Los
Efectos de las Patentes sobre el Acceso a los Medicamentos en los Países
en Desarrollo: Resumen de la Problemática Actual y Comentario a un
Reciente Artículo sobre el Tema
Joan
Rovira Profesor Titular, Departamento de Teoría Económica,
Universidad de Barcelona jrovira@soikos.com
El debate sobre
los derechos de propiedad intelectual y sus efectos sobre el acceso a los medicamentos
está presente de forma continua en los medios de comunicación y
en los foros de discusión sobre comercio internacional desde hace varios
años. Recientemente la atención se ha desplazado de los acuerdos
multilaterales, en concreto el Acuerdo de la Organización Mundial del Comercio
sobre los Aspectos de los Derechos de la Propiedad Intelectual relacionados con
el Comercio (ADPIC), a los tratados bilaterales de libre comercio que los países
desarrollados, especialmente EE.UU., está estableciendo con países
en desarrollo. En el caso de América Latina cabe señalar los acuerdos
firmados recientemente con Chile y Centro América (Tratado de Libre Comercio
entre Centro América y EE.UU., CAFTA por sus siglas en inglés),
así como los que se están negociando con el conjunto de la Región
(ALCA) o con países individuales como Colombia, Ecuador, Perú y
República Dominicana. Las
posiciones de los principales actores están bien definidas: el Departamento
de Comercio de EE.UU. y la industria multinacional intentan conseguir que los
países adopten sistemas de propiedad intelectual más protectores
que los del ADPIC, introduciendo cláusulas denominadas habitualmente ADPIC
plus, tales como la ampliación de la duración de la patente
más allá de los 20 años establecidos en el ADPIC, restricciones
a la potestad de emitir licencias obligatorias o el reconocimiento de restricciones
en la utilización de datos de registro. En el extremo opuesto, las ONGs
y las instituciones nacionales ligadas al sector salud sostienen que los países
en desarrollo no deberían incluir el tema de la propiedad intelectual en
los tratados de libre comercio (TLC) o que, alternativamente, no deberían
aceptar cláusulas más restrictivas que el ADPIC. Sin embargo, los
organismos y sectores nacionales que tienen un peso determinante en la negociación
de los tratados muestran a menudo una menor preocupación por el tema, que
puede deberse a una falta de percepción de los posibles efectos negativos
de dichas cláusulas o bien al hecho de que persiguen prioritariamente otros
beneficios, tales como el acceso de sus productos a los mercados de los países
desarrollados. Es
obvio que aunque el efecto neto de un TLC -o de cualquier política- sea
globalmente positivo para un país, habrá normalmente ganadores y
perdedores, pues cada país debe ceder en algunos puntos para obtener ventajas
en otros. Sin embargo, cabe esperar que los negociadores tengan en cuenta los
intereses de todos los sectores, incluyendo los grupos de población más
desprotegidos, que habitualmente tienen poca capacidad de organizarse para hacer
oír su voz y presionar en defensa de sus intereses. A menudo las delegaciones
de los países en desarrollo no incluyen representantes del sector salud,
ni de los sectores sociales que pueden salir perjudicados por los acuerdos. Por
otra parte, dichos negociadores no siempre disponen de una información
adecuada de los efectos previsibles de las disposiciones objeto de negociación.
Es obvio que la estimación del impacto de los temas que se negocian en
un TLC es difícil de cuantificar con precisión, debido a la complejidad
de los factores que lo determinan y al hecho de que, por lo general, los efectos
no serán inmediatos, sino que se producirán en períodos sustancialmente
alejados del tiempo. Así, mientras una rebaja de las tarifas sobre productos
agrícolas puede producir un efecto inmediato y relativamente predecible
sobre las exportaciones, un incremento del tiempo de protección de las
patentes no se producirá hasta dentro de veinte años, en que muchos
de los parámetros actuales habrán cambiado, lo que puede contribuir
a que los negociadores tiendan a subvalorar su impacto. En
este contexto, acaba de aparecer un artículo que pretende influir en el
debate político y puede ciertamente afectar las percepciones y consiguientes
posiciones negociadoras de las partes implicadas en las negociaciones de TLC [1].
Dicho artículo aporta evidencia empírica que debe ser bienvenida
en cualquier debate social -haciendo abstracción de las posibles críticas
a su validez que se pueden formular, debido a que los datos proceden básicamente
de la industria innovadora multinacional, una de las partes implicadas en el debate.
En resumen, el autor demuestra que en la mayor parte de los países en desarrollo
la mayoría de los medicamentos esenciales no están patentados, de
lo cual concluye que las patentes no pueden ser la causa de que los medicamentos
esenciales sean inaccesibles en muchos países en desarrollo y que tampoco
pueden ser una necesidad global del negocio farmacéutico, porque las empresas
renuncian a aplicarlas en la mayoría de los casos. Estas conclusiones pueden
considerarse correctas para algunos países y períodos de tiempo.
Es evidente que hay países en los que, a pesar de la ausencia de patentes,
la mayoría de la población no tiene acceso a los medicamentos más
esenciales, debido al bajo nivel de ingresos de los hogares y a los limitados
recursos públicos dedicados a financiar los servicios sanitarios. Ciertamente,
no tiene sentido atribuir los problemas de acceso a los medicamentos en dichos
países a los altos precios derivados de las patentes, ni culpar de ello
a la industria farmacéutica. Pero
el artículo se extiende en una amplia discusión y recomendaciones
que tienen poco que ver con la evidencia aportada. Así, por ejemplo, afirma
en el artículo que probablemente sólo un pequeño número
de medicamentos esenciales estarán protegidos por patente en las próximas
décadas y que el problema de la accesibilidad está en las políticas
económicas y en la pobreza y que las soluciones pasan por un incremento
de la ayuda internacional por parte de los países ricos y por concesiones
voluntarias de las empresas farmacéuticas, en forma de renuncia voluntaria
a aplicar las patentes, así como de donaciones y descuentos en los precios
aplicados en los países en desarrollo. Estas conclusiones pueden inducir
a los responsables de los sistemas de propiedad intelectual en los países
en desarrollo, incluyendo a los negociadores de TLC, a concluir que el tema de
las patentes es un tema de menor importancia en el que no importa hacer concesiones
a los países desarrollados, tal como parece sugerir el artículo. Es
tan obvio que estas conclusiones no se derivan en absoluto de la evidencia aportada
por el trabajo, que en principio no merecería la pena intentar rebatirlas
en un debate académico. Sin embargo, la escasez de datos y trabajos rigurosos
sobre los efectos de las patentes en la mayor parte de los países y la
frecuente falta de comprensión de sus implicaciones por parte de los negociadores,
puede contribuir a que las conclusiones y recomendaciones sugeridas por el artículo
de Attaran lleguen a tener una influencia significativa sobre los negociadores
de los países en desarrollo, legitimando y reforzando injustificadamente
las posiciones de las partes que están dispuestas a sacrificar el acceso
a los medicamentos y la salud de la población a cambio de concesiones económicas
o posibilidades de exportación. Hay que reconocer, en cualquier caso, que
estos últimos objetivos son en principio legítimos y a menudo deseables
para los países en desarrollo y que pueden incluso contribuir indirectamente
a la mejora del estado de salud de la población a través del aumento
del nivel de ingresos. Los negociadores nacionales deben analizar y estimar los
beneficios y costes de los acuerdos, así como la distribución de
los mismos entre los distintos grupos sociales, y en el caso que nos ocupa, tener
especialmente en cuenta la más que probable reducción del acceso
a los medicamentos de los grupos de menor nivel de ingresos y otros costes sobre
la industria farmacéutica nacional y la balanza comercial. Volviendo
a las conclusiones del artículo objeto de estos comentarios, analizaré
brevemente a continuación algunos de los supuestos que el autor utiliza
para derivar sus conclusiones y de los cuales no aporta evidencia concluyente,
sino tan sólo su opinión subjetiva. 1.
La tendencia del número o proporción de medicamentos bajo patente
en el futuro es algo altamente impredecible, teniendo en cuenta la incertidumbre
respecto a los resultados de la I&D y la previsible aparición de resistencias
a los productos existentes. Es totalmente gratuito afirmar que su importancia
decrecerá como se hace en el artículo. 2.
Pero además, el hecho de que sólo un pequeño
número de medicamentos esté bajo patente no implica que su impacto
económico sea irrelevante. En el año 2000, por ejemplo, Brasil estaba
dedicando un 40 por ciento de su gasto en medicamentos ARV (diecisiete medicamentos)
a los dos protegidos por patente (Nelfinavir y Efavirenz) de un total de 13 antiretrovirales
que se utilizaban. Esto suponía unos 120 millones de dólares que,
en el caso de que dichos medicamentos estuviesen disponibles como genéricos,
podrían reducirse sensiblemente. 3.
Por otra parte, el hecho de que las empresas no hayan patentado en el pasado los
nuevos medicamentos en países de bajo nivel de renta es debido, lógicamente,
a la falta de demanda solvente en los mismos: los costes de las patentes son un
gasto inútil e injustificado desde la perspectiva de la rentabilidad empresarial,
si no hay mercado que proteger. Pero ello no constituye ninguna garantía
de que no lo hagan cuando surja dicha demanda gracias a un incremento del ingreso
de los hoeares, del gasto público en salud o de las donaciones externas. 4.
Parece obvio que el acceso a los medicamentos de las poblaciones de nivel de ingresos
bajos en los países más pobres seguirá dependiendo por cierto
tiempo de la buena voluntad de la comunidad internacional y de las empresas farmacéuticas;
es de esperar y desear que la ayuda humanitaria aumente sustancialmente en el
futuro, aunque es más que dudoso que llegue a cubrir de forma satisfactoria
las necesidades esenciales de salud de todos los países del mundo que no
pueden hacerlo por sus propios recursos. Pero para la mayor parte de los países
en desarrollo, especialmente, los que tienen niveles de ingresos intermedios y
un tamaño mediano o grande, no parece una estrategia aconsejable dejar
la solución de un problema tan esencial para la salud pública de
un país como es el acceso a los medicamentos a la discreción y buena
voluntad de los países ricos y de la industria farmacéutica multinacional. En
conclusión, parece razonable partir de la base de que es difícil
estimar con precisión el impacto de un aumento de la protección
a la propiedad intelectual en un país en el acceso a los medicamentos y
otras variables económicas, tales como la producción doméstica
de medicamentos, o la balanza comercial. Aunque los efectos a corto plazo sean
o parezcan sin importancia, su materialización en acuerdos y tratados internacionales
pueden hipotecar gravemente la capacidad de maniobra del país para abordar
de forma efectiva y autónoma la solución de problemas de acceso
a los medicamentos. La opción de las donaciones parece aceptable como una
solución parcial y transitoria, pero sitúa a los países receptores
en una situación de dependencia económica y política poco
deseable respecto a los donantes. En este sentido, parece recomendable que antes
de aceptar compromisos de cambios de los sistemas de patentes, especialmente si
son difícilmente reversibles, los países evalúen cuidadosamente
sus posibles efectos y dada la previsible incertidumbre respecto a los mismos,
sólo hagan concesiones respecto a aspectos en que pueda determinarse con
un grado de certeza razonable que no tendrán un efecto sustancial sobre
la salud pública y que estén justificados por los beneficios que
el país puede obtener en otros ámbitos del acuerdo. 1.
Attaran A. How Do patents and economic policies affect access to essential medicines
in developing countries? Health Affairs 2004; 23(3):155-166 Fuente Boletín
Fármacos, Volumen 7, número 3, junio 2004 http://www.boletinfarmacos.org/062004/ventana_abierta.asp
Si
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