Dolor en el Paciente con Cáncer

 

Tabla de Contenido

DESCRIPCION
Puntos principales del tratamiento del paciente
EVALUACION DEL DOLOR
Evaluación inicial
Informe del propio paciente
Reconocimiento Físico
Evaluación del resultado del control del dolor
CONTROL FARMACOLOGICO
Acetaminofeno y los NSAID
Opioides
Vía de administración
Fármacos y vías no recomendadas
Efectos secundarios
Fármacos adyuvantes
INTERVENCIONES FISICAS Y PSICOSOCIALES
Modalidades físicas
Intervenciones de conducta cognoscitiva
INTERVENCIONES ANTINEOPLASICAS
Radioterapia
Cirugía
INTERVENCIONES INVASORAS
Bloqueo nervioso
Intervenciones Neurológicas
Control del dolor de procedimientos
PLAN PARA DAR DE ALTA AL PACIENTE
TRATAMIENTO DE PACIENTES DE MAYOR EDAD
TABLAS 1 A 4
TABLAS 5-7
INSTRUMENTOS DE EVALUACION Y CONTROL
BIBLIOGRAFIA SELECTA Y ABSTRACTO
ABSTRACTO

DESCRIPCION

El dolor del cáncer puede controlarse eficazmente a través de medios relativamente sencillos hasta en un 90 por ciento de los 8 millones de estadounidenses que tienen cáncer o antecedentes de cáncer. Desafortunadamente, el dolor asociado con el cáncer suele ser tratado con deficiencia.

Aunque no siempre se puede eliminar por completo el dolor del cáncer o los síntomas que lo acompañan, el uso apropiado de las terapias disponibles puede aliviar eficazmente el dolor en la gran mayoría de los pacientes. El tratamiento del dolor mejora la calidad de vida del paciente durante todas las etapas de la enfermedad.

Las leyes estatales y locales con frecuencia restringen el uso de opioides para aliviar el dolor del cáncer, y los terceros responsables de pagos puede ser que no reembolsen los tratamientos para el control del dolor que no sean invasores. Por eso, los clínicos deberán cooperar con los que regulan, con las iniciativas estatales para el dolor del cáncer, o con otros grupos para eliminar estas barreras del sistema de salud para lograr un control eficaz del dolor. La tabla 1 contiene una lista de estas y otras barreras para un control eficaz del dolor. Cambios en la distribución del cuidado de salud puede crear una situación adicional carente de incentivos para que los clínicos practiquen un manejo eficaz del dolor.

La flexibilidad es la clave para el control del dolor del cáncer. Así como los pacientes varían en diagnóstico, etapa de enfermedad, respuestas al dolor e intervenciones y en preferencias personales, así también debe variar el control del dolor. La figura 1 pone el énfasis en que la estrategia clínica que se recomienda está enfocada en la participación del paciente.

Puntos principales del tratamiento del paciente

El control eficaz del dolor se logra mejor con una estrategia de equipo que abarque a los pacientes, a sus familias y a los proveedores del cuidado de la salud. El clínico deberá:

La figura 2 muestra la secuencia de actividades relacionadas con la evaluación y el control del dolor. El flujograma hace énfasis en el uso simultáneo de múltiples modalidades, empezando el tratamiento con las modalidades menos invasoras y avanzándolo para satisfacer las necesidades del paciente de aliviar su dolor.

EVALUACION DEL DOLOR

Un factor importante que lleva al tratamiento deficiente es el no evaluar el dolor. La evaluación ocupa tanto al clínico como al paciente. hacerse:

La identificación de la etiología del dolor es esencial para su control. Los clínicos que tratan pacientes con cáncer deberán reconocer los síndromes comunes de dolor del cáncer(Tabla 2). El diagnóstico y tratamiento rápidos de estos síndromes pueden reducir la morbilidad asociada con el dolor no mitigado. En este contexto, podría ser necesario incoporar las diferentes influencias culturales, en una evaluación multidimencional del dolor[1]

Evaluación inicial

El objetivo de la evaluación inicial del dolor es caracterizar su patofisiología y determinar su intensidad y su impacto sobre la habilidad de funcionar del paciente. Son esenciales para una evaluación inicial:

Informe del propio paciente

El sostén principal de la evaluación del dolor es el informe del paciente mismo. Para mejorar el control del dolor en todas las situaciones, los clínicos deberán enseñar a las familias a usar instrumentos de evaluación del dolor en sus casas. El clínico deberá ayudar al paciente a que describa los siguientes factores:

Reconocimiento Físico

Un reconocimiento físico completo es necesario para determinar la patofisiología del dolor. Características especificas del reconocimiento neurológico tales como sensación alterada (hipostesia, hiperestesia, hiperpatía, alodinia) en un área dolorosa sugieren un dolor neuropático. También es importantes identificar el descubrimiento físico del crecimiento y la metástasis de un tumor.

La evaluación constante del dolor del cáncer es fundamental. Los cambios en el patrón del dolor o el desarrollo de un dolor nuevo deberán activar una evaluación de diagnóstico y la modificación del plan de tratamiento. El dolor persistente indica la necesidad de considerar otras etiologías (p. ej., relacionadas con la progresión o el tratamiento de la enfermedad) y tratamientos alternativos (quizá más invasores).

Evaluación del resultado del control del dolor

Resultados relacionados con el dolor: Los clínicos deben documentar los resultados de la terapia para el dolor y estar atentos a ellos. Es útil pensar que el resultado del dolor se mide en dos formas: disminución de la intensidad del dolor y mejoramiento en el funcionamiento psicosocial. Usar escalas de la intensidad del dolor promedio y en el peor momento, y también usar escalas de interferencia del dolor puede ayudar a los clínicos a observar los resultados. También es útil medir el porcentaje de alivio del dolor, aunque medir la satisfacción del paciente resulta menos útil debido a las expectativas tan bajas que a veces tiene el paciente de poder controlar el dolor.

Resultados del consumo de drogas: Los clínicos que prescriben drogas opiáceas también deberían vigilar y documentar el comportamiento de los pacientes cuando toman esos fármacos. Los resultados relacionados con la adicción en pacientes con cáncer son raras pero deben ser evaluadas periódicamente; estas evaluaciones son útiles para el paciente. La tolerancia y la dependencia no están relacionadas con la adicción. La documentación del cumplimiento por parte del paciente en relación con un cambio en la dosis y la duración de la receta es esencial en el desempeño de la medicina aplicada al tratamiento del dolor.

La evaluación clínica de la conducta drogodependiente de los pacientes enfermos que padecen de dolor, es compleja. La conducta drogodependiente aberrada derivada del manejo del dolor provocado por el cáncer, está relacionada con un historial premórbido de drogodependencia y la probabilidad de otro tratamiento para el dolor. Se utilizó un cuestionario para caracterizar las actitudes y conducta drogodependiente de los pacientes de cáncer y SIDA. A pesar de las limitaciones, este estudio resalta una amplia variación potencial en diferentes poblaciones de pacientes, en lo que se refiere a los patrones pasados y presentes de conducta drogodependiente aberrada, así como la necesidad de exámenes de detección clínicamente útiles. No están claras las implicaciones del manejo psicosocial y farmacológico de síntomas tales como el dolor o cualquiera otra conducta aberrante.[2]

Es posible que la farmacodependencia previa conlleve a necesidades especiales de dosificación apropiada para el dolor relacionado con el cáncer. Un estudio prospectivo abierto comparó las dosis de morfina y su eficacia en pacientes con SIDA con y sin farmacodependencia previa. Los resultados dan cuenta de que ambos grupos se beneficiaron, pero los pacientes con farmacodependencia previa necesitan y toleran dosis de morfina mucho más altas para lograr un control estable del dolor.[2] este estudio deberá aumentar la confianza en proveerle a los pacientes con un historial previo de farmacodependencia con un manejo apropiado del dolor.

Bibliografía:

  1. Chung JW, Wong TK, Yang JC: The lens model: assessment of cancer pain in a Chinese context. Cancer Nursing 23(6): 454-461, 2000.

  2. Passik SD, Kirsh KL, McDonald MV, et al.: A pilot survey of aberrant drug-taking attitudes and behaviors in samples of cancer and AIDS patients. Journal of Pain and Symptom Management 19(4): 274-286, 2000.

  3. Kaplan R, Slywka J, Slagle S, et al.: A titrated morphine analgesic regimen comparing substance users and non-users with AIDS-related pain. Journal of Pain and Symptom Management 19(4): 265-273, 2000.

CONTROL FARMACOLOGICO

La terapia con fármacos es fundamental en el control del dolor del cáncer. Es eficaz, de riesgo relativamente bajo, barata y generalmente funciona rápidamente.

Aun dentro de la misma familia de fármacos analgésicos, se reconoce bien las variaciones individuales en efectos y en efectos secundarios. Los principios para la terapia farmacológica empiezan con la escala de la Organización Mundial de la Salud (OMS) (Figura 3), una jerarquía de tres pasos para el control analgésico del dolor. Las recomendaciones de la OMS se basan en la disponibilidad de drogas en el mundo entero y no estrictamente en la farmacología. Se debe tratar de efectuar la sustitución de los fármacos dentro de una categoría antes de cambiar de terapia:

Acetaminofeno y los NSAID

Los fármacos antiinflamatorios no esteroides (NSAID por sus siglas en inglés) son eficaces para el alivio del dolor leve y tienen el efecto de hacer más moderada la dosis de opioides lo cual ayuda a reducir los efectos secundarios cuando se administran con opioides para dolor moderado a severo. El acetaminofeno esta incluido con la aspirina y otros NSAID porque tiene una potencia analgésica similar aunque le falta la actividad antiinflamatoria periférica. Los efectos secundarios pueden ocurrir en cualquier momento, y los pacientes que toman acetaminofeno o NSAID, especialmente pacientes de edad avanzada, deberán ser observados cuidadosamente.

Ya que tanto los NSAID como los otros fármacos (p. ej., warfarina, metotrexato, digoxina, ciclosporina, agentes orales antidiabéticos y fármacos de sulfonamida) se fijan en forma elevada a las proteínas, existe la posibilidad de que se altere la eficacia o la toxicidad cuando se administran simultáneamente.

Opioides

Los opioides, la clase principal de analgésicos que se utiliza en el control del dolor de moderado a severo, son eficaces, de fácil valoración y tienen una proporción favorable de beneficio contra riesgo.

Las consecuencias previsibles de la administración de opioides a largo plazo -- tolerancia y dependencia física -- se confunden frecuentemente con la dependencia psicológica (adicción), que se manifiesta como abuso de drogas. Este malentendido puede llevar a la prescripción, administración o preparación ineficaz de los opioides para el dolor del cáncer. El resultado es un tratamiento deficiente.

Los clínicos pueden estar renuentes a dar dosis elevadas de opioides a pacientes con enfermedad avanzada por temor a la depresión respiratoria. Muchos pacientes con dolor de cáncer desarrollan tolerancia a los opioides durante terapias a largo plazo usando opioides. Por lo tanto el temor del clínico de que se acorte la vida porque se incrementan las dosis de opioides es generalmente infundado. El deber ético del clínico de beneficiar al paciente aliviando el dolor apoya el que se incrementen las dosis, aun con el riesgo de los efectos secundarios.

Los opioides están clasificados como agonistas totales semejantes a la morfina, agonistas parciales, o mezcla de agonistas-antagonistas, dependiendo de los receptores específicos a los cuales se fijan y de su actividad en estos receptores. Los beneficios de usar opioides y los riesgos asociados con su uso varían entre los individuos. La siguiente información acerca de los opioides está basada en una discusión más detallada que se encuentra en la Guía.

AGONISTAS TOTALES, incluso la morfina, la hidromorfona, la codeína, la oxicodona, la hidrocodona, la metadona, el levorfanol y el fentanilo están clasificados como tales porque su eficacia con aumento de dosis no está limitada por un "tope". Los agonistas totales no revertirán o antagonizarán los efectos de otros agonistas totales administrados simultáneamente.

Ha habido un renacimiento de interés en el uso de metadona para manejar el dolor de los pacientes que padecen de cáncer. Los documentos publicados sobre este tema han tomado la forma de informes de casos,[1-7] encuestas sobre resultados, [8-12] y revisiones.[13,14] Se ha informado que la metadona subcutánea causa irritación del tejido en el lugar de la inyección. Se ha tenido éxito sin embargo usándola por vía oral, intravenosa y por supositorio.

La metadona es un agonista opioide sintético que se ha informado que tiene una serie de características únicas, entre las cuales figuran excelente absorción oral y rectal, ausencia de metabolitos activos conocidos, acción prolongada que permite su administración a intervalos más largos, y precio inferior al de otros opioides. Los informes públicos acerca de la experiencia clínica con la metadona ha realzado los siguientes punto de importancia:

1. La metadona utilizada para controlar el dolor crónico demuestra una potencia mucho mayor que la proporción de 1:1 ó de 1:2 de metadona a morfina que aparece por lo general en las tablas de equivalencia de los opioides. Los resultados de estudios clínicos sobre la metadona muestran que es de 10 a 15 veces más potente que la morfina. Este coeficiente varía según la dosis previa de opiode. [15]

2. Los pacientes que reciben altas dosis de opioides y tienen control inadecuado del dolor y toxicidad significativa relacionada con estos fármacos han logrado controlar bien el dolor con la rotación a la metadona.

3. La respuesta individual idiosincrásica a la metadona (debido a asuntos relacionados con la potencia, la acumulación y la eliminación del fármaco) ha producido recomendaciones de que se utilice este fármaco con extrema precaución.

Se ha propuesto un cauteloso método de rotación a la metadona durante un período de una semana.[8,10]

AGONISTAS-ANTAGONISTAS MIXTOS bloquean o son neutrales en un tipo de receptor opioide mientras activan un receptor opioide diferente. Los que son agonistas-antagonistas están contraindicados para usarse en pacientes que reciben un agonista opioide porque pueden precipitar un síndrome de supresión y aumentar el dolor. Los agonistas-antagonistas mixtos incluyen la pentazocina (Talwin), el tartrato de butorfanol (Stadol), la dezocina (Dalgan), y el clorhidrato de nalbufina (Nubain). Su eficacia analgésica está limitada por un efecto del tope relacionado con la dosis.

DOSIFICACION. La dosis apropiada es la cantidad de opioide que controla el dolor con los menos efectos secundarios. La necesidad de elevar las dosis de opioides con frecuencia refleja la progresión de la enfermedad y no la tolerancia nalgésica. Si la tolerancia analgésica ocurre, se puede superar aumentando la dosis o cambiando el agente por otro opioide agonista. En las tablas 4 y 5 aparecen las dosis iniciales equianalgésicas de opioides usados generalmente por adultos que pesan más y menos de 50 kg (110 libras), respectivamente. Los puntos que se deben considerar incluyen:

Se ha llegado a indicar, que en vez del método de rotación de opioides, una forma menos complicada de abordar el problema sería reevaluar la situación clínica y usar analgésicos adyuvantes, reducir la dosis de opioides si es posible, controlar medicalmente los efectos secundarios asociados con los opioides y corregir cualquier anormalidad metabólica contributiva.[26-27] De todas formas, sí parece estar surgiendo un consenso de que la rotación de opioides puede jugar un papel cuando el control del dolor sigue siendo inadecuado con dosis crecientes escalonadas de opioides, y estos fármacos producen efectos secundarios inaceptables.[26-28]

La morfina, que es el metabolito opioide de preferencia para controlar el dolor causado por el cáncer, se usó cada vez más en los decenios de los 70 y los 80.[29] esta experiencia creciente se asocia con la observación clínica de que también había un riesgo de acumular metabolitos de morfina particularmente en casos en los que existe deterioro renal. Se ha reconocido que la morfina-6- glucuronida, un metabolito analgésico juega un papel útil para realzar la analgesia. Pero ha habido varios informes de convulsiones, deterioro cognoscitivo, nauseas, y problemas de mioclono que se asociaron con la acumulación de la morfina-6-glucuronida.[29-36]

 

Se ha rendido informes sobre la posible función de los metabolitos de morfina, en particular la proporción 3-glucuronida a 6-glucuronida, en el desarrollo de la intoxicación relacionada con los opioides. La literatura sobre este asunto ha suscitado polémica. Ciertamente no hay desacuerdo en que el efecto, los metabolitos de morfina aumentaron en la presencia del deterioro de la función renal. Sin embargo, ha habido pruebas conflictivas respecto a la función y la proporción de los metabolitos en pacientes que tienen una reacción precaria a las dosis crecientes de morfina y a la mala intoxicación que con ellas se asocia.[37- 41]

Vía de administración

Se prefiere la administración oral porque es conveniente y generalmente económica. Cuando los pacientes no pueden tomar medicamentos orales, se deber ofrecer otras vías menos invasoras (p. ej., rectal o percutánea). Los métodos parenterales deberán usarse sólo cuando los métodos más simples, menos exigentes y menos costosos son inapropiados o ineficaces. En general es aconsejable evaluar la respuesta del paciente a varios opioides orales diferentes antes de abandonar la vía oral en favor de estrategias anestésicas, neuroquirúrgicas u otras estrategias invasoras.

La administración intravenosa proporciona un efecto analgésico rápido, pero la duración de la analgesia después de una dosis de bolo es más breve que la que se obtiene con otras vías. En los pacientes que requieren un continuo acceso intravenoso para otros fines, esta vía de administración puede ser la más económica y proporciona una concentración constante de analgésicos. Cuando no hay acceso intravenoso, la infusión subcutánea de opioides es una alternativa práctica para la casa.

Fármacos y vías no recomendadas

La tabla 7 presenta datos sobre los fármacos y las vías de administración no recomendados para el control del dolor del cáncer.

Efectos secundarios

Los clínicos que siguen a pacientes durante un tratamiento con opioides a largo plazo deben estar atentos a los posibles efectos secundarios y manejarlos según se necesite.

El enfoque de manejo general del delirio provocado por opioides requiere una evaluación multidimensional para determinar la presencia de otros factores contribuyentes potencialmente tratables como la deshidratación, la toma de otros medicamentos de acción central, la sepsis y la hipercalcemia.[63,82,83] La experiencia clínica sugiere que la presencia de alucinaciones táctiles y de mioclonos,[27] aunque no estén relacionados exclusivamente con la toxicidad por opioides, pueden aparecer por su causa. Una evaluación cuidadosa también puede identificar factores pronósticos relacionados con la aparición de mayores dificultades a la hora de controlar el dolor, la necesidad de tomar dosis de opioides más altas, y por lo tanto la existencia de un riesgo mayor de padecer delirio provocado por opioides. Estos factores incluyen el dolor neuropático, el dolor incidental, la tolerancia del paciente, su somatización de la angustia psicológica, y un historial positivo de abuso de las drogas o el alcohol.[84]

Además de buscar las causas subyacentes reversibles del delirio, su manejo sintomático requiere la toma adicional de un agente neuroléptico para controlar la conmoción y las alteraciones perceptuales o delusorias del paciente. Normalmente se suele optar por el haloperidol,[85] mientras que la metotrimeprazina y la clorpromazina se consideran alternativas
útiles,[86,87] especialmente cuando se necesita un nivel de sedación mayor. A veces es necesario administrar midazolam, una benzodiazepina sedante de corta duración que se administra por medio de infusión continua, sobre todo
en los casos de delirio no reversible.[88]

El enfoque de manejo específico del delirio provocado por opioides consiste en una reducción de las dosis del fármaco o un cambio de opioide. La razón fundamental para cambiar de opioide, lo que se suele denominar rotación de
opioides, es que se puede obtener un equilibrio mayor entre la analgesia y los efectos secundarios, a menudo usando dosis más bajas que las que se predicen en la tabla analgésica convencional.[63,89,90] Esto puede reflejar una tolerancia cruzada incompleta entre opioides en relación a sus efectos analgésicos y de otros tipos.[91] También es posible que el cambio a otro
opioide permita la eliminación de metabolitos de opioides potencialmente tóxicos.[23,25,63] La reducción de las dosis del opioide en los casos de delirio provocado por uno de estos fármacos no ha sido evaluada de forma sistemática, pero lo más probable es que también tenga resultados positivos. Aunque existen cada vez más pruebas que sugieren que la rotación de opioides es beneficiosa,[23,24,60] persiste la polémica sobre el valor relativo de dicha acción versus la reducción de las dosis.[26]

Se ha informado sobre la obtención de beneficios cognitivos con el uso de metilfenidato en pacientes que reciben una infusión continua de opioides para mitigar el dolor provocado por el cáncer.[92] Es probable que su beneficio psicoestimulante esté relacionado con la reducción de la acción sedante asociada con la valoración ascendente de las dosis de opioides.[93]
Aunque se ha recomendado el uso de psicoestimulantes para el delirio hipoactivo,[94] cualquier evidencia de alteraciones perceptuales o delusorias se considera una contraindicación.

Los pacientes que reciben terapia de opioides a largo plazo generalmente desarrollan una tolerancia a los efectos depresores
de la respiración de estos agentes. Cuando sea indicado para la remitencia de la depresión respiratoria inducida por los opioides, administre naloxona, Ajustada en pequeños incrementos para mejorar la función respiratoria sin
Anular la analgesia. Observe al paciente cuidadosamente hasta que el episodio de depresión respiratoria se resuelva. Observe que los opioides antagonistas tienen una media vida corta y habría que administrarlos continuamente hasta que se elimina suficientemente el fármaco agonista.
Quizás más común que la depresión respiratoria aguda, la sobredosis subaguda se puede manifestar como una somnolencia
lentamente progresiva (horas a días) y depresión respiratoria. Antes de reducir las dosis analgésicas, debe tomarse en cuenta la enfermedad que avanza, especialmente en el paciente que se está muriendo. Por lo general, retener una o dos dosis de un opioide resulta adecuado para evaluar si la depresión mental y respiratoria están relacionadas con el opioide. Si los
síntomas se resuelven, reduzca la dosis programada en un 25%. Si los síntomas no se alivian y el paciente se queja de aumento de dolor o si surgen síntomas por la abstinencia del opioide, tome en consideración otras razones posibles para la depresión del sistema nervioso central y reinicie el tratamiento con analgésico. La evaluación continua es esencial para mantener un alivio adecuado del dolor.

La reducción de la libido es un fenómeno bien conocido para los usuarios de heroína o para aquéllos que se encuentran en un programa de mantenimiento con metadona. Desgraciadamente, éste es un efecto poco comprendido entre los clínicos
que recetan opioides para el dolor. Los estudios clínicos realizados en animales confirman que los opioides reducen los niveles de testosterona E inhibe la función sexual masculina.[95] Estudios anteriores de personas que usaban heroína o metadona describían una disminución de la libido, disfunción sexual, reducción de los niveles de testosterona en los hombres y amenorrea entre las mujeres.[96-101] Estos efectos desaparecen al suspenderse la toma de opioides. Algunos estudios más recientes de pacientes que reciben opioides para el alivio de dolores crónicos sugieren lo mismo.[102,103]

Aún no se conocen con certeza las consecuencias a largo plazo de la reducción en los niveles de testosterona y de la amenorrea. La sexualidad es un componente esencial de la calidad de vida de las personas, sobre todo para los supervivientes de cáncer, pero también para personas con otras enfermedades avanzadas. Los pacientes podrían presentar un historial de
cambios de libido y otras disfunciones sexuales. Si estos cambios afligen al paciente, podrían evaluarse los niveles séricos de testosterona. Si el paciente desea mejorar la condición de su libido así como su desempeño sexual, el tratamiento es a menudo empírico, teniendo siempre en cuenta que las causas potenciales de las disfunciones sexuales suelen ser
múltiples. El tratamiento puede incluir el uso de fármacos no opioides para el dolor, añadir el uso de analgésicos complementarios con la esperanza de poder reducir las dosis de opioides, o suplir la testosterona mediante
inyecciones o un parche (siempre que no esté contraindicado). Se necesitan más investigaciones para entender la relación existente entre los opioides y la función sexual, al igual que la estrategia de tratamiento más eficaz.

Otros efectos menos comunes son los siguientes: sequedad de la boca, retención de la orina, prurito, mioclonos, disforia, euforia, trastornos del sueño, y secreción inapropiada de la hormona antidiurética.

 

Fármacos adyuvantes

Los fármacos adyuvantes son valiosos durante todas las fases de control del dolor para mejorar la eficacia analgésica, tratar los síntomas concurrentes y proporcionar analgesia independiente para tipos específicos de dolor. Los adyuvantes incluyen las siguientes substancias:

 

 

 

Fuente
Instituto Nacional del Cáncer de los Estados Unidos
http://cancernet.nci.nih.gov/clinpdq