¿Qué
son los trastornos de alimentación?
Los
trastornos de alimentación son todos aquellos que se caracterizan por presentar
alteraciones graves en la conducta alimentaria. Los más frecuentes son la anorexia
y la bulimia nerviosas.
ANOREXIA NERVIOSA
La
Anorexia nerviosa es una enfermedad mental que consiste en una pérdida de peso
derivada de un intenso temor a la obesidad y conseguida por la propia persona
que enferma a través de una serie de conductas.
Afecta
preferentemente a mujeres jóvenes entre 14 y 18 años.
Los
síntomas más frecuentes son:
miedo intenso a ganar peso, manteniéndolo por debajo del valor
mínimo normal.
escasa ingesta de alimentos o dietas severas
imagen corporal distorsionada
sensación de estar gorda cuando se está delgada
gran pérdida de peso (frecuentemente en un período breve de tiempo)
sentimiento de culpa o desprecio por haber comido
hiperactividad y ejercicio físico excesivo
pérdida de la menstruación
excesiva sensibilidad al frío
cambios en el carácter (irritabilidad, tristeza, insomnio, etc.).
BULIMIA
NERVIOSA
La
Bulimia nerviosa es un trastorno mental que se caracteriza por episodios repetidos
de ingesta excesiva de alimentos en un corto espacio de tiempo en forma de "atracones"
y una preocupación exagerada por el control del peso corporal que lleva a la persona
afectada a adoptar conductas inadecuadas y peligrosas para su salud.
Afecta
también mayoritariamente a mujeres jóvenes aunque algo mayores que en la anorexia.
Los
síntomas más frecuentes son:
comer compulsivamente en forma de atracones y a escondidas
preocupación constante en torno a la comida y el peso
conductas inapropiadas para compensar la ingesta excesiva con el
fin de no ganar peso: uso excesivo de fármacos, laxantes, diuréticos y vómitos
autoprovocados.
el peso puede ser normal o incluso elevado
erosión del esmalte dental pudiendo llegar a la pérdida de piezas
dentarias
cambios de carácter incluyendo: depresión, tristeza, sentimientos
de culpabilidad y odio hacia una misma.
Aspectos
socio-culturales y educativos de estos trastornos
Las
conductas alimentarias en las personas están reguladas por mecanismos automáticos
en el sistema nervioso central (SNC) . La sensación de hambre procede, tanto de
estímulos metabólicos, como de receptores periféricos situados en la boca o el
tubo digestivo. Se induce la sensación de apetito, que desencadena la conducta
de alimentación. Al cesar los estímulos aparece la sensación de saciedad y se
detiene el proceso. Las personas normales, en situación de no precariedad presentan
unas reacciones adaptadas a los estímulos de hambre y de sed, con respuestas correctas
hacia la saciedad.
Desde
hace tiempo, el hipotálamo se reconoce como el lugar donde radican los centros
del hambre y la saciedad, pero es a través de la corteza cerebral donde se establecen
mecanismos mucho más complejos relacionados con la alimentación, que están vinculados
a experiencias previas.
Este
proceso puede parecer automático y elemental, sin embargo no sólo son aspectos
biológicos los que condicionan la conducta alimentaria sino otros mucho más complejos
relacionados con experiencias psicológicas (los sentimientos de seguridad, bienestar
y afecto que se experimentan a través del pecho materno en la lactancia), sociales
ya que desde siempre el acto de comer ha sido eminentemente social y culturales,
ya que la forma de comer y las características de los alimentos definen a los
diferentes grupos culturales. Así se habla de dieta mediterránea, comida americana,
italiana, india..., platos típicos, menús tradicionales, incluso comida basura.
En
la actualidad, el acto de comer sigue siendo un fenómeno de comunicación social.
A través de la comida el grupo se siente cohesionado e identificado, en la mayoría
de los actos sociales la comida ocupa un lugar preferente.
Haciendo
historia de los trastornos alimentarios puede decirse que se recogen conductas
alimentarias desordenadas desde la antigüedad y en los ágapes era frecuente recurrir
al vómito provocado, pero para reiniciar la comilona. El comer abundantemente
era privilegio de pocas personas, de ahí que el sobrepeso, la obesidad, era signo
de salud, belleza y poder.
Las
posibilidades de que este proceso natural de alimentarse se altere son múltiples.
En unas ocasiones, la causa es física, enfermedades que dificultan el proceso
de la alimentación o alteran el aprovechamiento normal de los alimentos; por último
este proceso natural puede verse alterado por factores sociales: religión, cultura,
status, moda etc...
Así
existen otros trastornos importantes como pueden ser la obesidad o falta de apetito
derivada de enfermedades que las podemos considerar físicas y otras enfermedades
que son mentales y desencadenadas por una serie de factores psicológicos, socio-culturales
y educativos.
A
partir de esta alteración en la conducta alimentaria aparecen los trastornos de
alimentación de los que estamos hablando y que son fundamentalmente la Anorexia
y la Bulimia nerviosas, quizás los más conocidos y preocupantes y otros a los que me referiré brevemente:
Síndrome del gourmet: Las personas
que lo padecen viven pendientes de la preparación, compra, presentación e ingestión
de platos exquisitos. Han perdido interés en sus relaciones sociales, familiares
y laborales. Se cree que es consecuencia de daños en el hemisferio derecho del
cerebro: tumor, golpe hemiplejia... No suelen estar demasiado gordas ni les preocupa
su obsesión. Los tratamientos son neurológicos y psiquiátricos.
Trastorno nocturno:
Quienes lo sufren -del 1% al 3% de la población- se levantan a comer por la noche,
aunque continúan dormidos. No son conscientes de lo que hacen y no recuerdan nada
al despertar. Si les cuentan lo que han hecho, lo niegan rotundamente. A menudo,
hacen régimen durante el día. También se da en personas alcohólicas, drogadictas
y con trastornos de sueño... Les tratan en unidades de trastornos de sueño.
Pica: (de
pica, "urraca", en latín). Las personas que padecen este trastorno se sienten
impulsadas a ingerir sustancias no comestibles: tiza, arcilla, yeso, trocitos
de pintura, almidón, óxido, ceniza...
Suele
darse entre mujeres con tendencia histérica, embarazadas y como consecuencia de
déficits alimentarios serios. También es un hábito cultural de ciertos pueblos.
Síndrome de Pradrer-Willy:
Es un problema congénito asociado a un retraso mental. Si a las personas afectadas
por el problema no se les controla el acceso a la comida, comen sin parar hasta
que acaban muriendo. Parece estar relacionado con un mal funcionamiento del hipotálamo.
El Prozac ayuda a controlar el problema, que no tiene cura de momento.
Comedoras compulsivas:
Las personas que padecen este trastorno se dan frecuentes atracones, durante los
cuales sienten que no pueden parar de comer. A menudo comen deprisa y a escondidas,
o bien no dejan de comer y picar a lo largo de todo el día. Se sienten culpables
y avergonzadas por su falta de control. Tienen todo un historial de fracaso con
distintas dietas y regímenes. Suelen ser personas depresivas y obesas.
¿Por
qué afectan mayoritariamente a las mujeres?
Existen
casos dudosos de santas de la antigüedad que posiblemente padecieran anorexia
nerviosa, pero al disfrazarse estas actitudes con una vida de penitencia y sacrificio
solo nos hacen reflexionar sobre el hecho de que eran mujeres y jóvenes (Santa
Wilgerfortis o Santa Liberata, Santa Catalina de Siena, Sor Juana Inés de la Cruz).
La
descripción científica de estas enfermedades se remonta al año 1689 en que el
Dr. Morton la denomina Consunción nerviosa, y en 1874 los doctores Gull en Londres
y Lassegue en París hacen diagnóstico denominándolas Anorexia histérica y Apepsia
histérica y señalando que eran consecuencia de interacciones centrales y hereditarias.
Ya en esta época se referían a estos trastornos como propios de mujeres. Freud
completó el cuadro con su descripción de las neurosis histéricas haciendo hipótesis
psicológicas dentro de sus planteamientos psicoanalíticos y relacionando estos
trastornos con la condición femenina (envidia del pene, pérdida de la líbido etc...).
En
1914 el doctor Simod describió este trastorno como Caquexia Hipofisiaria, señalando
que era una enfermedad que afecta a mujeres que tras el parto comienzan a perder
peso y mueren. En 1939 Otto Sheehan realizó el diagnóstico diferencial entre Caquexia
Hipofisiaria y Anorexia nerviosa.
Para
situarnos en el tema señalaré que es a partir de 1925 cuando los cánones de belleza
femenina dan un giro importante, ya que con la desaparición total del corsé (se
usó casi 4 siglos), la mujer comienza a mostrar su cuerpo de otra manera. En este
año aparecen por primera vez los figurines de moda en los que se apunta una estilización
progresiva, se acortan los vestidos, se enseñan las piernas y hay una supresión
de curvas. Coincide con la incorporación de la mujer al deporte en la alta burguesía
y comienza la moda de mujeres delgadas que incluso se vendaban el pecho para iniciar
el sutil camino a la androginia.
Esta
progresiva exhibición del cuerpo femenino es imparable y hace que la mujer se
preocupe ya que comienza a ser observado y criticado. Sin embargo las modelos
de belleza de los años cincuenta como Marilin Monroe o Ava Gadner siguen mostrando
una mujer más llena de curvas, aunque no gorda.
Es
a partir de los años 50 cuando la preocupación por los trastornos de alimentación
es evidente porqué se empiezan a estudiar desde diferentes líneas, considerando
no sólo los factores biológicos y psicológicos sino también los sociales y educativos
que influyen en esta nueva cultura de la delgadez.
También
el papel de la mujer es analizado a partir de los años 60, no sólo en relación
con la moda, sino por el cambio social que se produce a partir de su incorporación
masiva al mundo laboral. La ausencia de una persona que se responsabilice de los
horarios de comida (papel tradicionalmente atribuido a la madre) la desaparición
del hábito de comer en familia, la supresión de la merienda y la cena se destacan
como factores que pueden conducir a una dieta errónea.
Vemos
como estos trastornos de la conducta alimentaria afectan mayoritariamente a mujeres
a través de todos estos factores, pero no hay que culpabilizarlas por este cambio
social de hábitos en la alimentación familiar, puesto que también hay que considerar
los diferentes estilos de vida que han impuesto los trabajos de jornada prolongada
(tanto para hombres como para mujeres) los traslados en la ciudad a los centros
de trabajo, el frenético ritmo urbano que han propiciado que el comer fuera de
casa sea a veces imprescindible.
Sin
embargo en todas las definiciones de estos trastornos aparece que afecta mayoritariamente
a mujeres, en el caso de la anorexia nerviosa se habla de prepúberes y adolescentes
y en menor medida a adultas y a varones jóvenes.
Todas
las estadísticas señalan que el 90% son mujeres entre 14 y 18 años, aunque la
edad va descendiendo peligrosamente hacia niñas menores de doce años.
Si
una de las características de la Anorexia y la Bulimia nerviosas es el temor obsesivo
a engordar y un peculiar trastorno del esquema corporal que les hace verse más
gruesas de lo que están, vemos que la obsesión con la cultura de la delgadez es
más fuerte entre las mujeres.
Los
cánones de belleza actuales y el rechazo social a la obesidad femenina hacen que
las adolescentes sientan un impulso irrefrenable de estar tan delgadas como las
modelos "top models" que la publicidad y medios de comunicación presentan a diario.
No
es casual que el perfil de la joven anoréxica sea mayoritariamente el de una chica
responsable y estudiosa, que desea realizar correctamente su rol social y que
tiende a un perfeccionismo exagerado.
Los
mensajes educativos dirigidos a las jóvenes sobre todo estimulan a que hay que
ser doblemente responsable que los chicos para conseguir éxito en la vida profesional
y compatibilizarla armoniosamente con la familia.
Uno
de los índices para lograr el éxito y la aceptación social va a ser tener un físico
apropiado, estar delgada, y dado que la pérdida de peso puede realizarse con voluntad
y esfuerzo he aquí el reto por el cual se va a empezar a ser responsable "también"
en este terreno.
A
los 15 años una de cada cuatro chicas hacen régimen en España, sin que en casi
ningún caso tengan problemas de sobrepeso. A la pregunta de ¿"te ves gordo/a aunque
los demás te vean delgado/a?" el 58 % de estas chicas de 15 años contestó afirmativamente
frente a un 19% de chicos.
En
Suecia y EEUU ya hay un 16% de chicas menores de 16 años que hacen dieta, algunas
reconocieron que la comenzaron a los 9 años.
Es
curioso observar que las lesbianas tienen el índice de trastornos alimentarios
tan bajo como el de los chicos heterosexuales; sin embargo en los chicos homosexuales
este índice se situa a la par que las chicas heterosexuales.
Existe
un anhelo de perfeccionismo corporal latente tanto en chicos como en chicas pero
los varones tienen (por el momento) unos modelos más musculados, no tan delgados.
Pero ya está apareciendo una nueva enfermedad llamada "Vigorexia" que consiste
en una actividad física exagerada en los chicos, especialmente en gimnasios que
se convierte en obsesión ya que a pesar de su musculación se miran en el espejo
y se ven enclenques.
El
impacto entre la población adolescente de programas de TV sobre todo videos musicales
influyen en estas tendencias.
El
psiquiatra Carlos Delgado reflexiona sobre que la anorexia y la bulimia nerviosa
no son enfermedades de niñas tontas que desean ser delgadas. Son personas con
una grave perturbación psicológica. Muy frágiles. En un momento dado se ven frente
a un conflicto: no pueden evolucionar psicológicamente como personas ni pueden
crecer, el conflicto es angustioso. Deciden crecer retrasando su desarrollo. Requieren
mucha ayuda.
En
el I Congreso sobre Trastornos de la alimentación celebrado en Granada, en Abril
de 1997 se hablaron de los tratamientos multidisciplinares para prevenir y curar
estas patologías.
La
detención precoz y un buen diagnóstico son las primeras armas para combatirlas
pero es preciso realizar programas de prevención y promoción de la Salud desde
los ámbitos familiares, educativos y sociales.
En
Navarra, a iniciativa del Instituto Navarro de la Mujer, en colaboración con el
Instituto Navarro de Deporte y Juventud, estamos realizando campañas de sensibilización
y prevención de estos trastornos para las familias y profesorado. Os traigo estos
folletos en los que analizamos los síntomas más frecuentes y la forma en que se
puede desde la familia a prevenir, detectar y solicitar ayuda terapéutica en estos
casos.
Actuaciones
para prevenir y ayudar en este tipo de trastornos
Enseñar
y educar desde la infancia, en la familia y en los centros escolares, a llevar
una vida saludable inculcándoles hábitos de alimentación sana y de actividad física
adecuadas a sus facultades.
Ayudarles
con comprensión y confianza a conocer su propia realidad biológica y psíquica,
sus capacidades y limitaciones infundiéndoles seguridad en sus propios valores,
de forma que puedan sentirse a gusto consigo misma y se acepten como realmente
son.
Fomentar
la autonomía y criterios capaces de evitar que los excesivos mensajes de los medios
de comunicación y la publicidad sobre una imagen corporal falsamente perfecta,
se convierta en una meta a conseguir y en un modelo que se olvida de los valores
integrales de la persona.
Es
muy conveniente realizar las comidas en familia, a ser posible nunca en solitario,
aprovechándolas para una verdadera comunicación y contacto.
Evitar
proponerles metas académicas, deportivas, o estéticas inalcanzables con arreglo
a su capacidad mental o constitución física, ya que ello les podría producir una
disminución de su autoestima.
Si
precisan perder peso por razones de salud, hacerlo siempre con un estricto control
médico. Si manifiestan sus deseo de perder peso innecesariamente o comienzan a
reducir su alimentación y ante la más mínima sospecha de pérdida excesiva o reducción
anómala de su alimentación, consultar con especialistas de atención primaria.
Es
preciso saber que la preocupación continua por la comida en este tipo de trastornos
alimentarios se convierte en algo obsesivo, que la persona no puede dejar de hacerlo
con el consiguiente sentimiento de confusión y estados de ansiedad y depresión.
Cuando
ya se haya detectado el trastorno alimentario, utilizar la calma y el sosiego
para la búsqueda de soluciones, y para ello, la familia no se debe culpabilizar
ni recriminar estas conductas. Todo ello ayudará a una mayor eficacia. En estos
casos es importante buscar ayuda a través de los dispositivos sanitarios de atención
primaria quienes evaluarán el problema y lo derivarán si procede a otros ámbitos
de atención especializada y de salud mental en su caso.
Es
conveniente agruparse en asociaciones de familiares con personas afectadas o grupos
de ayuda mutua para intentar mejorar la atención a estos problemas, y sensibilizar
a la sociedad sobre este tipo de enfermedades. Estas asociaciones realizan acciones
reivindicativas para conseguir una mejor asistencia médica y psicológica denunciando
a los medios de comunicación por la utilización de mensajes negativos.
Todas
las personas relacionadas con la educación también tienen un papel importante
en la detección precoz de estos trastornos, observando los comportamientos, cambios
emocionales y de aspecto físico que pueden hacer pensar en este tipo de trastornos
alimentarios.
PREVENCIÓN DESDE EL AULA
Los
mismos consejos que se ofrecen en el folleto para prevenir y ayudar en este tipo
de trastornos nos van a servir para que en el aula comencemos a trabajar desde
la infancia. Estos mensajes vamos a enmarcarlos en una Educación para la Salud
entendiendo este concepto no solo en la prevención de estas enfermedades sino
en un espacio más amplio y positivo de promoción de salud ya que el centro educativo
no puede permanecer al margen, sino que debe elaborar proyectos y programas en
este ámbito.
En
este tema transversal que lógicamente va a aplicarse tanto a alumnos como a alumnas
vamos a hacer especial hincapié en incidir no solo en los aspectos de buena nutrición
y dietas equilibradas que ya se abordan, sino en otros mensajes:
-
Como defenderse del culto excesivo al cuerpo
- Los inconvenientes de ser perfectos/as.
- Como mejorar la autoestima.
Las
personas con trastornos de alimentación han adquirido unos conocimientos a veces
exhaustivos de la buena alimentación. Conocen perfectamente las dietas saludables,
saben más de calorías, grasas, proteínas, que el resto del alumnado.
Ocurre
que cuando empiezan con sus dietas restrictivas emplean estos conocimientos suprimiendo
precisamente los alimentos que necesitan para su correcto desarrollo y recurriendo
a productos "lights". A veces estas informaciones les llegan desde las propias
dietas que suelen utilizar sus madres o profesoras, recurren a laxantes y diuréticos
y comienzan en el caso de la bulímicas a provocarse vómitos cada vez más frecuentes.
También
los mensajes publicitarios van a ayudar a que esta conducta errónea se considere
como una obligación, la adolescente recibe el mensaje: "Debes estar delgada";
la delgadez tiene prestigio, lo propio, lo natural, lo redondo molesta, perjudica.
El grado de insatisfacción con el esquema corporal se empieza a producir en la
infancia, hay una condena y rechazo de los niños y niñas con algo de gordura,
es el insulto más frecuente en la escuela: "Te estás poniendo como un cerdo, pareces
una vaca, gorda, ballena etc....".
Así
muchas familias comienzan también a influir en sus hijos/as obligándoles casi
con crispación a visitar a pediatras y a restringir su alimentación por temor
a la obesidad.
Es
preciso por lo tanto reorientar desde la escuela las ideas erróneas sobre la percepción
de un cuerpo saludable, que no tiene porque ser excesivamente delgado.
En
la escuela se pueden observar fácilmente cambios físicos y psicológicos que van
a hacernos reflexionar sobre que chicas sobre todo están comenzando a padecer
trastornos de alimentación. Los adelgazamientos exagerados o muy rápidos, la palidez,
tristeza, signos de ejercicio físico agotador, aislamiento, incomunicación son
signos de que puede haber problemas.
Es
fundamental potenciar la autoestima, ofrecer modelos humanos no estereotipados
y favorecer positivamente las diferencias estableciendo medidas de acción positiva
para compensar posibles situaciones de menosprecio en el ámbito escolar.
La
prevención en la escuela va a consistir fundamentalmente en desarrollar habilidades
personales y sociales, potenciar hábitos y actitudes saludables, así como promover
una acción responsable y solidaria con la comunidad.
A
través del denominado "curriculo oculto" es decir los valores y actitudes que
se encuentran de forma implícita en el que hacer cotidiano de las clases, conducta
del profesorado repartición de papeles etc.. se puede influir también positiva
o negativamente en los trastornos de alimentación.
Es
preciso que los programas que se desarrollen para esta prevención contengan mensajes
positivos y no excesivamente dramáticos.
Respecto
a materiales didácticos pueden recurrirse a cosas muy sencillas que pongan de
relieve el atractivo del cuerpo humano en todos sus aspectos, buscar muñecos/as
menos estilizados que la Barby, utilizar recortables con la figura humana sobre
todo la femenina más redondeada y cubrirla con ropas divertidas.
En
adolescentes, la experiencia de nuestra campaña con el alumnado de 2º y 3º consistió
en presentar una película "La boda de Muriel" que realmente no tenía mucha relación
con los trastornos alimentarios. Pero la protagonista era bastante rellenita y
planteaba de forma muy explícita sus problemas con la ropa, las amistades, su
familia, sus conflictos emocionales etc...
A
partir de la evolución de Muriel o Mariel en la recuperación de su autoestima,
la identificación con ella era más positiva, se le veía cada vez más guapa (y
no había adelgazado) conseguía las metas que se proponía y el final era feliz.
Esta
película acompañada de una charla por profesionales de Salud mental expertos en
el tema de estos trastornos dio lugar a animados coloquios en los que el alumnado,
especialmente las chicas expresaron los problemas socioculturales de este anhelo
de delgadez.
También
los chicos fueron alertados de los peligros que supone el excesivo culto al cuerpo
y fueron conscientes del daño que se produce y se sufre al ridiculizar a las personas
por su aspecto físico.
Es
interesante también leer testimonios de jóvenes que han sufrido estos trastornos
y los han resuelto. Se pueden ver programas de TV, estudiar anuncios publicitarios,
obras de teatro, películas para discutir en grupo todos estos aspectos.
BIBLIOGRAFÍA BÁSICA RECOMENDADA
Beck,
A. Freeman, A.; TERAPIA COGNITIVA DE LOS TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD.
Ed. Paidos, 1995.
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D.; SENTIRSE BIEN. Ed.Paidos, 1994.
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V. (dir).; MANUAL PARA EL TRATAMIENTO COGNITIVO-CONDUCTUAL DE LOS TRASTORNOS
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1996.
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FUNDAMENTALES. Ed. Eunsa, 1995.
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A.; GUÍA TEÓRICO-PRACTICA DE LOS TRASTORNOS DE CONDUCTA ALIMENTARIA;
ANOREXIA NERVIOSA Y BULIMIA NERVIOSA. Ed. Masson, 1995.
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Ed. Ergon, 1994.
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C,; TRASTORNOS DEL COMPORTAMIENTO ALIMENTARIO. Ed. Fundación Universidad-Empresa,
1994.
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V.; TRASTORNOS DE LA ALIMENTACIÓN. Ed. Masson, 1997.
Vandereycken,
W.; Castro, J. y Vanderlinden, J.; ANOREXIA Y BULIMIA. La familia en
su génesis y tratamiento. Ed. Martínez Roca, 1991.
VIGOREXIA
La
vigorexia es un trastorno mental denominado así por el psiquiatra estadounidense
Harrison G. Pope del Hospital Mac Lean de la Facultad de Medicina de Harvard en
Belmonte (Massachusetts) y sus colegas de las Universidades de Providence y de
keele.
Sus
estudios publicados en la revista Psychosomatic Medicine, los realizaron entre
adictos a la musculación, y comprobaron que entre los más de nueve millones de
estadounidenses que acuden regularmente a gimnasios cerca de un millón podrían
estar afectados por este desorden emocional.
En
nuestro país no existen por el momento estudios sobre personas que podrían estar
afectadas por este trastorno.
Sus
síntomas son evidentes, los que la padecen tienen tal obsesión por verse musculosos
que se miran constantemente en el espejo y se ven enclenques. Sentirse de este
modo les hace invertir todas las horas posibles en hacer gimnasia para aumentar
su musculatura.
Se
pesan varias veces al día, y hacen comparaciones con otros compañeros de gimnasio.
La enfermedad va derivando en un cuadro obsesivo compulsivo que hace que se sientan
fracasados, abandonen sus actividades y se encierren en gimnasios día y noche.
También siguen dietas bajas en grasas y ricas en hidratos de carbono y proteínas
para aumentar la masa muscular y tienen más riesgo de abusar de sustancias como
hormonas y anabolizantes esteroideos.
Aunque
a la vigorexia se le denomina "la anorexia de los 90" es un trastorno mental diferente,
no es estrictamente alimentario, pero sí comparte la patología de la preocupación
obsesiva por la figura y una distorsión del esquema corporal.
La
vigorexia todavía no está incluida en las tablas de trastornos psicológicos o
psiquiátricos y se le considera una dismorfia corporal, ya que también se le conoce
como dismorfia muscular.
Así
los pacientes aquejados de vigorexia comparten con los dismórficos y anoréxicos
los mismos pensamientos obsesivos y siguen unos rituales reiterativos ante el
espejo que les devuelve su imagen distorsionada.
Estos
trastornos derivados de la excesiva preocupación por el cuerpo que nos inunda
en este final de siglo se están convirtiendo en una verdadera epidemia. Desear
una imagen perfecta no implica padecer una enfermedad mental, pero sí aumenta
las posibilidades de que aparezca.
Aunque
biológicamente hay explicaciones a estos trastornos, por desequilibrios en los
niveles de serotonina y otros neurotransmisores cerebrales, no cabe duda de que
los factores socio-culturales y educativos tienen una gran influencia.
Por
ello los tratamientos de las personas afectadas por vigorexia tendrían que ser
multidisciplinares y combinar la farmacología con terapias cognitivo-conductuales.
Desde
la prevención apostamos por ofrecer desde los medios de comunicación modelos humanos
no estereotipados y enseñar desde la infancia a defenderse del culto excesivo
al cuerpo y la obsesión por la perfección.
DISMORFIA
CORPORAL
Una
historiadora, Almudena Albí en su libro "Tu cuerpo es tuyo" (Editorial Aguilar)
expone como liberar a hombres y mujeres de la esclavitud de los canónes de belleza.
La meta, dice, es estar moderadamente preocupada por el cuerpo sin que se convierta
en una obsesión. Lo ideal no es el cánon impuesto por las revistas de belleza
y los modelos publicitarios, sino estar contenta con una misma y aceptarse como
se es.
Hay
otro tipo de trastorno que afecta a una gran mayoría de la población y que comienza
en la adolescencia. ¿Quién no se ha sentido alguna vez acomplejado por el tamaño
de su nariz? ¡Qué sufrimiento se tiene con el acné en la pubertad!
Estos
complejos agudizados igualmente por la obsesión de la belleza física se convierten
a veces en auténticas enfermedades mentales con ansiedad, depresión, fobias, movimientos
compulsivos-repetitivos (sobre todo miradas al espejo) y que conducen a la llamada
Dismorfia corporal.
Fue
en 1886 y por el doctor italiano Morselli cuando se acuñó el término de dismofia
corporal. Ya Freud había descrito en su literatura científica el caso del "Wolf-man,
hombre lobo" una persona que a pesar de tener un exceso de vello corporal centraba
su excesiva preocupación por el físico en su nariz. La veía horrible, prominente
y llena de cicatrices.
Existe
un amplio número de personas que están más o menos preocupadas por su apariencia,
pero para ser diagnosticado de dismofia, el afectado tiene que sufrir reiteradamente
una obsesión con una parte de su cuerpo que le impida llevar una vida normal.
Algunas
estimaciones apuntan que un 1% de la población sufren este trastorno. algunos
de sus síntomas son:
Dedican varias horas al día a pensar en el defecto corporal que
creen tener.
Suelen mirarse al espejo de forma continuada y como en el caso
de la anorexia, bulimia y vigorexia, este les devuelve una imagen distorsionada
de la realidad.
Las partes del cuerpo más frecuentes de obsesión son de mayor a
menor grado, piel, pelo, nariz, ojos, orejas, piernas, rodillas, pecho, genitales
o la creencia de que su cara es asimétrica.
Suele empezar a manifestarse en la adolescencia, y se mortifican
continuamente interrogando a amigos y familiares sobre su aspecto.
Muchos de ellos recurren a la cirugía estética para zanjar su "manía".
Pero la dismorfia corporal es un trastorno mental, no físico y a pesar de estas
operaciones no consiguen mejorar.
La
solución a este problema suele ser una atención farmacológica con tratamientos
como el Prozac y otros antidepresivos y ansiolíticos. Pero es preciso apoyarse
en la psicoterapia, ya que son personas que deben aprender a recuperar la autoestima
y perder el miedo al fracaso.
La
psicóloga Isabel Pinillos especialista en las terapias a pacientes con trastornos
obsesivo-compulsivos habla en su libro "Obsesiones obsesivas" de casos de dismorfia
corporal. Emplea con ellos un método llamado "sistema motivo" que es una terapia
activa que requiere el compromiso y el esfuerzo del paciente para que este pueda
curarse.
Hay
otros trastornos de tipo obsesivo-compulsivo que sin estar relacionados con el
esquema corporal aparecen también en la infancia y la adolescencia. A veces el
perfeccionismo, el miedo al fracaso, el temor al ridículo, al que dirán, la limpieza
y las enfermedades conducen a gente muy joven e inteligente al inicio de estos
procesos.
Hasta
hace poco se consideraban estos trastornos, tanto los alimentarios como los de
vigorexia y dismorfia corporal como manías propias de la edad del crecimiento
y que se corregirían con la edad.
Hoy
día, sin caer en el alarmismo hay que estar preparados desde la familia y la escuela
para la detección precoz de los mismos y sobre todo para la prevención.
Fuente
http://www.cfnavarra.es/inam
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