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MONITOREO ELECTRONICO FETAL
EN ELMOMENTO DE LA ADMISION:
Una investigación clínica Aleatorizada

Impey, L, Reynolds M, Maquillan K, Gates S, Murphy J, Sheil O. Admission cardiotocography: a randomised controlled trial.
The Lancet 2003; 361: 465-470

Antecedentes

La discapacidad neurológica durante la infancia se ha asociado a la asfixia en el momento del nacimiento. Por lo tanto se creyó que la introducción del monitoreo electrónico fetal (MEF) durante el trabajo de parto reduciría en gran medida la incidencia de parálisis cerebral. Aunque aún se utiliza ampliamente, el MEF no cumplió con las expectativas originales. Una revisión sistemática 1 de la Biblioteca Cochrane donde se incluyeron mujeres que en su mayoría presentaban bajo riesgo de distres fetal, concluyó que el MEF aumentaba el parto operatorio sin beneficios en los resultados neonatales a largo plazo especialmente si no se acompañaba de la medición de pH fetal en sangre de cuero cabelludo 2.

A pesar de esta evidencia, el monitoreo se sigue utilizando para controlar el trabajo de parto sobretodo en mujeres con alto riesgo de asfixia intraparto. Sin embargo, su efectividad ha sido evaluada solamente en trabajos de parto de bajo riesgo. La implicancia de que el monitoreo pudiera aportar beneficios a largo plazo en trabajos de parto con alto riesgo de distres fetal, no está contestado por la evidencia. La dificultad siempre ha sido identificar estos trabajos de parto de alto riesgo en forma adecuada. Como consecuencia de esta dificultad y de las limitaciones del MFE, es que ha aumentado en todos los lugares el uso de pruebas de admisión para tratar de identificar un posible subgrupo de embarazos "casi" normales que se podrían beneficiar del MFE durante el trabajo de parto. En los países desarrollados el procedimiento más utilizado es el MFE de admisión 3, con lo cual los trabajos de parto de bajo riesgo son monitorizados por un corto período de tiempo en el momento de la admisión a la sala de partos, y se realiza MFE continuo si se detectaran anormalidades en la frecuencia cardíaca fetal.

Esta conducta parece lógica ya que es barata, y la tecnología está disponible en la mayoría de las maternidades. Por otro lado, la transición entre la prueba de tamizaje y el MFE continuo es simplemente una continuación del MFE de admisión, que por sí mismo parece que continuará siendo el principal método de monitoreo de los embarazos de alto riesgo en el futuro inmediato. Sin embargo, lo mismo que en el caso de MFE continuo, esta práctica ha sido introducida mundialmente sin ser evaluada apropiadamente. Muchas veces se ha promovido la necesidad de investigaciones clínicas aleatorizadas (ICAs).1, 4, 5

La única ICA acerca de este tema, confirmó que el MFE de admisión provoca un aumento de cesáreas y de partos instrumentales sin mejorar los resultados neonatales 6. La medida de resultado primaria, sin embargo, fue pH en sangre de cordón menor de 7.20 con un déficit de base de más de 8 mmol/L, valores que son benignos en la mayoría de los casos7, y el tamaño de la muestra del estudio fue inadecuado para detectar una medida de resultado neonatal adverso clínicamente significativa.

Realizamos por lo tanto una ICA acerca de la eficacia del MFE de admisión en mujeres de bajo riesgo durante el trabajo de parto midiendo resultados maternos y neonatales. La hipótesis principal del estudio fue que la intervención reduciría la tasa de morbilidad neonatal grave en un 50%.


Métodos

Diseño y participantes

El estudio fue llevado a cabo en la sala de partos de la Maternidad Nacional de Dublín, Irlanda. Se obtuvo la aprobación del Comité de ética del hospital. Las mujeres fueron elegibles si se encontraban en trabajo de parto en el momento de la admisión y no recibirían, de acuerdo a la práctica habitual de la unidad, MFE continuo de rutina. Los criterios de inclusión fueron : embarazo único en una mujer que diera su consentimiento; menos de 42 semanas completas de gestación; no sospecha o evidencia de compromiso fetal antenatal; no tener historia obstétrica adversa; liquido amniótico claro; y temperatura materna de 37.5º o menor en el momento de la admisión.
Al igual que en el estudio de Dublín2, el trabajo de parto en las mujeres nulíparas fue manejado en forma activa. Los componentes principales de este manejo son: control personalizado con la partera, clases antenatales, diagnóstico temprano del trabajo de parto y amniotomía (con una dilatación cervical de 1-2 cm en mujeres nuliparas8), conducción temprana pero no necesariamente frecuente con ocitocina, participación del equipo médico con mayor experiencia y auditoria continua9. La cesárea por distress fetal se realizó solamente luego de la muestra de sangre de cuero cabelludo. Los resultados del análisis de sangre de cordón fueron revelados al neonatólogo solamente si eran solicitados; la acidosis sola, no fue una indicación de admisión en la unidad de cuidados neonatales.

Las mujeres fueron asignadas a recibir MFE de admisión o cuidado habitual (solamente auscultación intermitente) en una razón de uno a uno. La asignación fue realizada en el centro obstétrico por medio de sobres sellados, opacos y numerados secuencialmente. La secuencia de aleatorización fue obtenida de un paquete comercial y usó un bloque fijo de 100. Ésta se cambió luego que se reclutaron 2621 mujeres, y fue generada por la Unidad Nacional de Epidemiología Perinatal utilizando bloques de tamaño aleatorio de 100-250. Las participantes fueron reclutadas por la partera de admisión, que obtenía el consentimiento a participar del estudio, abría el sobre y asignaba a las pacientes.

Los reportes de las mujeres no reclutadas en el estudio fueron guardados en forma continua, incluyendo las indicaciones de no elegibilidad y no inclusión.

Intervenciones

Las mujeres elegibles que consintieron participar fueron aleatorizadas a recibir MFE de admisión durante 20 minutos o a recibir el cuidado usual (solamente auscultación intermitente) inmediatamente después de que se realizara la amniotomía temprana cuando la mujer ingresaba en el centro obstétrico con diagnóstico de trabajo de parto.

En el grupo de cuidado habitual, la auscultación intermitente se utilizó durante un minuto después de una contracción cada 15 minutos durante el primer estadio y cada 5 minutos durante el período expulsivo. El MFE fue utilizado posteriormente sólo si ocurría alguna de las siguientes situaciones: una desaceleración en la frecuencia cardiaca fetal o taquicardia persistente a la auscultación; líquido meconial o líquido con sangre abundante; temperatura materna de 38º o más; o trabajo de parto que durara más de 8 horas.

En el grupo asignado a MFE de admisión, el cardiotocograma era revisado por la partera luego de 20 minutos. El estudio era clasificado como normal si: la frecuencia cardíaca fetal basal era de 110-160 lpm, la variabilidad era de más de 5 latidos por minuto evaluada visualmente, las desaceleraciones estaban ausentes, y si había más de una aceleración5. El cuidado posterior fue igual al del grupo de cuidado habitual. Sin embargo, si estos criterios no estaban presentes, el monitoreo se continuaba hasta el parto.
A cada mujer que recibía control prenatal o los cursos antenatales, se le daba información acerca del estudio en forma oral y escrita. Al llegar al centro obstétrico se le entregaba a la mujer y su pareja (si estuviera presente) una hoja de información, y se les solicitaba el consentimiento.


Resultados

Los datos fueron recolectados en forma prospectiva por la partera asistente de investigación ; la partera que ingresaba la paciente no tomaba parte en la evaluación de los resultados ni en la recolección de los datos. Cuando un niño había sido admitido en la unidad de cuidado neonatal, los datos de resultado eran recolectados por un consultante neonatólogo. Todos los datos se ingresaban en Microsoft Access y fueron analizados utilizando el programa estadístico SPSS versión 9.0. Los datos fueron ingresados y la evaluación de los eventos neonatales fue realizada sin conocer la asignación.

El resultado primario fue un resultado compuesto de mortalidad - morbilidad moderada a severa. Este resultado fue definido como: muerte intraparto o muerte temprana de un niño (dentro de los 7 días) sin enfermedades congénitas; internación del niño en la unidad de cuidados neonatales debido a acidosis metabólica de sangre de cordón (definida como pH arterial menor de 7.05 o pH venoso debajo de 7.15 con un déficit de base mayor a 12 mmol/L), o si los resultados de los gases de sangre de cordón no estuvieran disponibles, un pH capilar en el momento de la admisión menor a 7.05; o cualquier de las siguientes situaciones: convulsiones neonatales, hipotonía que durara mas de 15 minutos, uso de inotrópicos, falla renal (definida como oliguria con una concentración de creatinina mayor a 100 µmol/L), o síndrome de aspiración de líquido meconial.

El análisis obtenido de una auditoria obstétrica del año anterior, mostró que la frecuencia del resultado primario era de alrededor del 1.5%.

Los resultados secundarios de bienestar fetal fueron: admisión en la unidad neonatal y duración de la estadía, pH medio arterial y venoso y déficit de base y scores de Apgar. Los resultados secundarios maternos fueron: uso continuo de MFE y muestra de sangre fetal, tasas de cesárea, parto instrumental y episiotomía, y pérdida media estimada de sangre.

Análisis Estadístico

Para detectar con un poder del 90% una reducción del 50% en la morbilidad neonatal grave (de 1.5% con el uso de una política habitual a 0.75% con el MFE de admisión) calculamos que se necesitaba un tamaño muestral de 8.300 mujeres (a=0.05). Luego que se reclutaron 5000 mujeres, los resultados se analizaron en forma independiente y fueron revisados por un comité de monitoreo de datos, integrado por un investigador, un obstetra y un neonatólogo.

El protocolo del estudio estableció que el análisis se haría por intención de tratamiento, de tal manera que todas las mujeres se analizarían en el grupo al cual fueron asignadas independientemente de la intervención recibida. Se realizó un análisis de sub-grupo a-priori de acuerdo a si el MFE de admisión era usado o no en mujeres de 37 semanas completas o más y en aquéllas que estuvieron en trabajo de parto por menos de 5 horas. Se realizó un análisis de subgrupo exploratorio en mujeres que no habían recibido analgesia epidural ni ocitocina. Los riesgos relativos de las medidas de resultado en el grupo de MFE de admisión se calcularon con un IC del 95% para el análisis principal y un IC del 99% para el análisis de subgrupo.


Resultados

Entre agosto de 1997 y Abril de 2001 fueron reclutadas 8628 mujeres. Las pérdidas en el seguimiento fueron de 0.5% (22 mujeres) en el grupo de MFE y 0.6% (26 mujeres) en el grupo de cuidado habitual. Se analizaron finalmente 8580 mujeres. En el grupo asignado al manejo habitual, el 0.4% de las mujeres recibieron MFE de admisión. De aquéllas asignadas a MFE, en el 1.0% no se llevó a cabo el procedimiento y el 68% de los monitoreos en este grupo fueron clasificados como normales.

No hubo diferencias entre los grupos para el resultado primario de morbimortalidad neonatal (riesgo relativo 1.01 (IC 95% 0.70-1.47).
De los 6 niños que murieron dentro de los 7 días, 5 tuvieron anormalidades congénitas graves.

No hubo diferencias entre los grupos en ninguno de los resultados secundarios y los valores medios de pH venoso y arterial fueron casi idénticos en ambos grupos. Para los resultados maternos, más mujeres en el grupo de MFE de admisión tuvieron un MFE continuo y una o más muestras de sangre de cuero cabelludo intraparto comparado con el grupo de cuidado habitual. Las tasas de cesárea, parto instrumental y episiotomía no difirieron entre los grupos, aunque todas las intervenciones fueron apenas más frecuentes en el grupo de MFE de admisión que en el grupo de cuidado habitual.

De las 8517 mujeres con 37 o más semanas de gestación, 4250 (49.9%) fueron asignadas a cuidado habitual y 4267 (50.1%) fueron asignadas a MFE de admisión. En este subgrupo de término, no hubo diferencias en la frecuencia del resultado primario (55 versus 52, riesgo relativo 1.05; IC del 95% 0.64-1.73), cesárea (1.14; IC95% 0.86-1.50) o parto instrumental (1.03; 0.88-1.21).

Los análisis de subgrupos tampoco mostraron diferencias significativas entre los grupos para el resultado primario. Aunque las tasas de cesárea y de parto instrumental fueron más altos para el grupo de MFE, estas diferencias no fueron significativas para un IC del 99%.


Discusión

Nuestros resultados sugieren que no está justificado el uso del MFE de admisión, en el comienzo del trabajo de parto en embarazos considerados normales, a pesar de ser una práctica ampliamente utilizada.

El MFE de admisión tuvo dos roles potenciales. Primero, podría actuar como una prueba de stress para un feto que podría estar hipóxico durante el trabajo de parto. Segundo, podría detectar y acelerar el parto de fetos que estuvieran crónicamente hipóxicos4. Un análisis previo11 de 21 muertes intraparto en fetos únicos de término mostró que de 7 fetos que tuvieron un MFE de admisión reactivo, todos menos uno murieron. En nuestro estudio, un niño sin malformaciones murió en el grupo de cuidado habitual, y no tenemos poder suficiente para detectar de que la terminación temprana del embarazo de este niño, en el momento de la admisión en el centro obstétrico hubiera sido beneficiosa. La identificación de un MFE de admisión anormal, no implica prevención de ningún resultado adverso asociado; por otro lado, puede no ayudar en muchos casos12.

Un MFE no reactivo u ominoso, tiene también un modesto valor predictivo para resultados menos fuertes como asfixia leve, diagnóstico de distres fetal, y parto operatorio12,13, particularmente en las próximas horas que siguen al estudio. Estos son resultados benignos; nuestros datos no soportan una prevención potencial aun de esos resultados.

Contrariamente a lo mostrado por Mires y colaboradores6, no encontramos un aumento significativo de parto operatorio con el MFE de admisión. La muestra de sangre de cuero cabelludo reduce la tasa de falsos-positivos asociada con el MFE continuo, y nuestra alta tasa de muestreo (9.4%) podría explicar por qué no vemos un aumento en el parto operatorio. La baja tasa de cesárea intraparto (3.9%) podría también estar explicada por esto. En vistas de la asociación entre el MFE continuo y la cesarea1, el efecto potencial en esos partos todavía permanece siendo una preocupación.. Nuestro análisis tiene varias limitaciones. Los criterios de exclusión del estudio reducen la aplicabilidad de nuestros hallazgos. Estos criterios, y las causas del no reclutamiento, están documentados. La proporción de pacientes elegibles reclutados fue alta.

Primero, a las mujeres del estudio se les practicó amniotomía precoz al ingresar al centro obstétrico, por lo cual podemos solamente concluir que el MFE de admisión no es útil en mujeres que tenían líquido amniótico claro. El mismo argumento, sin embargo puede plantearse acerca de la evidencia del MFE continuo durante el trabajo de parto; en el estudio más frecuentemente citado sobre esta forma de monitoreo2, las mujeres participantes habían tenido también amniotomía temprana y aquéllas con liquido meconial o sin líquido fueron excluidas. Este hecho es rara vez mencionado cuando se cita la evidencia sobre MFE continuo.

Segundo, los trabajos de parto sin manejo activo o sin amniotomía temprana podrían mostrar resultados diferentes. En este protocolo, contrariamente a lo que sucede en muchos centros, la conducción con ocitocina y la analgesia epidural no son indicación automática de MFE. Sin embargo, el estudio de Dublín 2 usó un protocolo similar, y en nuestro análisis del subgrupo de 3038 mujeres que no recibieron conducción con ocitocina ni analgesia epidural, el MFE de admisión no tuvo efecto en el resultado primario. Por cierto, los valores de pH en sangre de cordón fueron casi idénticos en los dos grupos del estudio.

Tercero, incluimos algunos trabajos de parto de pretérmino. Las 8517(99.3%) mujeres de término, sin embargo, representaban más del tamaño muestral necesario calculado, y el análisis de subgrupo a-priori confirmó que los hallazgos eran aplicables a los embarazos de término.

Cuatro, una alta proporción de MFE de admisión fueron clasificados como anormales por la partera. Esta proporción (32%) fue más alta que en el estudio previo6 y que en las cohortes estudiadas por Ingemarrsson y colaboradores12, lo cual indica que existe una interpretación muy variable sobre el MFE, aun cuando se establecen criterios estrictos para esta evaluación; problema ampliamente reconocido 14. Un análisis experto del MFE raramente está disponible en todos los trabajos de parto, y aunque una tasa más baja de MFE anormales podría reforzar cualquier asociación con resultados neonatales adversos, esto no alteraría los resultados neonatales.

Finalmente, al igual que en otros estudios sobre este tema, nuestro tamaño muestral es insuficiente para sacar conclusiones sobre resultados a largo plazo. Está planeado un seguimiento, lo mismo que en el estudio de Dublín2. Sin embargo las discapacidades físicas o neurológicas a largo plazo, raramente están asociadas con la acidosis fetal intraparto15. Por lo tanto, aunque los patrones anormales del MFE se relacionan con acidosis durante el trabajo de parto16, el MFE continuo tiene un uso limitado para la prevención 1 y aun para la predicción de parálisis cerebral17. Nosotros vemos que no existe ningún motivo por el cual esta opinión no pueda ser aplicada al MFE de admisión. El MFE no aumentó la frecuencia de cesáreas ni de parto instrumental en esta población para quienes se implementó habitualmente el muestreo sanguíneo. Sin embargo, tampoco mejoró los resultados neonatales, ya sea ayudando a identificar los trabajos de parto con riesgo de presentar asfixia intraparto que podrían beneficiarse con el MFE, o identificando el niño comprometido. Nuestra alta tasa de MFE de admisión anormales refleja, como señalan Mires y colaboradores, la ansiedad del que atiende el parto6.

Debido a que el MFE detecta con exactitud la acidosis, que es una rara causa de resultados adversos neonatales graves, mejorar la selección de las mujeres de alto riesgo de acidosis, o mejorar la interpretación del MFE, puede producir solamente pequeños beneficios. El trabajo de parto podría tener sin embargo otros efectos adversos. La fiebre durante el trabajo de parto es un importante factor de riesgo de encefalopatía 18y de parálisis cerebral 19, y la infección no parece ser la total responsable de esta asociación. El análisis de estas asociaciones sobre una posible respuesta inflamatoria podría ser de más utilidad que continuar haciendo más estudios sobre el uso del MFE.

Referencias

1. Thacker SB, Stroup D, Chang M. Continuous electronic heart rate monitoring for fetal assessment during labor (Cochrane Review). In: The Cochrane Library, Issue 4, 2001. Oxford: Update Software.

2 MacDonald D, Grant A, Sheridan-Periera M, Boylan P, Chalmers I. The Dublin randomized controlled trial of intrapartum fetal heart rate monitoring. Am J Obstet Gynecol 1985; 152: 524-39.

3 Phelan J. Labor admission test. Clin Perinatol 1994; 21: 879-85.

4 Pello LC, Dawes GS, Smith J, Redman CWG. Screening of the fetal heart rate in early labour. Br J Obstet Gynaecol 1988; 95: 1128-36.

5 National Institute for Clinical Excellence. The use of electronic fetal monitoring. Inherited Clinical Guideline C. London: National Institute for Clinical Excellence, 2001.

6 Mires G, Williams F, Howie P. Randomised controlled trial of cardiotocography versus Doppler auscultation of the fetal heart at admission in labour in low risk obstetric population. BMJ 2001; 322: 1457-62.

7 Ruth VJ, Raivio KO. Perinatal brain damage: predictive value of metabolic acidosis and the Apgar score. BMJ 1988; 297: 24-27

8 Impey L, Hobson J, O'Herlihy C. The graphic analysis of active management of labor: prospective computation of labor progress in 500 consecutive nulliparous women in spontaneous labor at term.
Am J Obstet Gynecol 2000; 183: 438-43.

9 Impey L, Boylan P. Active management of labour revisited. Br J Obstet Gynaecol 1999; 106: 183-87.

10 Swinscow T. Statistics at square one, 9th edn. London: BMJ Publishing Group, 1996.

11 Golditch BD, Ahn MO, Phelan JP. The fetal admission test and intrapartum fetal death. Am J Perinatol 1998; 15: 273-76.

12 Ingemarsson I, Arulkumaran S, Ingemarsson E, Tabyraja RL, Ratnam SS. Admission test: a screening test for fetal distress in labor. Obstet Gynecol 1986; 68: 800-06.

13 Blix E, Oian P. Labor admission test: an assessment of the test's value as screening for fetal distress in labor. Acta Obstet Gynecol Scand 2001; 80: 738-43.

14 Confidential Enquiry into Stillbirths and Deaths in Infancy: 7th Annual Report, 2000. London: Stationery Office, 2000.

15 Steer P, Eigbe F, Lissauer T, Beard R. Interrelationships among abnormal cardiotocograms in labor, meconium staining of the amniotic fluid, arterial cord blood pH and Apgar scores. Obstet Gynecol 1989; 74: 715-21.

16 Nelson KB, Dambriosa JM, Ting TY, Grether JK. Uncertain value of electronic fetal monitoring in predicting cerebral palsy. N Engl J Med 1996; 334: 613-18.

17 Blair E, Stanley F. Intrapartum asphyxia: a rare cause of cerebral palsy. J Pediatr 1988; 112: 515-19.

18 Impey L, Greenwood C, MacQuillan K, Reynolds M, Sheil O. Maternal fever and neonatal encephalopathy: a prospective cohort study. Br J Obstet Gynaecol 2001; 108: 594-97.

19 Grether J, Nelson K. Maternal infection and cerebral palsy in infants of normal birth weight. JAMA 1997; 278: 207-11.

Fuente

Boletín Novedades del ClAP
Número 26 - Febrero de 2003

 

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