Depresión:
Lo Que Toda Mujer Debe Saber
La vida está
llena de altas y bajas. Pero cuando las "bajas" duran demasiado o afectan su capacidad
para desempeñarse en su rutina diaria, es posible que usted tenga una enfermedad
común, pero muy seria: depresión. La depresión clínica afecta su estado de ánimo,
su condición mental y física, y su comportamiento. En EE.UU. se han realizado
estudios que demuestran que cada año aproximadamente 19 millones de personas--uno
de cada diez adultos--sufren de depresión. Casi un 60% de esas personas no obtienen
la ayuda que necesita.9 Con tratamiento, se alivian los síntomas en
más de un 80% de los casos. Sin embargo, como a menudo pasa desapercibida, la
depresión sigue siendo una causa de sufrimiento innecesario. La
depresión es una enfermedad incapacitante. Ocurre tanto en mujeres como en varones,
pero la tasa de incidencia en la mujer es casi el doble que en el hombre.1
Actualmente, se siguen realizando estudios para investigar si las características
particulares de la mujer--factores biológicos, ciclo de vida, aspectos psicosociales--pueden
ser causas de la alta incidencia de depresión en las mujeres. La
depresión afecta a cada persona de una manera diferente. Muchas personas solamente
manifiestan algunos de los síntomas, los que pueden variar en severidad y duración.
Para algunos, los síntomas se manifiestan en episodios cortos; para otros, los
síntomas pueden durar por mucho tiempo si no se obtiene tratamiento. Tener algunos
síntomas de depresión no significa que una persona está deprimida clínicamente.
Por ejemplo, es normal que quien haya perdido un ser querido se sienta triste
y no muestre interés en las actividades cotidianas. Si estos síntomas persisten
por un período largo, entonces se puede sospechar que la tristeza se ha convertido
en depresión. De igual manera, vivir con el estrés de la posibilidad de perder
el empleo, de exceso de trabajo, o de problemas económicos o familiares, puede
causar irritabilidad y "bajas" en el estado de ánimo. Hasta cierto punto, sentirse
así es simplemente parte de la vida. Pero si la persona siente estas cosas por
mucho tiempo y con mayor intensidad, y llega a afectarse también su vida cotidiana,
entonces lo que parecía ser un cambio en estado de ánimo puede haberse convertido
en una condición clínica. - En
la depresión grave, a veces conocida como depresión unipolar o clínica,
las personas tienen algunos o todos los síntomas mencionados abajo por al menos
2 semanas. Con frecuencia los tienen por varios meses o más. Los episodios de
la enfermedad pueden ocurrir una, dos, o varias veces en el transcurso de la vida
de una persona.
- En
la distimia (o depresión "menor"), los mismos síntomas están presentes
de manera más leve, y duran por lo menos 2 años. Las personas con distimia a menudo
están faltos de ánimo y entusiasmo por la vida, y viven una existencia sin júbilo
y energiá que casi parece ser una extensión natural de su personalidad. También
pueden sufrir de episodios de depresión grave.
- La
enfermedad maniáco-depresiva, o trastorno bipolar, no es tan común
como las otras formas de depresión. Se caracteriza por períodos de depresión que
alternan con períodos de manía. Durante los episodios de manía, las personas pueden
tornarse hiperactivas, eufóricas, e irritables. Pueden malgastar dinero y hasta
involucrarse en conducta sexual inapropiada. En algunas personas, con los episodios
depresivos se alterna una forma más leve de manía, conocida como hipomanía. A
diferencia de otros trastornos afectivos, las mujeres y los hombres tienen la
misma vulnerabilidad a sufrir del trastorno bipolar; sin embargo, las mujeres
con trastorno bipolar tienden a tener más episodios de depresión y menos episodios
de manía o hipomanía.5
Si
de tres a cinco o más de los siguientes síntomas persisten por más de 2 semanas
(1 semana en el caso de la manía), o si interfieren con el trabajo o la vida familiar,
el paciente debe obtener una evaluación diagnóstica exhaustiva. Esta evaluación
debe incluir un examen físico completo y la historia familiar. No todas las personas
con depresión manifiestan todos estos síntomas. La severidad de los síntomas varía
de persona a persona. Depresión
- Estado de ánimo
de tristeza persistente, ansiedad o "vacío"
- Pérdida
de interés o placer en actividades que antes disfrutaba, incluso las relaciones
sexuales
- Inquietud,
irritabilidad o llanto excesivo
- Sentimientos
de culpa, de no valer nada, de impotencia, desesperanza y pesimismo
- Dormir
demasiado o muy poco, levantarse muy temprano en la mañana
- Pérdida
de apetito o peso, o ingesta excesiva de comidas y aumento de peso
- Disminución
de energía, fatiga, sensación de estar "en cámara lenta"
- Pensamientos
de muerte o suicidio, o intentos de suicidio
- Dificultad
para concentrarse, recordar o tomar decisiones
- Síntomas
físicos persistentes que no responden al tratamiento, tales como dolores de cabeza,
trastornos digestivos y dolor crónico
Manía
- Estado de ánimo
exaltado de manera anormal, euforia excesiva
- Irritabilidad
- Menor necesidad
de dormir
- Delirio
de grandeza
- Hablar
demasiado, rápido, o sin parar
- Pensamientos
descontrolados
- Aumento
de la actividad, incluso la de tipo sexual
- Marcado
aumento en energía
- Poco
sentido común que lleva a comportamientos riesgosos
- Conducta
social inadecuada
Factores
genéticos Existe
un mayor riesgo de padecer de depresión clínica cuando hay una historia familiar
de la enfermedad, lo que indica que se puede haber heredado una predisposición
biológica. Este riesgo es algo mayor para las personas con trastorno bipolar.
Sin embargo, no todas las personas que tienen una historia familiar tendrán la
enfermedad. Además, la depresión grave también puede ocurrir en personas que no
tienen ninguna historia familiar de la enfermedad. Esto sugiere que hay factores
adicionales que pueden causar la depresión, ya sean factores bioquímicos, o ambientales
que producen estrés, y otros factores psicosociales. Factores
bioquímicos Se
ha demostrado que la bioquímica del cerebro juega un papel significativo en los
trastornos depresivos. Se sabe, por ejemplo, que las personas con depresión grave
típicamente tienen desequilibrios de ciertas substancias químicas en el cerebro,
conocidas como neurotransmisores. Además, los patrones de sueño, que se ven afectados
por la bioquímica del organismo, son generalmente diferentes en las personas que
tienen trastornos depresivos. La depresión puede ser inducida o aliviada con ciertos
medicamentos, y algunas hormonas pueden alterar los estados de ánimo. Lo que aún
no se sabe es si el "desequilibrio bioquímico" de la depresión tienen un origen
genético o es producido por estrés, por un trauma, o por una enfermedad física
u otra condición ambiental. El
ambiente y otros factores de estrés Los
siguientes se han definido como factores que contribuyen a la depresión: la pérdida
de un ser querido, problemas en una relación, problemas económicos, o un cambio
significativo en la vida. A veces el comienzo de la depresión ha sido asociado
con el de una enfermedad física aguda o crónica. Además, aproximadamente una tercera
parte de las personas con cualquier tipo de trastorno depresivo también exhiben
de alguna manera un trastorno de alcoholismo o farmacodependencia.7
Otros factores
psicológicos y sociales Las
personas con ciertas características tales como pesimismo, baja autoestima, sensación
de falta de control sobre las circunstancias de la vida y tendencia a la preocupación
excesiva son más propensas a padecer de depresión. Estos atributos pueden resaltar
el efecto de las situaciones de estrés o interferir con la capacidad de enfrentarlas
o reponerse de las mismas. La crianza y las expectativas relacionadas con el sexo
femenino pueden contribuir al desarrollo de estos rasgos. Aparentemente, los patrones
de pensamiento negativo típicamente se establecen en la niñez o adolescencia.
Algunos expertos han sugerido que la crianza tradicional de las niñas puede fomentar
estos rasgos y posiblemente es un factor determinante en la alta incidencia de
depresión en la mujer. El
número de mujeres que sufren de depresión grave y distimia es el
doble que el de los hombres. Esta proporción de dos a uno no depende de factores
raciales o culturales ni de la situación económica. La misma proporción existe
en otros diez países del mundo.11 El mismo número de hombres y mujeres
padecen de trastorno bipolar (maniaco-depresión), pero las mujeres
típicamente tienen más episodios depresivos y menos episodios de manía. Asimismo,
un número mayor de mujeres padece de una variedad de ciclos rápidos del trastorno
bipolar, que puede ser más resistente al tratamiento estándar.5
Se sospecha que una variedad
de factores únicos en la vida de la mujer juegan un papel muy importante en la
depresión. La investigación hoy en día se concentra en entender estos factores,
que incluyen: factores reproductivos, hormonales, genéticos o biológicos; el maltrato
y la opresión; factores interpersonales; y ciertas características psicológicas
y de personalidad. Aun así, las causas específicas de la depresión en la mujer
no son claras, ya que muchas mujeres que han sido expuestas a estos factores no
sufren de depresión. Lo que sí está claro es que independientemente de los factores
que contribuyen a la misma, la depresión es una enfermedad para la cual disponemos
de varios tratamientos eficaces. Los
investigadores se están concentrando en las siguientes áreas al estudiar la depresión
en la mujer: Adolescencia
Antes de la adolescencia,
casi no hay diferencia en la incidencia de depresión entre los niños y las niñas.
Pero entre las edades de 11 y 13 años hay un alza precipitada en la incidencia
de depresión en las niñas. Al llegar a los 15 años, las mujeres tienen una probabilidad
dos veces mayor que los varones de haber experimentado un episodio depresivo serio.2
Esto ocurre en un momento durante la adolescencia en el que los roles y las expectativas
cambian drásticamente. Los factores de estrés durante la adolescencia incluyen
la formación de una identidad, la sexualidad en desarrollo, la separación del
adolescente de los padres, y la toma de decisiones por primera vez. Todo esto
se suma a otros cambios físicos, intelectuales y hormonales. Estos factores de
estrés son generalmente diferentes para los varones, y en las mujeres pueden estar
relacionados con la mayor incidencia de depresión. Hay estudios que demuestran
que durante el bachillerato las niñas tienen tasas de incidencia más altas de
depresión, trastornos de ansiedad, trastornos de alimentación, y trastornos de
desajuste emocional que los varones. Los hombres, por otro lado, presentan una
tasa más alta de trastornos de comportamiento disruptivo.6 Edad
adulta: Relaciones interpersonales y roles en el trabajo El
estrés en general puede contribuir a la depresión en las personas que estan predispuestas
biológicamente a la enfermedad. Algunos investigadores proponen la teoría de que
la alta incidencia de depresión en la mujer no se debe a una mayor vulnerabilidad,
sino a las situaciones de estrés que muchas mujeres enfrentan. Estos factores
de estrés incluyen las responsabilidades primordiales en el hogar y el trabajo,
ser madre soltera, el cuidado de los niños y padres ancianos. No se entiende todavía
del todo de que manera estos factores afectan específicamente a la mujer. Tanto
en las mujeres como en los hombres, la incidencia de depresión grave es mayor
para los separados y divorciados, y menor para los casados; pero mayor para las
mujeres en ambos casos. La calidad de un matrimonio, sin embargo, puede contribuir
significativamente a la depresión. Se ha demostrado que la falta de una relación
de intimidad y confianza, en combinación con problemas maritales graves, están
relacionados con la depresión en la mujer. De hecho, se demostró que las tasas
de incidencia de depresión más altas son en las mujeres con matrimonios infelices.
Acontecimientos
relacionados con la sexualidad femenina Estos
incluyen el ciclo menstrual, el embarazo, el puerperio, la infertilidad, la menopausia
y, a veces, la decisión de no tener hijos. Estos acontecimientos causan fluctuaciones
en el estado de ánimo y en algunas mujeres incluye la depresión. Los investigadores
han confirmado que las hormonas afectan las substancias químicas del cerebro que
controlan las emociones y los estados de ánimo. No se conoce hasta el momento,
sin embargo, ningún mecanismo biológico específico que explique la acción de las
hormonas en este proceso. Muchas
mujeres experimentan ciertos cambios físicos y de comportamiento asociados con
las distintas fases del ciclo menstrual. En algunas mujeres, estos cambios son
severos, ocurren regularmente, e incluyen estados de depresión, irritabilidad,
y otros cambios emocionales y físicos. Estos cambios, conocidos como síndrome
premenstrual o trastorno disfórico premenstrual, típicamente comienzan
luego de la ovulación y gradualmente se intensifican hasta que comienza la menstruación.
Los científicos están explorando cómo el ciclo de altas y bajas, en la concentración
del estrógeno y otras hormonas, pueden afectar los procesos químicos del cerebro
relacionados específicamente con los trastornos depresivos.10
Las fluctuaciones
en el estado de ánimo durante el puerperio pueden variar desde "bajas"
pasajeras del estado de ánimo que ocurren inmediatamente después del parto, hasta
episodios de depresión grave que se transforman en depresiones severas, discapacitantes
y psicóticas. Hay estudios que sugieren que las mujeres que experimentan depresión
grave luego del parto a menudo han tenido episodios previos de depresión, aunque
éstos pueden no haber sido diagnosticados y la paciente no haber recibido tratamiento.
El embarazo
(si es deseado) raramente es un factor contribuyente a la depresión, y el aborto
no parece aumentar la incidencia de la depresión. Las mujeres que tienen problemas
de infertilidad pueden experimentar extrema ansiedad o tristeza, pero no se ha
determinado si esto contribuye al aumento de la incidencia de la depresión. Además,
la etapa de ser madre puede ser una de alto riesgo para la depresión por el estrés
y las exigencias que conlleva. La
menopausia, en general, no representa un aumento en el riesgo de
la depresión. De hecho, hay estudios que han demostrado que la depresión durante
la menopausia, aunque anteriormente se consideró como un trastorno específico,
no es diferente a la de otras edades. Las mujeres más propensas a sufrir de depresión
durante esta etapa son aquellas con un historial de episodios depresivos previos.
Consideraciones
culturales En
cuanto a la depresión en general, la tasa prevalente de depresión entre las mujeres
de origen africano e hispano sigue siendo el doble de la de los hombres del mismo
origen. Hay ciertos factores, sin embargo, que indican que la depresión grave
y la distimia probablemente se diagnostican con menos frecuencia en las mujeres
afroamericanas y con un poco más frecuencia en las hispanas que en las mujeres
caucásicas. La información de prevalencia para otros grupos raciales y étnicos
no es definitiva. Los
síntomas se pueden presentar de manera distinta, y esto puede influir el que se
reconozca y diagnostique la depresión en las minorías. Por ejemplo, los afroamericanos
son más propensos a quejarse de síntomas somáticos, como el cambio de apetito
y los malestares y dolores en el cuerpo. Además,
la manera en que las personas perciben los síntomas de la depresión depende de
su cultura. Tales factores deben ser considerados al trabajar con mujeres de distintos
orígenes étnicos. Victimización
Hay estudios que
demuestran que las mujeres que fueron acosadas o maltratadas sexualmente en su
niñez tienden más a sufrir de depresión clínica en algún momento de su vida en
comparación con las que no tuvieron esa experiencia. Además, varios estudios muestran
una mayor incidencia de depresión entre las mujeres que fueron violadas en la
adolescencia o en la edad adulta. Estas observaciones son muy importantes, ya
que más mujeres que hombres han sido víctimas del abuso sexual en la niñez. Las
mujeres que han sido víctimas de otras formas comunes de maltrato, como el maltrato
físico o el acoso sexual en el trabajo, pueden también tener una mayor incidencia
de depresión. El maltrato puede llevar a la depresión porque baja la autoestima
y causa tristeza, culpabilidad y aislamiento social. Es posible que existan factores
de riesgo para la depresión de tipo biológico y ambiental, como la crianza en
una familia disfuncional. Se necesita más investigación para entender si la victimización
está específicamente ligada a la depresión. Pobreza
Las mujeres y los
niños representan el setenta y cinco porciento de la población que vive en situación
de pobreza en los EE.UU. La pobreza trae consigo muchos factores de estrés como
el aislamiento, la incertidumbre, los acontecimientos negativos frecuentes y el
poco acceso a los recursos de ayuda. La tristeza y la falta de entusiasmo son
comunes entre las personas de ingresos bajos y entre aquéllas que no tienen apoyo
social. Pero las investigaciones no han establecido todavía si la depresión es
más prevalente entre las personas que enfrentan estos factores ambientales de
estrés. La depresión
en la tercera edad Hace
algún tiempo, se pensaba que las mujeres eran particularmente susceptibles a la
depresión cuando los hijos se iban de la casa y ellas enfrentaban el "síndrome
del nido vacío", sintiendo una pérdida profunda de propósito e identidad. Sin
embargo, los estudios científicos no demuestran un aumento de depresión en las
mujeres en esta etapa de la vida. Al
igual que en los grupos más jóvenes, más mujeres que hombres padecen de depresión
en la vejez. Similarmente, en todas las edades, el no estar casado (incluyendo
la viudez) es un factor de riesgo para la depresión. Lo más importante es que
la depresión no se debe considerar como una consecuencia normal de los problemas
físicos, sociales y económicos que se enfrentan en la tercera edad. De hecho,
hay estudios que muestran que la mayoría de las personas adultas se sienten satisfechas
con su vida. Aproximadamente
800,000 personas quedan viudas cada año. En su mayoría estas personas son mujeres
de mayor edad, y presentan un cuadro de síntomas depresivos bien variado. La mayoría
no necesita tratamiento, pero aquellas con tristeza moderada o severa parecen
mejorarse al asistir a grupos de apoyo o recibir otros tratamientos psicosociales.
Sin embargo, una tercera parte de las personas viudas, sean hombres o mujeres,
tienen un episodio de depresión grave en el primer mes luego de la muerte del
cónyuge, y la mitad de éstas permanecen clínicamente deprimidas por un año. Estos
trastornos depresivos responden al tratamiento con antidepresivos, pero todavía
se está investigando cuándo es el mejor momento para comenzar la terapia y cómo
se deben combinar los medicamentos con tratamientos psicosociales. 4,8
Hasta
la depresión grave responde muy bien al tratamiento. De hecho, parte de la sensación
de desamparo que acompaña la depresión grave es pensar que la condición que uno
tiene es "incurable". A las personas que así piensen se les debe proporcionar
la información disponible sobre la eficacia de los tratamientos modernos de una
manera que se reconozca el escepticismo que sienten. Al igual que con cualquier
otra enfermedad, mientras más pronto se comienza el tratamiento, más eficaz puede
ser y es más alta la probabilidad de prevenir recaídas graves. Claro está, el
tratamiento no elimina los inevitables factores de estrés de la vida, ni las altas
y bajas. Pero ayuda muchísimo a la capacidad de enfrentar esos desafiós y logra
que se disfrute más de la vida. El
primer paso en el tratamiento de la depresión debe ser un examen físico completo
para asegurarse que no existe ninguna condición física que cause los síntomas
depresivos. Ciertos medicamentos tienen efectos secundarios que son iguales a
los síntomas de la depresión, por lo que se debe informar al médico sobre cualquier
medicamento que el paciente esté tomando. Si no se descubre causa física alguna
de la depresión, entonces el médico debe conducir una evaluación psicológica o
remitir el paciente a un profesional de la salud mental. Tratamientos
para la depresión Los
tratamientos más comúnmente usados para la depresión son los antidepresivos, la
psicoterapia, o una combinación de ambos. La naturaleza y severidad de la depresión,
y hasta cierto punto la preferencia individual, determinarán cuál de estas opciones
de tratamiento es la apropiada. Para la depresión leve o moderada, uno o ambos
de estos tratamientos pueden ser beneficiosos. Mientras que para la depresión
grave o discapacitante se recomienda como primer paso el uso de medicamentos.3
En el tratamiento combinado, los medicamentos pueden aliviar los síntomas rápidamente,
mientras que la psicoterapia le enseña a la persona maneras más eficaces de enfrentar
los problemas. Medicamentos
Existen varios tipos
de antidepresivos que se usan en el tratamiento de los trastornos depresivos.
Entre estos se encuentran medicamentos nuevos, principalmente los inhibidores
selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), los antidepresivos tricíclicos
y los inhibidores de la monoamina oxidasa (IMAO). Los ISRS y demás medicamentos
nuevos que afectan los neurotransmisores, como la dopamina o noradrenalina, generalmente
tienen menos efectos secundarios que los antidepresivos tricíclicos. Cada uno
toma distintas rutas químicas al cerebro que están relacionadas con los estados
de ánimo. Los antidepresivos no son adictivos. Aunque algunas personas
se sienten mejor en las primeras semanas del tratamiento, los antidepresivos tienen
que tomarse con regularidad por al menos 4 semanas, en algunos casos por 8, antes
de que su efecto terapéutico sea completo. Para ser eficaces y prevenir una recaída,
los medicamentos tienen que tomarse durante 6 a 12 meses, siguiendo cuidadosamente
las instrucciones del médico. La administración de medicamentos debe vigilarse
de cerca para asegurar que el paciente esté tomando la dosis más eficaz y para
minimizar los efectos secundarios. En el caso de las personas que han tenido ya
varios episodios de depresión, la manera más eficaz de prevenirlos es mediante
tratamiento con antidepresivos a largo plazo. El
médico que receta el medicamento le dará al paciente la información sobre los
posibles efectos secundarios y, en el caso de los IMAO, sobre las restricciones
de la dieta y de otros medicamentos. Además, hay que tomar en cuenta cualquier
otro medicamento recetado o de venta libre, o suplementos alimentarios que el
paciente esté tomando, porque algunos de estos pueden causar una reacción negativa
al tomarse juntos con un antidepresivo. También pueden haber restricciones durante
el embarazo. Para
el trastorno bipolar, el tratamiento preferido por muchos años ha sido el litio.
Este puede ser muy eficaz para regular las fluctuaciones de ánimo que son típicas
de este padecimiento. Su uso debe ser cuidadosamente vigilado porque un pequeño
cambio puede tornar una dosis eficaz en una dosis tóxica. Sin embargo, el litio
no se debe usar si la persona tiene una enfermedad de la tiroides o el hígado,
si padece del corazón o si sufre de epilepsia. Afortunadamente, se han encontrado
otros medicamentos que ayudan a controlar las fluctuaciones en el estado de ánimo.
Entre estos hay dos anticonvulsivantes que controlan el ánimo, la carbamacepina
(Tegretol®) y el ácido valproico (Depakote®). Estos dos
medicamentos han sido ampliamente aceptados en la práctica clínica, y el ácido
valproico ha sido aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de
los EE.UU. (FDA) como el principal tratamiento de la manía aguda. Los médicos
deben supervisar cuidadosamente el tratamiento para niñas que toman ácido valproico,
porque algunos estudios indican que éste puede interferir con la función de las
hormonas en las adolescentes. Otros anticonvulsivantes que se usan hoy en día
son la lamotrigina (Lamictal®) y la gabapentina (Neurontin®).
Sus posiciones en la jerarquía de tratamientos del trastorno bipolar siguen bajo
estudio. La mayoría
de las personas que sufren del trastorno bipolar toman más de un medicamento.
Además del litio y/o un anticonvulsivante, a menudo toman otro medicamento para
aliviar los síntomas de agitación, ansiedad, insomnio o depresión. Algunos estudios
indican que cuando un antidepresivo se toma sin tomar otro medicamento que estabilice
el estado de ánimo, se aumenta el riesgo de que se induzca un estado de manía
o de hipomanía. También hay un riesgo mayor de que la persona desarrolle un trastorno
bipolar de ciclo rápido. Es de vital importancia para el paciente encontrar la
mejor combinación posible de estos medicamentos y esto requiere una vigilancia
muy de cerca por parte del médico. Hierbas
medicinales En
los últimos años, ha surgido un gran interés en el uso de hierbas para el tratamiento
de la depresión y la ansiedad. La hierba de San Juan, o Corazoncillo (Hypericum
perforatum) es una hierba que se usa mucho como tratamiento para la depresión
leve o moderada en Europa y que recientemente ha llamado la atención del público
estadounidense. La planta, que es un pequeño y atractivo arbusto de flores amarillas,
se ha usado por muchos siglos en remedios caseros y naturales. En Alemania actualmente
se usa el Hypericum más que cualquier otro antidepresivo en el tratamiento
de la depresión. Sin embargo, los estudios científicos que se han realizado sobre
su uso han sido a corto plazo y se han basado en un número de dosis diferentes.
En respuesta al interés
en la hierba de San Juan, los Institutos Nacionales de la Salud de EE.UU. (NIH)
están conduciendo un estudio de 3 años, auspiciado por tres de sus miembros: el
Instituto Nacional de la Salud Mental, el Instituto Nacional para la Medicina
Complementaria y Alternativa, y la Oficina de Suplementos Alimentarios. El diseño
del estudio incluye a 336 pacientes con depresión grave, asignados al azar a uno
de tres tratamientos, los cuales duran 8 semanas. Una tercera parte de los pacientes
recibirá una dosis fija de la hierba de San Juan, una tercera parte tomará un
medicamento ISRS de uso común para la depresión, y la otra tercera parte tomará
un placebo (una pastilla de aspecto exactamente igual a la de ISRS y la de la
hierba, pero sin ingrediente activo alguno). Se les dará seguimiento adicional
por 18 semanas a los participantes que muestren mejoría. Al concluir el estudio
de 3 años, se analizarán y publicarán los resultados. La
FDA emitió un Aviso de Salud Pública el 10 de febrero de 2000. En éste, indicó
que la hierba de San Juan parece tener efecto sobre una vía metabólica que utilizan
muchos fármacos recetados para el tratamiento de condiciones tales como enfermedades
del corazón, depresión, convulsiones, algunos tipos de cáncer y el rechazo de
trasplantes. Por lo tanto, los proveedores de servicios de salud (médicos, farmacéuticos)
deben advertir a sus pacientes sobre esta posible interacción entre medicamentos.
Antes de tomar cualquier complemento de hierbas, los pacientes deben consultar
con su médico o proveedor de servicios de salud. Psicoterapia
La psicoterapia es
otra opción disponible de tratamiento en los casos de depresión leve a moderada.
Las terapias a corto plazo (de 10 a 20 semanas) han sido muy eficaces para tratar
varios tipos de depresión. Las terapias de "conversación" ayudan a los pacientes
a entender y aprender a resolver sus problemas mediante una charla con el terapeuta.
Las terapias de "conducta" enseñan a los pacientes nuevos comportamientos para
llevar una vida mejor y les ayudan a "desaprender" patrones de conducta dañinos.
La investigación ha mostrado que dos psicoterapias a corto plazo, la interpersonal
y la cognitiva-conductual, son útiles para algunas formas de depresión. La terapia
interpersonal se enfoca en cambiar las relaciones interpersonales que causan o
intensifican la depresión. La terapia cognitiva-conductual se concentra en cambiar
los patrones negativos de pensamiento y la reacción o comportamiento que pueden
contribuir a la depresión. Terapia
electroconvulsivante La
terapia electroconvulsivante (TEC o "Electro-shock") es útil para las personas
cuya depresión es severa o ha llegado a un punto en que su vida peligra, o para
aquellas personas que no pueden tomar antidepresivos.3 Esto se aplica
en particular para las personas clasificadas como suicidas, con agitación severa,
pensamientos psicóticos, pérdida excesiva de peso o físicamente débiles como resultado
de una condición física. A través de los años, la TEC ha mejorado mucho. Antes
del tratamiento, que se administra bajo anestesia de corta duración, el paciente
recibe una dosis de relajante muscular. Se colocan electrodos en puntos específicos
de la cabeza y éstos emiten impulsos eléctricos. Este estímulo causa un episodio
convulsivo breve (aproximadamente 30 segundos) en el cerebro. El paciente no percibe
el estímulo eléctrico de manera consciente. Para que la TEC rinda el máximo beneficio
terapéutico se requieren varias sesiones, usualmente programadas a razón de tres
por semana. Tratamientos
para la depresión recurrente La
depresión puede regresar, aunque el tratamiento haya sido exitoso. Los estudios
indican que cuando esto ocurre, hay ciertas estrategias muy útiles. A menudo se
puede evitar un nuevo episodio depresivo cuando se continúa el antidepresivo en
la misma dosis que detuvo con éxito el episodio anterior. Para aquellos pacientes
que no toman medicamento, la psicoterapia interpersonal una vez al mes puede alargar
los periodos entre episodios depresivos. Para
poder disfrutar de los beneficios del tratamiento, hay que primero reconocer las
señales de la depresión. El próximo paso es ser evaluado por un profesional capacitado.
Aunque la depresión puede ser diagnosticada y tratada por médicos de cabecera,
a menudo éstos remiten el paciente a un psiquiatra, psicólogo, trabajador social
clínico, u otro profesional de la salud mental. El tratamiento es un trabajo de
equipo entre el paciente y el proveedor de servicios de salud. La mujer que toma
decisiones basándose en la información al día, conoce las opciones disponibles
de tratamiento y habla de sus inquietudes con el médico. Si
no se ven resultados positivos luego de 2 a 3 meses de tratamiento, o si los síntomas
se intensifican, hable con su médico para cambiar la estrategia de tratamiento.
Puede también ser necesaria la opinión de otro profesional de la salud o salud
mental. Una vez más,
he aquí el camino a la cura: - Compare
sus síntomas con los que aparecen en la lista de la página 4.
- Hable
con un profesional de la salud o de la salud mental.
- Seleccione
el profesional de tratamiento y la estrategia de tratamiento con que mejor se
sienta.
- Dé por sentado
que usted es parte esencial del proceso y tome decisiones sobre su tratamiento
siempre basándose en la información al día.
- Si
no se siente cómoda o satisfecha al cabo de 2 ó 3 meses, hable con su médico.
Él puede recomendarle un tratamiento diferente o adicional.
- Si
le vuelve a dar depresión, recuerde lo que ya sabe sobre cómo sobrellevarla y
no dude en buscar ayuda de nuevo. De hecho, mientras más pronto comience a recibir
tratamiento, menos durará el episodio.
La
depresión le hace sentirse fatigada, como que no vale nada, desamparada y sin
esperanza. Algunas personas cuando se sienten así quieren darse por vencidas.
Es importante que sepa que estos sentimientos negativos son parte de la depresión
y se irán a medida que vaya surtiendo efecto el tratamiento. Además
del tratamiento profesional, hay otras cosas que puede hacer para sentirse mejor.
Para algunas personas, participar en grupos de apoyo es muy útil. Asimismo, le
puede ser de gran ayuda pasar tiempo con otras personas y participar en actividades
que le hagan sentirse bien, como ejercicios sencillos o yoga. No se exija demasiado
al principio. Sentirse mejor toma tiempo. Si
no sabe dónde ir para obtener ayuda, pida ayuda a su médico, ginecólogo, o en
la clínica de salud. Puede además consultar las Páginas Amarillas de la
guía telefónica y obtener números de teléfono y direcciones bajo las secciones
"salud mental", "salud", "servicios sociales", "prevención de suicidio", "servicios
de intervención en crisis", "líneas de ayuda", "hospitales" o "médicos". En momentos
de crisis, el médico de la sala de emergencia del hospital puede darle ayuda a
corto plazo para un problema emocional y le puede decir dónde y cómo obtener ayuda
adicional. La lista
a continuación muestra las personas y lugares en los que puede obtener o ser referido
a servicios de diagnóstico y tratamiento. - Médico
de familia
- Especialistas
en salud mental tales como psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, o consejeros
de salud mental
- Servicios
de atención médica administrada (HMO)
- Centros
comunitarios de salud mental
- Departamentos
y clínicas para pacientes de consulta externa de psiquiatría en el hospital
- Programas
afiliados a universidades o facultades de medicina
- Clínicas
para pacientes de consulta externa de hospitales estatales
- Agencias
de servicio social o servicio a la familia
- Clínicas
privadas
- Programas
de ayuda al empleado
- Asociaciones
locales de medicina y/o psiquiatría
National
Institute of Mental Health Information Resources and Inquiries Branch 6001
Executive Boulevard Room 8184, MSC 9663 Bethesda, MD 20892-9663 Teléfono:
1-301-443-4513 FAX: 1-301-443-4279 Folletos sobre la depresión: 1-800-421-4211 TTY:
1-301-443-8431 FAX4U: 1-301-443-5158 Sitio en Internet: http://www.nimh.nih.gov Correo
electrónico: nimhinfo@nih.gov
National Alliance
for the Mentally Ill (NAMI) Colonial Place Three 2107 Wilson Blvd., Suite
300 Arlington, VA 22201 Teléfono: 1-800-950-NAMI (6264) or (703) 524-7600
Sitio en Internet: http://www.nami.org Una organización de apoyo y de
representación compuesta de pacientes, familiares y amigos de los pacientes que
padecen de enfermedades mentales severas. Cuentan con más de 1,200 afiliados locales
y estatales. Los afiliados locales pueden a menudo ayudar a encontrar tratamiento.
Depression &
Bipolar Support Alliance (DBSA) 730 N. Franklin St. - #501 Chicago, IL 60610-7224 Teléfono:
(312) 988-1150 Fax: (312) 642-7243 Sitio en Internet: www.DBSAlliance.org
Su propósito es educar a los pacientes, familiares y al público sobre la
naturaleza de las enfermedades depresivas. Mantienen un catálogo extenso de libros
con información útil. National
Foundation for Depressive Illness, Inc. P.O. Box 2257 New York, NY 10016 Teléfono:
1-212-268-4260; 1-800-239-1265 Sitio en Internet: http://www.depression.org Fundación
que educa al público sobre la depresión y sus tratamientos, y auspicia programas
de investigación, educación y tratamiento. National
Mental Health Association (NMHA) 2001 N. Beauregard Street, 12th Floor Alexandria,
VA 22311 Phone: 1-800-969-6942 or (703) 684-7722 TTY-800-443-5959 Sitio
en Internet: http://www.nmha.org Una asociación que trabaja con 340 afiliados
para promover la salud mental mediante representación, educación, investigación
y servicios. 1
Blehar MC, Oren DA. Gender differences in depression. Medscape Women's Health,
1997;2:3. Revisado de: Women's increased vulnerability to mood disorders: Integrating
psychobiology and epidemiology. Depression, 1995;3:3-12. 2
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Lebowitz BD, Pearson JL, Schneider LS, Reynolds CF, Alexopoulos GS, Bruce ML,
Conwell Y, Katz IR, Meyers BS, Morrison MF, Mossey J, Niederehe G, and Parmelee
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of Clinical Psychiatry (supplement 15), 1997;58:5-11. 6
Lewisohn PM, Hyman H, Roberts RE, Seeley JR, and Andrews JA. Adolescent psychopathology:
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of mental disorders with alcohol and other drug abuse: Results from the epidemiologic
catchment area (ECA) study. Journal of the American Medical Association,
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Reynolds CF, Miller MD, Pasternak RE, Frank E, Perel JM, Cornes C, Houck PR, Mazumdar
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and interpersonal psychotherapy. American Journal of Psychiatry, 1999;156:202-8.
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Catchment Area Study. Nueva York: The Free Press, 1990. 10
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for affective regulation. Biological Psychiatry, 1998;44(9):839-50. 11
Weissman MM, Bland RC, Canino GJ, Faravelli C, Greenwald S, Hwu HG, Joyce PR,
Karam EG, Lee CK, Lellouch J, Lepine JP, Newman SC, Rubin-Stiper M, Wells JE,
Wickramaratne PJ, Wittchen H, and Yeh EK. Cross-national epidemiology of major
depression and bipolar disorder. Journal of the American Medical Association,
1996;276:293-9. Se
han escrito muchos libros sobre la depresión grave y el trastorno bipolar. A continuación
encontrará algunos que le pueden ayudar a entender mejor estas enfermedades. Andreasen,
Nancy. The Broken Brain: The Biological Revolution in Psychiatry. Nueva
York: Harper & Row, 1984. Carter,
Rosalyn. Helping Someone With Mental Illness: A Compassionate Guide for Family,
Friends and Caregivers. Nueva York: Times Books, 1998. Duke,
Patty and Turan, Kenneth. Call Me Anna, The Autobiography of Patty Duke.
Nueva York: Bantam Books, 1987. Dumquah,
Meri Nana-Ama. Willow Weep for Me, A Black Woman's Journey Through Depression:
A Memoir. Nueva York: W.W. Norton & Co., Inc., 1998. Fieve,
Ronald R. Moodswing. Nueva York: Bantam Books, 1997. Jamison,
Kay Redfield. An Unquiet Mind, A Memoir of Moods and Madness. Nueva York:
Random House, 1996. Los
siguientes tres folletos están disponibles en el Instituto de Medicina de Madison,
7617 Mineral Point Road, Suite 300, Madison, WI 53717, teléfono 1-608-827-2470:
Tunali D, Jefferson
JW, and Greist JH, Depression & Antidepressants: A Guide, rev. ed.
1997. Jefferson JW
and Greist JH. Divalproex and Manic Depression: A Guide, 1996 (formerly
Valproate guide). Bohn
J and Jefferson JW. Lithium and Manic Depression: A Guide, rev. ed. 1996.
FuenteNational
Institute of Mental Health Information Resources and Inquiries Branch 6001
Executive Boulevard, Room 8184, MSC 9663 Bethesda, Maryland 20892-9663 Teléfono:
1-301-443-4513 TTY: 1-301-443-8431 FAX: 1-301-443-4279 Salud Mental FAX
4U 1-301-443-5158 Correo electrónico: nimhinfo@nih.gov Sitio en Internet:
http://www.nimh.nih.gov Publicación de NIH Núm. SP 01-4794 Agosto
2001 Si desea
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Aviso La
información que usted encontrará en este artículo no pretende substituir
el necesario consejo médico o la necesidad de un tratamiento profesional médico
para una dolencia o transtorno en su salud. Siempre
debe consultar a un médico ante cualquier duda sobre su salud y antes de comenzar
un nuevo tratamiento con medicamentos, dieta o programa de ejercicio físico
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