor mejora la calidad de vida de los pacientes en
todas las etapas de la enfermedad.
Un factor importante en el manejo del dolor provocado por el cáncer
es la flexibilidad. Los pacientes difieren en su diagnóstico,
la etapa de la enfermedad en la que se encuentran, sus respuestas
al dolor y a los tratamientos, y sus gustos personales, por lo que
el manejo del dolor provocado por el cáncer debe ser individualizado.
Los pacientes, sus familias y sus proveedores de salud deben cooperar
estrechamente para que el manejo del dolor del paciente sea eficaz.
Evaluación
Para tratar el dolor, es necesario medirlo. El paciente y el médico
deben medir los niveles del dolor a intervalos regulares después
de comenzar a tratar el cáncer, cada vez que el paciente
informe sobre un dolor nuevo, y después de comenzar un tratamiento
para el dolor. Se debe identificar y tratar con rapidez la causa
del dolor.
Informe del paciente para sí mismo
Para ayudar al proveedor médico a determinar el tipo y el
nivel del dolor, los pacientes con cáncer pueden describir
la ubicación y la intensidad del dolor, los factores agravantes
o aliviadores, y sus objetivos en relación con el control
del dolor.Se le podría pedir al familiar o persona encargada
que rinda un informe en aquellos casos en los que el paciente tenga
problemas del habla, lenguage o trastorno mental.
Dolor: El paciente puede describir el dolor, cuándo empezó,
cuánto dura, y si es más fuerte a ciertas horas del
día o de la noche.
Ubicación:
El paciente puede mostrar con exactitud dónde le duele señalando
el punto en su cuerpo o en el dibujo de un cuerpo y a dónde
va el dolor si es que se mueve o se extiende.
Intensidad o
gravedad: El paciente puede llevar un diario para anotar el grado
de gravedad del dolor.
Factores agravantes
o aliviadores: El paciente puede identificar factores que hacen
que el dolor aumente o disminuya.
Respuesta conductuable
al dolor: El proveedor de salud o personas encargadas del cuidado
del paciente pueden notar conductas que indiquen síntomas
de dolor en aquellos pacientes que tienen problemas de comunicación.
Objetivos sobre
el control del dolor: Con ayuda de su proveedor médico, el
paciente puede decidir cuánto dolor puede aguantar y cuánta
mejoría puede lograr. El paciente puede utilizar un diario
cotidiano sobre el dolor para así tener una mejor conciencia
de este, aumentar el control sobre el, y recibir una guía
adecuada por parte de los profesionales de la salud sobre la mejor
forma de manejar el dolor.
Evaluación de los resultados del manejo del dolor
Los resultados del manejo del dolor se deben medir mediante el seguimiento
de la disminución de la gravedad del dolor y el progreso
en la capacidad de pensar, bienestar emocional y funciones sociales.
Se debe hacer seguimiento también a los resultados después
de tomar los medicamentos para el dolor. La adicción a los
medicamentos no es común entre los pacientes de cáncer.
El que desarrolle una tolerancia más alta hacia un medicamento
o se vuelva físicamente dependiente de ese medicamento para
el alivio del dolor no significa que el paciente está adicto.
Los pacientes deben tomar los medicamentos para el dolor tal como
se los recete el médico. Los pacientes que tienen historia
de abuso de drogas, pueden tolerar una dosis más alta del
medicamento para el control del dolor.
Manejo con
fármacos
Principios básicos del manejo del dolor relacionado con el
cáncer
La Organización Mundial de la Salud (OMS) desarrolló
un programa de 3 pasos para el manejo del dolor basado en la severidad
del dolor:
Para el dolor que va de leve a moderado, el médico podría
recetar un medicamento de la fase I tal como aspirina, acetaminofeno
o uno antiinflamatorio no esteroides (AINE, por sus siglas en inglés).
Los pacientes deben ser monitoreados en sus efectos secundarios
especialmente aquellos ocasionados por AINE como en los riñones
o estómago y problemas intestinales.
Cuando el dolor
tarda en aliviarse o aumenta, el médico podría cambiar
la receta a un medicamento para el dolor en la fase II o la fase
III. La mayoría de los pacientes con dolor relacionado con
el cáncer necesitarán un medicamento de fase II o
III. El médico podría pasar por alto los medicamentos
en la fase I si los pacientes inicialmente tienen un dolor que va
de lo moderado a lo severo.
En cada etapa
el médico podría recetar medicamentos o tratamientos
adicionales (como por ejemplo radioterapia).
El paciente
debe tomar sus dosis de forma regular, por vía oral y de
acorde al horario estipulado para mantener un nivel constante de
fármaco en el cuerpo. Así evitará que el dolor
recurra. Si el paciente está incapacitado de tragar, el medicamento
deberá administrarse por otra ruta (p.ej., mediante infusión
o inyección).
El médico
puede recetar dosis adicionales del fármaco para que el paciente
las tome según lo necesite para el dolor que se presenta
entre horario y horario del medicamento.
El médico
hará un reajuste de la dosis para el dolor para las necesidades
individuales de cada paciente y sus condiciones físicas.
El acetaminofeno y los AINEs
Los AINEs son eficaces en el alivio del dolor leve, y se pueden
administrar junto con opiáceos para mitigar dolores moderados
o fuertes. El acetaminofeno también alivia el dolor, pero
no tiene el efecto antiinflamatorio de la aspirina o los AINEs.
Los pacientes, especialmente los pacientes mayores de edad, que
toman acetaminofeno deben ser observados cuidadosamente por efectos
secundarios.
Opioides
Los opioides son muy eficaces para el alivio del dolor moderado
a fuerte. Los casos de tratamiento deficiente surgen cuando la preocupación
sobre la adicción a estos fármacos (dependencia psicológica)
hace que ésta se confunda con la tolerancia y la dependencia
física. Muchos pacientes con dolor provocado por el cáncer
se vuelven tolerantes a los opioides durante terapias de larga duración.
Esto hace necesario aumentar sus dosis para continuar aliviando
su dolor, incluso aunque puedan surgir efectos secundarios.
Tipos de opioides
Existen varios tipos de opioides. La morfina es el opioide más
común utilizado en el manejo del cáncer. Otros opioides
comúnmente utilizados son la idromorfona, oxicodona, metadona
y fentanilo. La disponibilidad de varios y diferentes opioides le
permite al médico ciertas flexibilidad en recetar un régimen
de medicamentos que llenaran las necesidades individuales del paciente.
Pautas en la administración de opioides
La mayoría de los pacientes con dolor del cáncer necesitarán
recibir un medicamento contra el dolor en un horario fijo para manejar
el dolor y prevenir que este empeore. El médico recetará
una dosis de medicamento opioide que podrá tomarse según
se necesite junto al opioide regular en sus dosis establecidas para
controlar el dolor que se presente entre las dosis estipuladas.
La cantidad de tiempo entre dosis dependerá del tipo de opioide
que recete el médico. La dosis correcta consistirá
en la cantidad de opioide que controle el dolor con la menor cantidad
de efectos secundarios posibles. La meta es lograr un buen equilibrio
entre el alivio del dolor y los efectos secundarios mediante un
reajuste gradual de la dosis. Si el paciente se volviera tolerante
al opioide, esto se puede resolver aumentando sus dosis o cambiando
el medicamento por otro opioide, especialmente si se necesitan dosis
más altas.
Ocasionalmente, las dosis necesitan reducirse o suspenderse. Esto
podría presentarse cuando los pacientes se recuperan del
dolor debido al tratamiento del cáncer como el bloqueo de
nervios o la radioterapia. El médico podría disminuir
las dosis cuando el paciente experimenta sedación relacionada
con el opioide y un buen control del dolor.
Los medicamentos para el dolor se pueden administrar de varias maneras.
El método preferido es el oral, ya que los fármacos
administrados por vía oral son convenientes y por lo general
cuestan poco. Cuando el paciente no puede tomar medicamentos por
vía oral, se pueden utilizar otros métodos menos invasores,
como la vía rectal o los parches de medicamento que se colocan
en la piel. Los métodos intravenosos sólo se utilizan
cuando los métodos que son simplemente menos exigentes, menos
costosos resultan inapropiados, ineficaces o no aceptables al paciente.
Algunas veces se usan bombas analgésicas controladas por
el paciente (PCA, por sus siglas en inglés) que se utilizan
para determinar la dosis necesaria al principio de la terapia. Una
vez se logra controlar el dolor, el médico podría
recetar dosis regulares de opioides basadas en la cantidad requerida
por el paciente cuando utiliza la bomba PCA. La administración
intraespinal de los opioides combinada con un anestésico
local podría resultar útil en algunos pacientes que
sufren de dolor incontrolable.
Efectos secundarios de los opioides
Los pacientes deben vigilarse de cerca para determinar si presentan
algunos de los efectos secundarios más comunes de los opiáceos,
los cuales incluyen estreñimiento, náusea y somnolencia.
El médico debe consultar con el paciente antes de iniciar
una terapia con opioides. La náusea y la somnolencia suelen
presentarse por lo general al inicio de la terapia y tiende a mejorar
a los pocos días, otro de los efectos secundarios de los
opioides incluye el vómito, problemas para pensar claramente,
problemas para respirar, la sobredosis gradual, y mal desempeño
sexual.
Los opioides disminuyen las contracciones musculares y movimientos
del estómago y los intestinos, lo que da como resultado deposiciones
duras. La clave para prevenir eficazmente el estreñimiento
es asegurarse de que el paciente ingiere suficientes líquidos
para mantener las deposiciones suaves. El médico debe recetar
un suavizador de deposiciones al inicio de un tratamiento con opioides.
Si el paciente no responde ante el suavizador de deposiciones, se
deberá recetar laxantes adicionales.
Los pacientes deben hablar con sus médicos sobre los efectos
secundarios que lleguen a ser demasiado molestos o fuertes. Debido
a que existen diferencias entre los diversos pacientes en cuanto
al grado de efectos secundarios ocasionados por los opioides, los
efectos severos o prolongados deben informárseles al médico.
En estos casos el médico podría reducir la dosis del
opioide, cambiar de opioide o cambiar la forma de administración
de este, por ejemplo de forma intravenosa o inyectada en vez de
oral, para de esta manera reducir los efectos secundarios.
Fármacos utilizados con los medicamentos para el dolor
También se puede administrar otros fármacos al mismo
tiempo que los medicamentos contra el dolor con el fin de aumentar
su eficacia, tratar los síntomas y aliviar tipos específicos
de dolor. Estos fármacos incluyen los corticosteroides, los
anticonvulsivos, los antidepresivos, los anestésicos locales
y los estimulantes. Existen diferencias marcadas en como los pacientes
responden a estos medicamentos. Los efectos secundarios son comunes
y deben ser comunicados al médico.
Intervenciones
físicas y psicosociales
Se pueden utilizar métodos físicos y psicológicos
no invasores junto con fármacos y otros tratamientos para manejar
el dolor durante todas las fases del tratamiento del cáncer.
La eficacia de las intervenciones contra el dolor dependerá
de la participación del paciente en el tratamiento y de su
capacidad para indicar a su proveedor médico qué métodos
le alivian mejor el dolor.
Intervenciones físicas
La debilidad, el desgaste muscular y el dolor muscular/óseo
se pueden tratar con calor (compresas calientes o almohadillas eléctricas);
frío (paquetes de hielo flexibles); masajes, presión
y vibración (para ayudar con la relajación); ejercicio
(para fortalecer los músculos, aflojar las articulaciones rígidas,
recuperar la coordinación y el equilibrio, y fortalecer el
corazón); cambios de posición; restricción del
movimiento de áreas doloridas o huesos rotos; estimulación;
estimulación eléctrica controlada de bajo voltaje; o
acupuntura.
Intervenciones relacionadas con el pensamiento y la conducta
Las intervenciones relacionadas con el pensamiento y la conducta también
son importantes para tratar el dolor, al servir para que los pacientes
se sientan en control de su situación y para que aprendan a
afrontar su enfermedad y sus síntomas. Es útil comenzar
estas intervenciones temprano durante el curso de la enfermedad para
que los pacientes puedan aprender y practicar sus habilidades cuando
aún tienen suficiente fuerza y energía. Se deben probar
diversos métodos, y se debe utilizar uno o varios regularmente.
Imaginería y relajación: Se pueden utilizar técnicas
de relajación simples para los episodios de dolor cortos (por
ejemplo, durante los procedimientos del tratamiento del cáncer).
Las técnicas breves y simples son apropiadas para periodos
en que la capacidad de concentración del paciente se ve limitada
por dolores fuertes, ansiedad intensa o fatiga. (Vea los ejercicios
de relajación que aparecen debajo)
Hipnosis: Se pueden usar técnicas hipnóticas para
promover la relajación, y éstas pueden combinarse
con otros métodos relacionados con el pensamiento y la conducta.
La hipnosis surte efecto como calmante del dolor para las personas
que son capaces de concentrarse y usar la imaginería, y que
están dispuestos a practicar esta técnica.
Pensamiento dirigido: Para no concentrarse en el dolor o en las
emociones negativas que éste conlleva se pueden utilizar
distracciones internas (por ejemplo, contar, rezar, o decirse a
sí mismo "Puedo aguantar") o externas (como la
música, la televisión, el diálogo, el escuchar
a alguien leer, o el mirar a algo específico). Los pacientes
también pueden aprender a estudiar y evaluar los pensamientos
negativos y reemplazarlos con ideas e imágenes más
positivas.
Educación del paciente: Los proveedores médicos pueden
entregar a los pacientes información e instrucciones sobre
el dolor y su manejo y asegurarles que es posible controlar eficazmente
la mayoría de los dolores. También deben hablarles
sobre los obstáculos más importantes que existen a
la hora de lograr un manejo eficaz del dolor.
Apoyo psicológico: La terapia psicológica a corto
plazo ayuda a algunos pacientes. Los que desarrollan una depresión
clínica o un trastorno de la adaptación pueden acudir
a un psiquiatra para obtener un diagnóstico.
Grupos de apoyo y orientación religiosa: Los grupos de apoyo
ayudan a muchos pacientes, y la orientación religiosa puede
ayudarles también al proporcionarles cuidados espirituales
y apoyo social.
Los siguientes ejercicios de relajación pueden ser útiles
para el alivio del dolor
Ejercicio 1.
Respiración
lenta y rítmica para la relajación *
Tome aire lenta y profundamente, mantenga el estómago y los
hombros relajados.
Expulse el aire despacio y note cómo empieza a relajarse;
sienta que la tensión abandona su cuerpo.
Respire lentamente y de forma regular a un ritmo cómodo para
usted. Si lo desea, puede respirar inflando y desinflando el abdomen.
Para ayudarle a concentrarse en su respiración y respirar
de forma lenta y rítmica: cuente hasta tres para sí
mismo al tomar aire o diga para sus adentros algo como "paz"
o "ahhh" al expulsarlo.
Siga los pasos 1 a 4 sólo una vez o repita los pasos 3 y
4 hasta un máximo de 20 minutos.
Para terminar, respire profundamente. Al expulsar el aire, dígase
a sí mismo: "me siento alerta y relajado".
Ejercicio 2.
Contacto físico simple, masaje o calor *
El contacto físico y el masaje son métodos tradicionales
para ayudar a que otros se relajen. Como ejemplos tenemos:
- Contacto
o masaje breve, como el tomar a alguien de la mano, colocarle
la mano en el hombro un instante o darle un pequeño masaje
en los hombros.
- Poner los
pies en remojo en agua tibia o envolverlos en una toalla húmeda
y caliente.
- Masaje del
cuerpo entero o sólo la espalda, los pies o las manos (entre
3 y 10 minutos). Si el paciente es recatado o no puede moverse
o voltearse con facilidad en la cama, se puede considerar el masaje
de las manos y los pies.
- Uso de un
lubricante tibio. Se puede calentar un poco de loción en
un recipiente en el microondas o un frasco de loción sumergiéndolo
en agua caliente durante 10 minutos aproximadamente.
Los masajes para relajar se suelen dar en forma de toques suaves,
largos y lentos; no obstante, se puede probar a ejercer diferentes
grados de presión y usar distintos tipos de masaje, como
si estuviese amasando la piel y golpecitos ligeros de arriba hacia
abajo, para determinar cuál prefiere el paciente.
Sobre todo para las personas de edad avanzada, un masaje de la espalda
que surta efecto relajando al paciente puede consistir en 3 minutos
o menos de toques lentos y rítmicos (unos 60 por minuto)
a ambos lados de la columna, desde lo alto de la cabeza hasta la
cintura. Para mantener el contacto continuamente, empiece a bajar
una mano por la espalda mientras la otra está aún
en la cintura, y luego levántela. Es una buena idea tener
un horario regular para el masaje, ya que esto le da al paciente
algo agradable que esperar con ansias.
Ejercicio 3.
Experiencias pasadas agradables *
Toda persona cuenta con experiencias pasadas que le hacen sentirse
tranquilo y cómodo al pensar en ellas. Quizás usted
pueda recordar una de esas experiencias y sentir lo mismo en el
presente. Considere las siguientes preguntas:
¿Puede recordar alguna situación, incluso de cuando
era niño, en que se sintiera tranquilo, sosegado, seguro,
esperanzado o cómodo?
¿Se ha encontrado alguna vez soñando despierto sobre
algo que le ha hecho sentirse sereno? ¿En qué estaba
pensando?
¿Le hace sentirse bien la música? ¿Qué
clase de música prefiere?
¿Tienen algún poema favorito que le haga sentirse
alegre o tranquilo?
¿Es usted religioso o lo ha sido alguna vez? ¿Tiene
lecturas, himnos u oraciones favoritas? Aunque no las haya oído
ni haya pensado en ellas durante mucho tiempo, las experiencia religiosas
infantiles pueden servir aún para sosegarle.
Puntos adicionales: Algunas de las cosas que le hacen sentir bien,
como su música favorita o una oración, se pueden grabar
para que usted las oiga siempre que quiera; o, si tiene buena memoria,
puede simplemente cerrar los ojos y recordar la experiencia o las
palabras que desee.
Ejercicio 4.
Escuchar música de forma activa *
Obtenga los siguientes objetos:
Un reproductor o una grabadora de casete (conviene que sea uno de
los más pequeños que funcionan con pilas).
Auriculares (con ellos se consigue más estímulo que
oyendo música de un altavoz y además se evita molestar
a otras personas).
Una cinta de casete de música que le guste (casi todo el
mundo prefiere música rápida y viva, pero algunos
elijen música relajante. También se pueden escuchar
grabaciones de comedias, acontecimientos deportivos, programas de
radio antiguos o historias).
Marque el ritmo de la música usando, por ejemplo, un dedo
o meneando la cabeza. Eso le ayudará a concentrarse en la
música y no en sus molestias.
Mantenga los ojos abiertos y fije su mirada en un punto o un objeto
inmóvil. Si desea cerrar los ojos, imagínese algo
relacionado con la música.
Escuche la música a un volumen agradable. Si aumenta la molestia,
pruebe a subir el volumen, y bájelo cuando la molestia se
vaya aliviando.
Si este ejercicio no le da suficientes resultados, pruebe una de
los siguientes ideas: dése un masaje al ritmo de la música,
pruebe otro tipo de música, o marque el ritmo de la música
de más de una forma, por ejemplo, con la mano y el pie al
mismo tiempo.
Puntos adicionales: Esta técnica funciona para muchos pacientes
y la utilizan muchas personas, probablemente debido a que el equipo
necesario es algo fácil de encontrar que forma parte de nuestra
rutina diaria. Otras de sus ventajas son que es fácil de
aprender y no le deja a uno exhausto física ni mentalmente.
Si se encuentra muy cansado, puede dedicarse a escuchar la música
solamente, sin marcar el ritmo ni fijar su mirada en un punto.
* [Nota: Adaptado y reproducido con permiso, de McCaffery M,
and Beebe A: Pain: Clinical Manual for Nursing Practice. St. Louis,
Mo: CV Mosby: 1989.]
Intervenciones
anticáncer
Radioterapia
La radioterapia local o del cuerpo entero puede aumentar la eficacia
de los medicamentos contra el dolor y otras terapias no invasoras
al afectar directamente a la causa del dolor (por ejemplo, reduciendo
el tamaño del tumor). Una sola inyección de un agente
radioactivo puede aliviar el dolor cuando el cáncer se disemina
de forma extensa por los huesos.
Cirugía
Se puede utilizar la cirugía para extirpar el tumor en parte
o en su totalidad con el fin de reducir el dolor directamente, aliviar
síntomas de obstrucción o compresión, y mejorar
los resultados, incluso aumentando la supervivencia a largo plazo.
Intervenciones
invasivas
Se debe utilizar los métodos menos invasores para aliviar
el dolor antes de probar tratamientos invasores. No obstante, algunos
pacientes pueden necesitar este tipo de terapia.
Bloqueos de los nervios
El bloqueo de los nervios consiste en la inyección ya sea
de un anestésico local o de un fármaco que desactiva
los nervios con el fin de controlar dolores que no es posible aliviar
de otra manera. Estos bloqueos se pueden usar para determinar de
dónde proviene el dolor, tratar padecimientos dolorosos que
responden a este tratamiento, predecir cómo responderá
el dolor a tratamientos a largo plazo, y evitar el dolor después
de un procedimiento médico.
Intervenciones neurológicas
Se puede realizar una operación para implantar un aparato
que administre fármacos o que estimule los nervios mediante
corrientes eléctricas. En casos excepcionales, es posible
llevar a cabo una operación para destruir uno o varios nervios
que formen parte del itinerario del dolor.
Manejo del dolor provocado por procedimientos médicos
Muchos de los procedimientos para el diagnóstico y el tratamiento
son dolorosos, pero es posible tratar este dolor antes de que aparezca.
Se pueden utilizar anestésicos locales u opiáceos
de poca duración para manejar el dolor provocado por dichos
procedimientos, siempre que se cuente con el tiempo suficiente para
que el fármaco surta efecto. También se pueden usar
fármacos contra la ansiedad o sedantes para reducir la ansiedad
o sedar al paciente. Los tratamientos como la imaginería
y la relajación son útiles en el manejo del dolor
y la ansiedad provocada por procedimientos médicos.
Los pacientes normalmente toleran mejor los procedimientos si saben
lo que esperar. La compañía de un familiar o amigo
durante el procedimiento puede ayudar a reducir su ansiedad.
Tanto los pacientes como sus familiares deberían recibir
instrucciones por escrito sobre cómo manejar el dolor en
casa y con quién ponerse en contacto si tienen preguntas
relacionadas con el manejo de esa molestia.
Tratamiento
para pacientes de edad avanzada
Los pacientes de edad más avanzada corren el riesgo de recibir
tratamientos deficientes para el dolor debido a que a veces se subestima
su sensibilidad al dolor, se espera que lo toleren bien, y existen
ideas falsas sobre su habilidad para beneficiarse de los opioides.
Los problemas que pueden surgir a la hora de evaluar y tratar el
dolor relacionado con el cáncer en pacientes de edad avanzada
incluyen:
El padecimiento de varias enfermedades crónicas y la existencia
de varias fuentes de dolor. La edad y tratamientos complicados con
medicamentos ponen a las personas mayores en mayor riesgo de interacciones
entre los medicamentos y entre los medicamentos y las enfermedades
crónicas.
Los problemas
de la vista, el oído, el movimiento y el razonamiento pueden
hacer necesario usar pruebas más simples y un control más
frecuente para determinar el grado de dolor en los pacientes de
más edad.
Es más
probable que los pacientes mayores padezcan efectos secundarios
de los medicamentos antiinflamatorios no esteroides (AINE, por sus
siglas en inglés), como toxicidad estomacal y del hígado,
problemas para pensar, estreñimiento y dolores de cabeza.
Eficacia de
los opioides: Los pacientes de más edad pueden ser más
sensitivos al alivio del dolor y a los efectos de los opioides en
el sistema nervioso central y por lo tanto tener periodos más
prolongados de alivio del dolor.
La analgesia
controlada por el paciente se debe utilizar con precaución
con los pacientes de edad avanzada, ya que los fármacos tardan
más tiempo en salir de su cuerpo y estos pacientes son más
sensibles a sus efectos secundarios.
Otras vías
de administración, como la vía rectal, pueden no ser
útiles con estos pacientes debido a su incapacidad física
para administrarse el medicamento.
El control del
dolor después de una operación requiere mantener un
contacto directo y frecuente con los proveedores médicos,
para el monitoreo del manejo del dolor.
Se debe realizar
una nueva evaluación del manejo del dolor y efectuar los
cambios necesarios cada vez que el paciente se mude (por ejemplo,
del hospital a su casa o a un asilo).
Fuente
www.cancer.gov
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