El
Condón Historia
del condón La
ilustración más antigua que se conoce de un hombre usando un condón durante el
acto sexual se halla pintada en la pared de una cueva en Francia. Tiene de 12,000
a 15,000 años (Parisot, 1987). Sabemos que se ha usado los condones como protección
contra las infecciones por transmisión sexual desde el siglo dieciséis, y para
prevenir embarazos no deseados desde el siglo dieciocho (Himes, 1963). Desde el
siglo XIX, los moralistas de los Estados Unidos-que no han sabido comprender o
que negaron los beneficios de la salud pública-han atacado el uso del condón (Brodie,
1994). Como resultado,
quienes le dan más importancia al control de la sexualidad humana que a la prevención
de infecciones por transmisión sexual y los embarazos no deseados, han obstaculizado
los esfuerzos de la salud pública hacia un aumento en el uso de los condones en
los EEUU por la mayor parte del siglo veinte. Durante la Primera Guerra Mundial,
por ejemplo, los aliados de los EEUU, como Nueva Zelanda, dieron a sus tropas
condones para prevenir infecciones por transmisión sexual. Pero los higienistas
en los EEUU obligaron a las Fuerzas Expedicionarias Armadas Americanas a adoptar
una campaña de castidad-ellos se oponían a cualquier prevención profiláctica de
las infecciones por transmisión sexual. Como consecuencia, solamente en 1919 las
tropas de los EEUU reportaron una tasa anual de admisiones a los hospitales de
766.55 por cada 1,000 soldados para curarlos de infecciones por transmisión sexual
(Brandt, 1985). En
los últimos años, los elementos radicales opuestos al sexo y al derecho de opción
han vuelto a ofrecer una descarada distorsión de los datos científicos a fin de
desanimar el uso del condón. Especialmente
peligrosos son tres mitos propagados por esa campaña anticondón. El primer mito
alega que con sólo hablar de condones, o dárselos a la gente, es suficiente para
que se vuelvan sexualmente promíscuos (Hartigan, 1997). El segundo dice que los
condones causan el SIDA porque presuntamente el VIH se filtra a través de los
poros microscópicos del látex (A.L.L.). El tercer mito culpa a los condones por
el cáncer cervical (Lemer, 1999; Cantu & Farish, 1999). Estos mitos escandalosos
se han diseminado de tal manera, que se leen en voz alta en el Congreso, y ya
han infectado el programa de educación de la sexualidad en más de una tercera
parte de las escuelas en los EEUU (Lerner, 1999: Landry et al., 1999).
Sin embargo, como se verá
claramente en esta hoja de datos, se ha establecido por mucho tiempo ya la efectividad
de los condones contra los embarazos no deseados y las infecciones por transmisión
sexual (ver abajo). Además, la información acerca de, y el acceso a, los condones
claramente no aumentan la actividad sexual entre los adolescentes (Kirby, 1997;
Schuster et al., 1998). Un informe de la Organización Mundial de la Salud sobre
19 estudios dice que no se halló evidencia de que los programas de educación de
la sexualidad resulta en actividad sexual a una edad más temprana o en mayor actividad
sexual entre los adolescentes (NCHSTP, 1996). Al contrario, el fácil acceso a
los condones anima al uso de ellos entre los jóvenes que ya son sexualmente activos
(Schuster et al., 1998). Y los adolescentes necesitan protección-al menos 60.9
por ciento de los estudiantes del último grado secundario reportaron haber tenido
ya relaciones sexuales (AGI, 1999; Kann et al., 1998) La
verdad acerca de los condones es que ellos ofrecen la mejor protección para la
sexualidad activa (Stone et al., 1998). El
uso del condón es la meta de la salud pública nacional El
Servicio de Salud Pública de los EEUU ha incluido un uso del condón como parte
del programa Pueblo Saludable 2000 y Pueblo Saludable 2010-la promoción de la
salud nacional y los objetivos de la prevención de enfermedades. El
gobierno federal piensa "aumentar por lo menos en un 50 por ciento la proporción
de personas solteras, sexualmente activas, que usaron un condón en su última experiencia
sexual". Otra meta será "aumentar por lo menos a un 60 por ciento la proporción
de jóvenes solteras, sexualmente activas, entre las edades de 15 a 19 años, cuyo
compañero usó un condón en su último coito". Para los muchachos adolescentes,
el uso será más alto aún-" por lo menos en un 75 por ciento" (NCHS, 1999).
El uso más frecuente del
condón puede reducir la creciente incidencia de infecciones por transmisión sexual
entre los adolescentes sexualmente activos (KFF, 1998; Felman, 1979).
Los condones para controlar
la natalidad Los
condones son una forma efectiva y barata de controlar la natalidad. De 100 mujeres
cuyos compañeros usaron condones inconsistentemente o imperfectamente, 14 quedarán
embarazadas en el primer año de uso. Solamente tres quedarán embarazadas si el
condón se usa correctamente (Warner & Hatcher, 1998). A
diferencia de otras formas de control de la natalidad, los condones también son
una protección contra las infecciones por transmisión sexual. Otras ventajas adicionales
del condón en el control de la natalidad incluyen: bajo costo, fácil acceso, simples
de desechar, efectos secundarios mínimos, y duración sexual más larga. El uso
de los condones puede aumentar el placer sexual al reducir las ansiedades acerca
del riesgo de una infección o de un embarazo (Warner & Hatcher, 1998).
Los condones y las infecciones
por transmisión sexual Los
condones ofrecen una protección efectiva contra las más serias infecciones por
transmisión sexual, al prevenir un intercambio de fluidos corporales (Cates &
Stone, 1992; CDC, 1998; Stone et al., 1999). Tales fluidos-semen, descargas genitales,
o secreciones infecciosas-son las rutas principales de transmisión (Stone et al.,
1999). Aunque los
condones de látex no podrían prevenir completamente el contacto de piel con piel,
ellos ofrecen la mejor protección posible, puesto que la mayoría de las infecciones
por transmisión sexual atacan las áreas del pene cubierta por el condón (Stone
et al., 1999). (A fin de ser efectivos, se debe usar los condones consistente
y correctamente, ponérselo antes del contacto genital, y usarlo durante el contacto
(Cates & Stone, 1998)). Los
condones y la fertilidad Los
condones pueden ayudar a proteger la fertilidad al prevenir la transmisión de
infecciones por transmisión sexual que causan la infertilidad, tales como la clamidia
y la gonorrea. Las mujeres cuyos compañeros usan condones corren un menor riesgo
de hospitalización a causa de la enfermedad pélvica inflamatoria-una condición
que causa infertilidad-que aquéllas cuyos compañeros no los usan (Kelaghan et
al., 1982). Y las mujeres cuyos compañeros usan condones ofrecen un 30 por ciento
menos de riesgos de infertilidad debida a una infección por transmisión sexual
(Cramer et al., 1987). Los
condones y las infecciones bacteriales Los
condones ofrecen buena protección contra las infecciones bacteriales transmitidas
sexualmente-clamidia, gonorrea, tricomoniasis, y sífilis (Stone et al., 1999;
Judson et al., 1989). Durante la década de los 80, la clamidia genital se convirtió
en la infección bacterial transmitida sexualmente más prevalente en los EEUU,
y en 1996 hubo aproximadamente 3 millones de nuevos casos-esto hizo de la clamidia
la infeccion que más se reportó en el país (KFF, 1998). El uso creciente del condón
ayudará a reducir la incidencia de estas infecciones (Stone et al., 1999; Cates
& Stone, 1992). Las metas nacionales de doblar la frecuencia del uso del condón
se basan en la probada capacidad del condón de prevenir la gonorrea, la clamidia,
y la infeccion del VIH (NCHS, 1999). Los
condones y las infecciones por virus Los
condones son efectivos contra las infecciones por virus, tales como VIH, hepatitis
B, citomegalovirus, y el virus del herpes simplex 2, que se transmiten por el
semen, los fluidos uretrales, y las llagas genitales (Judson et al., 1989; Cates
& Stone, 1992). VIH
Dadas las serias
consecuencias de la infección VIH, gran parte de la investigación de la eficacia
del condón se ha enfocado en la transmisión del VIH. Se reconoce que el condón
es una barrera altamente efectiva contra la infección de VIH (CDC, 1998).
Los que se oponen al uso
del condón, sin embargo, han manipulado los resultados de pruebas defectuosas
de laboratorio para crear la duda entre el público acerca de la efectividad del
condón contra el VIH. Por ejemplo, un estudio dedujo erróneamente que los condones
de latex permitían el paso del virus del VIH, sin tomar en cuenta que se usó como
ejemplo partículas que eran 100 millones de veces más pequeñas que las partículas
del VIH que se encuentran en el semen (Stone et al., 1999). De hecho, el riesgo
de la transmisión del VIH a través de un condón se reduce hasta 10,000 veces (Carey
et al., 1992; Cavalieri d'Oro et al., 1994; Weller, 1993). En
un reciente estudio de parejas en las que uno de los compañeros era VIH positivo,
solamente un caso de infección (2 por ciento) ocurrió entre los que permanecieron
activos sexualmente y usaron condones consistentemente y de manera correcta. En
contraste, la incidencia de la infección del VIH fue 14 por ciento con el uso
inconstante (Deschamps et al., 1996). Un estudio similar mostró una tasa de infección
del 10 por ciento sin el uso consistente del condón (de Vincenzi, 1994). Un metanálisis
de 25 estudios sobre la transmisión del VIH y los condones determinó que las tasas
de eficacia variaban entre el 87 y el 96 por ciento contra la infección del VIH
(Dais & Weller, 1999). El
VPH y el herpes Los
condones proporcionan alguna protección contra viruses tales como el del papiloma
humano (VPH o HPV, siglas en inglés) y el virus del herpes simplex (VSH o HSV,
siglas en inglés), que infectan el área genital general (CDC, 1998). El Centro
para el Control y la Prevención de las Enfermedades recomienda el uso del condón,
como una forma de prevenir ambas infecciones (CDC, 1998). Puesto que los viruses
del VPH y del herpes "mudan" más allá del área cubierta, los condones no ofrecen
una protección completa como lo hacen contra otros patógenos. Los
condones, sin embargo, pueden disminuir el riesgo de una infección. Su uso estuvo
directamente relacionado con un más bajo riesgo de contraer la infección del herpes
entre mujeres costarricenses cuyos compañeros usaron condones (Oberle, et al.,
1989). Y el no usar condones ha probado ser uno de los factores de riesgo más
significativos para condiciones precancerosas relacionadas con el VPH (Wang &
Lin, 1996). A diferencia
del VIH, la mayoría de las infecciones de VPH y VSH no tienen consecuencias catastróficas
para la salud. En general, el HPS y el VSH no son tan peligrosos como el VIH o
la clamidia, que los condones pueden prevenir más exitosamente-la infección de
VIH se considera fatal, y la clamidia puede dar como resultado la infertilidad,
o la incapacidad permanente (Friedman et al, 1998; Howell et al., 1998; OWH, 1997).
El VPH y el cáncer
cervical Pocas
infecciones de VPH conducen al cáncer cervical. De por lo menos 70 tipos de VPH,
solamente unos cuantos están relacionados con el cáncer cervical (Kiviat et al.,
1999; Koutsky & Kiviat, 1999). La mayoría de las infecciones de VPH son de
corta duración, y muchas mujeres aparentemente desarrollan una inmunidad a distintas
infecciones de VPH. Casi una tercera parte de las mujeres se pueden recuperar
de la infección en seis meses. Una infección persistente parecería ser el factor
más elevado de riesgo para el cáncer cervical (Ho et al., 1998). Las
afirmaciones de los oponentes al uso de los condones con respecto al VPH son falsas
y alarmistas. No se puede achacar al uso del condón por la alta prevalencia del
VPH o del cáncer cervical entre las mujeres de los EEUU. Aunque los condones tal
vez no eliminan el riesgo de transmitir el VPH que causa el cáncer, la CDC recomienda
su uso para reducir el riesgo (CDC, 1998). Eficacia
del condón Los
condones son eficaces porque bloquean el contacto con los fluidos del cuerpo que
causan el embarazo y las infecciones por transmisión sexual. La mayoría de los
informes sobre el fracaso del condón son el resultado del uso inconsistente o
incorrecto, no su rotura (Macaluso et al., 1999). En los EEUU, la verdadera tasa
de rotura es un bajo dos por cada 100 condones (CDC, 1998). Las tasas elevadas
de rotura en algunos estudios ocurren porque muchas personas mienten acerca del
uso del anticonceptivo para culpar a un condón "defectuoso" por su falta de responsibilidad.
Tales excesos en los reportes aumentan artificialmente las tasas de rotura (Trusselll,
1998). Fuentes
adicionales American
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de los adolescentes. Centers
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of HIV/AIDS - www/cdc/gov/nchstp/hiv_aids/pubs/facts.htm
- ofrece acceso a un buen número de publicaciones del CDC, incluyendo Condoms
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Planned Parenthood http://www.plannedparenthood.org/espanol/truthcondoms.html
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