La
Depresión, ¿Un Malestar Contemporáneo?
Gino
Alfredo Naranjo 1
"Nuestro
humor depende estrechamente de nuestra relación con lo que en la
teoría lacaniana se llama el gran Otro es decir que no es únicamente
la relación al semblante, al pequeño otro que es determinante- ,
sino principalmente la relación al gran Otro"
Charles Melman.
En
los últimos años en el Ecuador se han producido múltiples fracturas
a nivel social, económico y político lo que ha generado una serie
de consecuencias, una de ellas la desilusión ante el funcionamiento
institucional. Dicho de otro modo se ha producido una ruptura con
aquel mundo simbólico que de alguna manera garantiza y sostiene
el funcionamiento regular de un grupo social. No nos parece que
estamos especulando al afirmar que estos hechos están influyendo
de manera directa en las manifestaciones psíquicas de la población,
sea cual sea su situación social o económica.
Desde
nuestro trabajo como psicólogo clínico estamos confrontados a diario
con un fenómeno muy particular: el de la depresión (que en la actualidad
es el primer motivo de consulta). Es decir que clínicamente estamos
encontrando que los síntomas depresivos son la primera respuesta
a aquella ruptura con lo simbólico que pensamos se está produciendo
en nuestro medio. Es por esto importante detenerse y plantear hipótesis
que nos permitan enfrentar esta situación y analizar sus consecuencias
individuales y colectivas.
Llegar
a una definición satisfactoria de la depresión es una tarea que
no podrá ser resuelta en el desarrollo del presente artículo, sin
embargo nos apoyaremos en la teoría psicoanalítica que, a nuestro
modo de ver y en función de nuestra práctica clínica, aporta elementos
valiosos para la comprensión de este malestar, a pesar de que ni
Sigmund Freud (inventor del psicoanálisis), ni Jacques Lacan (fundador
del psicoanálisis) no hablaron específicamente de este tema, pero
que al haber hablado de duelo, pérdida, melancolía nos han dado
suficientes pistas para encarar la depresión.
Dentro
del psicoanálisis el debate está aun abierto sobre este tema de
la depresión , pues para algunos no se trata más que de síntomas,
es decir que no se la considera como una entidad clínica específica.
Para otros la depresión es una patología claramente definida y estructurada,
sobre todo dentro de la psicosis (maniaco-depresiva). En nuestro
desarrollo nos interesaremos a la depresión en las "neurosis", es
decir teniendo como premisa que se trata de "modificaciones del
humor" y que tienen más bien que ver con el síntoma.
La
hipótesis que planteamos afirma que la depresión es una manera de
manifestación del malestar producido ante la ausencia de una respuesta
coherente por parte de las instituciones, es decir: las instituciones
no son capaces de cumplir con sus funciones, la arbitrariedad es
un elemento "organizador", el silencio es la explicación a muchos
hechos y evidentemente nadie es responsable de lo que hace. Con
esta consideración, y apoyándonos en el psicoanálisis, podemos entender
la depresión como una pregunta que el sujeto plantea a su medio
en tanto que este medio (social, laboral, familiar) lo considera
como un objeto de desecho y ya no un sujeto de deseo.
En
la teoría lacaniana este "medio social" es uno de los representantes
del gran Otro, el gran Otro no es únicamente nuestro alter-ego,
sino que, más allá de las identificaciones imaginarias y especulares,
el sujeto está determinado por un orden radicalmente anterior y
exterior, un lugar donde se articulan los significantes que darán
origen a ese sujeto. Por tanto es la relación que mantenemos con
este Otro la que determina en buena medida nuestro estado de ánimo,
nuestro humor. Lo que abre una nueva perspectiva para aprehender
la depresión, ya que sí a la persona deprimida se la escucha con
atención nos daremos cuenta que su situación es exactamente aquella
que le ha sido asignada, es decir: "ya no esperamos nada de usted".
Ahora bien, no necesariamente este "no esperamos nada de usted"
tiene que haber sido enunciado como tal, pues la propia producción
psíquica es la que puede construir esta formulación. Es decir que
estamos determinados por nuestro inconsciente.
Así,
si decimos que nuestro humor está íntimamente determinado por la
relación que mantenemos con el Otro, esta relación puede perfectamente
establecerse como una relación en la que el sujeto está en deuda
y por la cual tiene que pagar de su existencia, es decir con el
dolor de existir. Esto constituye de algún modo la manifestación
de la subjetividad, de no dejarse anular, de pretender apropiarse
de aquello que le es "íntimo" y que solo puede hacerlo deprimiéndose.
Además
influye también mucho en nuestro humor el reconocimiento narcisista.
Este reconocimiento tiene una dimensión simbólica, es decir puede
no haber una retribución efectiva pero se reconoce y acepta su valor,
por ejemplo la tarea de una madre en la educación de los hijos puede
ser reconocida por la sociedad de diversos modos. Pero como hemos
podido constatar en nuestra práctica, en la actualidad cada vez
es menos frecuente esa valoración y muchas mujeres deprimidas dicen
"que de nada ha servido su vida, que ya no sirven". Y habitualmente
este discurso se lo hace a través de la queja. Además, aunque pueda
parecer sorprendente el reconocimiento también puede ser el de la
enfermedad, es decir, el depresivo busca que le reconozcan como
enfermo, él busca al menos ese reconocimiento y la queja pasa a
ser un elemento constitutivo de aquella interrogación dirigida al
Otro, que como veremos más adelante es este caso el saber médico.
En
efecto dentro de nuestra sociedad actual el rendimiento y la efectividad
son las divisas mas preciadas, todo aquel que por una u otra razón
no este en capacidad de cumplir con estos requisitos es relegado
de alguna manera y en diversos grados. No es raro escuchar a personas
que han trabajado 30 años o más y que de la noche a la mañana son
despedidos de su trabajo que caen en un "hueco oscuro" y que ya
no pueden salir. Es ahí cuando nosotros pensamos que la depresión
es la manera actual de manifestar ese rechazo a la exclusión.
Situaciones
como la perdida del trabajo, el divorcio, el matrimonio de los hijos,
la falla o desaparición de un ideal colectivo, son frecuentes encontrarlas
como desencadenantes de los períodos depresivos.
Es
evidente que no todas las personas que se han visto confrontadas
a estas situaciones desencadenan una depresión, lo que de una parte
nos lleva a reconocer la particularidad y singularidad de cada persona
y por otra parte que a partir de esta particularidad cada cual manifiesta
sus síntomas. Lo que dicho sea de paso quiere también decir que
no existe el tratamiento único para la depresión, si bien los antidepresivos
son efectivos estos no siempre cumplen con su finalidad, pues muchas
veces se olvida la dimensión subjetiva que es la que en definitiva
produce este malestar.
No
podemos negar la evidencia que la organización psíquica está íntimamente
ligada a la organización biológica y que en la depresión encontramos
manifestaciones neuro-hormonales que ciertamente tienen una relación
con los momentos de ausencia de toda excitación. Es precisamente
ahí donde, gracias a los medicamentos se pueden modificar el humor,
sin embargo la relación al Otro se mantiene intacta y se sigue viviendo
la culpa y el duelo del mismo modo, solo que con un estado de humor
no acorde con esa realidad, artificial. Quizás esta sea una explicación
a las frecuentes recaídas que adolecen los deprimidos.
A
este respecto es interesante subrayar el hecho de que, muchas veces,
el psicólogo o el psiquiatra que tienen ante sí un depresivo su
primera reacción es la de la compensación, la de reparación, como
si ante la impotencia de la misma persona para hacer algo con ese
afecto que le "cae del cielo" el profesional este llamado a repararlo.
No es el lugar para desarrollar esta cuestión, pero es interesante
preguntarse cuales pueden ser las consecuencias de una tal respuesta,
pues hay que tener en cuenta que la medicina constituye un referente
simbólico importante en toda sociedad y que su modo de actuar es
determinante en este caso. Es decir que si a la depresión se la
entiende como un signo, es decir aquello que representa algo para
alguien, en este caso el médico, ésta no va a ser entendida como
una pregunta sino como algo de lo que hay que desembarazarse a cualquier
costo.
La
depresión nos hace también observar otro fenómeno significativo:
el de la confluencia de dos fuerzas. Por un lado la impotencia en
la que se encuentra sumido el depresivo y por otro la omnipotencia
atribuida al médico como representante de un saber o de la ciencia.
Entre estas dos fuerzas se juega buena parte del tratamiento y su
manejo influirá en buena medida sobre los resultados.
Esto
nos parece que tiene relación con lo que ya habíamos dicho respecto
a la posición que tiene el depresivo frente al gran Otro, en este
caso representado por la medicina, posición que refleja la anulación
y desvalorización de las relaciones sociales, de los objetos, del
mundo en general, llegando a lo que nosotros proponemos ser la ecuación
del depresivo, a saber: "todo = nada". El nada ha entenderlo como
sin ningún valor. Al hablar aquí de valor nos estamos refiriendo
a lo que en la teoría psicoanalítica se lo llama valor fálico, es
decir aquel que nos permite investir en nuestras relaciones y asumir
funciones, que reconoce y acepta las limitaciones a los que estamos
sometidos al formar parte del mundo humano, un mundo regido por
la ley del lenguaje. Es este valor fálico el que se ha depreciado
en el depresivo, pues representa la emergencia del deseo y la necesaria
renuncia al objeto que vendría satisfacer plenamente ese deseo.
El
deprimido al confrontarse a situaciones de perdida estaría rememorando
este proceso que lo vive como responsable y por tanto culpable de
haber dejado escapar aquello que le garantizaba la perfecta satisfacción.
Ningún objeto tendrá ningún valor y aparentemente nada podrá venir
cambiar esta relación.
Entonces
por lo que hemos visto la cuestión del humor y de la depresión es
un problema cultural pues concierne directamente a la sociedad y
a su funcionamiento y como vemos el psicoanálisis, contrariamente
a lo que se puede pensar si tiene algo que decir pues aunque se
refiere siempre a lo particular, nos da cuenta de que el real que
constituye lo social es el mismo que constituye el individual. Es
otra de las razones que me parece muy importante destacar para "justificar"
la posición que el analista debe asumir ante la evolución de la
sociedad y de los diferentes discursos que están detrás de esta
evolución. Es decir que los analistas hagan saber cual es su posición
ante la situación social y política del medio en donde trabajan
y cual es su respuesta ante las consecuencias producidas por dicho
"progreso".
Quizá
para algunos lectores este tipo de reflexiones podrá parecer novedoso
o incluso impertinente ya que en nuestro medio los temas sociales
y su influencia en el psiquismo han sido muy poco abordados desde
la perspectiva psicoanalítica, y esto ha sido lamentable, no solo
por la pérdida que esto ha ocasionado en los debates clínicos, sino
también por el lugar que se ha le asignado al psicoanálisis en nuestro
medio: el de una consulta privada, con un grupo muy selecto de pacientes,
marginado de lo que ocurre en la sociedad.
Cosa
que sorprende, pues Freud siempre fue muy crítico con lo que sucedía
en la época que le toco vivir y sus reflexiones muchas veces partían
de constataciones de la manera en la que los hombres se relacionaban
entre sí. Lacan, aunque quizá es menos evidente, también le preocupaba
la manera en la que el mundo estaba evolucionando y tiene anotaciones
muy precisas sobre la subida del nacionalismo, por ejemplo.
Evidentemente
no se debe comprender que los factores sociales a los que hemos
hecho referencia están aislados de toda, llamémosla constitución
psíquica del individuo, pues todos estos fenómenos se van a inscribir
sobre ella. Es decir van a formar parte de la cadena de significantes
que rigen nuestro inconsciente al representar al sujeto. Si el psicoanalista
se abstrae de esta realidad y no tiene en cuenta, no solo la manera
de manifestación de los síntomas, sino la función que ellos tienen
en un momento dado y según la realidad social, entonces me parece
que lo que está haciendo es una pura elucubración.
Dicho
de otro modo el significante que está produciendo al sujeto del
inconsciente para otro significante no está desligado de los significantes
que norman, normalizan, regulan los intercambios sociales (cf. artículo
de Czermak). Es otra manera de definir lo que Lacan llamó el gran
Otro, ese tesoro de significantes en el que cada uno está inmerso
y que en cada sociedad está rigiendo de modo particular.
La
depresión nos ha servido para mostrar cual puede ser un tipo de
respuesta que ella provoca en el médico, deja también ver las demandas
y exigencias sociales al que él está sometido. Por eso nos parece
que especialmente en este tema de la depresión es ineludible que
el psicoanálisis tenga en cuenta los otros discursos (social, económico,
político) al momento de plantear hipótesis de trabajo; no con el
fin de hacer un psicoanálisis de la sociedad como ente, sino para
poder discernir la demanda subyacente que tiene el depresivo y la
posición ética que el psicoanalista deberá sostener.
Y
desde aquí podemos decir que es urgente que el psicoanálisis entre
de lleno en el debate con otras áreas del "saber" para avanzar en
las cuestiones cruciales a las que estamos asistiendo hoy en día
en nuestra sociedad.
Para
finalizar quisiéramos decir que a nuestro parecer la depresión es
la última resistencia ante el desmoronamiento social que nos esta
llevando a lo que Marcel Czermak llama psicosis social. ¿Por qué?
Porque con las características que hemos descrito el depresivo busca,
a pesar de todo, hacer valer su subjetividad y manifiesta, con sus
síntomas, las consecuencias de la exclusión y anulación del deseo
propuesto explícitamente en la evolución de la sociedad actual.
REFERENCIAS
BIBLIOGRAFICAS
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editores, Buenos Aires, 1992.
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Amorrortu editores, Buenos Aires, 1992.
Freud,
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21, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1992.
Lacan,
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de 1966, Bulletin Association Freudienne Internationale N°80.
Lacan,
Jacques, "Petit Discours aux psychiatres" Conferencia del 10 de
noviembre de 1967, inédita.
Kristeva,
Julia, "Soleil noir, dépression et mélancolie", Folio, Paris, 1987.
Le
Trimestre Psychanalytique, "Les dépressions névrotiques", Actas
de las jornadas del 10-11 Noviembre 1990, Association Freudienne
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Melman,
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du trimestre psychanalytique, Paris, 1993.
Czermak,
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Jean,
Thierry (coordinador), "Les dépressions", Journal Français de Psychiatrie
N° 7, érès, Paris, 1999.
Jean,
Thierry, y Czermak, Marcel (coordinadores), "Les dépressions II,
questions théoriques et épistémologiques", Journal Français de Psychiatrie
N°8, érès, Paris, 1999.
1
Psicólogo Clínico graduado en la Universidad Católica del Ecuador,
especializado en psicoterapia en la Universidad Católica de Lovaina,
Bélgica.
Fuente:
Ecuador
DEBATE Nº
52
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