Alergias
e intolerancias alimentarias
1. Introducción
La mayoría de
las personas pueden comer una gran variedad de alimentos sin problemas.
No obstante, en un pequeño porcentaje de la población
hay determinados alimentos o componentes de alimentos que pueden
provocar reacciones adversas, que pueden ser desde pequeñas
erupciones hasta reacciones alérgicas graves.
Las reacciones adversas
a los alimentos pueden deberse a una alergia alimentaria o a una
intolerancia alimentaria. Aunque una de cada tres personas creen
que son "alérgicas" a algunos alimentos, la prevalencia
real de la alergia alimentaria es tan sólo de un 2% en la
población adulta. En la población infantil, la incidencia
es superior al 3-7%, aunque la mayoría superan las alergias
alimentarias antes de comenzar a ir al colegio.
2. ¿Qué
diferencia hay entre alergia alimentaria e intolerancia alimentaria?
Las reacciones adversas
a los alimentos se confunden frecuentemente con las alergias alimentarias.
En muchos casos, dichas reacciones se deben a algún otro
factor - quizás una intoxicación alimentaria, una
aversión psicológica a un alimento, o una intolerancia
a un ingrediente de un alimento.
La alergia alimentaria
es una forma específica de intolerancia a un alimento o uno
de sus componentes, que activa el sistema inmunológico. Un
alérgeno (proteína del alimento causante, que en la
mayoría de la gente no produce reacciones adversas) provoca
una serie de reacciones en cadena en el sistema inmunológico,
entre ellas la producción de anticuerpos. Dichos anticuerpos
provocan la segregación de sustancias químicas, como
la histamina, que produce varios síntomas, como picor, moqueo,
tos o trastornos respiratorios. Frecuentemente, las alergias a los
alimentos o a sus componentes se heredan, y normalmente se identifican
en los primeros años de vida.
La intolerancia alimentaria
afecta al metabolismo, pero no al sistema inmunológico del
cuerpo. Un buen ejemplo es la intolerancia a la lactosa, que se
da en ciertas personas por la carencia de una enzima digestiva llamada
lactasa, que descompone el azúcar de la leche.
3. Alergia alimentaria
3.1. ¿En qué consiste una reacción
alérgica?
El sistema inmunológico
generalmente protege al cuerpo de las proteínas extrañas
dañinas, generando una reacción para eliminarlas.
La alergia se da esencialmente cuando el "sistema inmunológico
no funciona bien", y percibe una sustancia normalmente inocua
como si fuera una amenaza - un alérgeno -, y lo ataca con
las defensas inmunológicas del cuerpo. Cuando hay una reacción
alérgica real, el cuerpo produce anticuerpos (una proteína
que específicamente se une a otra proteína llamada
antígeno - en este caso el alérgeno - para neutralizarla
y eliminarla del cuerpo). Los anticuerpos conocidos como inmunoglobulina
E (IgE) reaccionan ante los alérgenos, y esto a su vez produce
una reacción en los mastocitos (células de los tejidos)
y los basófilos (un tipo de célula de la sangre).
Los mastocitos se encuentran en la superficie de la piel y en las
membranas mucosas de la nariz, del aparato respiratorio, los ojos
y el intestino. Los mastocitos segregan una sustancia denominada
histamina y otras, como leucotrienos y prostaglandinas, que provocan
síntomas alérgicos, como los que se enumeran en la
Tabla 1. Se producen reacciones adversas de forma inmediata, que
normalmente son localizadas. Algunas reacciones alérgicas
tardan horas o incluso días en desarrollarse desde el momento
de la exposición a la proteína extraña. Normalmente
se denominan "reacciones de hipersensibilidad retardada".
Afortunadamente, la mayoría
de las reacciones alérgicas a los alimentos son relativamente
leves, excepto en el caso de un número reducido de personas
que experimentan una reacción grave con peligro de muerte,
que se conoce como anafilaxis. Una reacción anafiláctica
se puede producir a los pocos minutos de la exposición y
requiere tratamiento médico inmediato. Los cacahuetes son
uno de los alimentos que pueden provocar un "shock anafiláctico,
que es una peligrosa reacción que se caracteriza por una
caída súbita de la presión sanguínea
y quien la sufre puede morir de una parada cardiaca, a no ser que
se le administre inmediatamente adrenalina, para abrir las vías
respiratorias.
Síntomas
de las reacciones alérgicas a los alimentos:
Respiratorios:
- Moqueo o congestión
nasal
- Estornudos
- Asma (dificultad
para respirar)
- Tos
- Sibilancia
Cutáneos:
- Inflamación
de labios, boca, lengua, cara y/o la garganta (angioedema)
- Urticaria
- Erupciones o enrojecimiento
- Picazón (prurito)
- Eczema
Gastrointestinales:
- Dolor abdominal
- Diarrea
- Náuseas
- Vómitos
- Cólicos
- Hinchazón
Sistémicos:
- Shock anafiláctico
(shock generalizado grave)
3.2. ¿Qué
personas corren el riesgo de sufrir alergias alimentarias?
Conocer los antecedentes
familiares es la mejor forma de poder predecir la posibilidad de
que haya problemas provocados por alergias alimentarias. Los niños
con una madre o un padre alérgico tienen el doble de posibilidades
de desarrollar una alergia alimentaria, que los niños cuyos
padres no padecen alergias. Si tanto el padre como la madre son
alérgicos, el riesgo es de cuatro a seis veces mayor. Se
ha demostrado que la lactancia materna reduce el riesgo de sufrir
alergias alimentarias, en comparación con aquellos bebés
que son alimentados con preparados para lactantes. Parece que la
única manera de proteger en alguna medida a los niños
que nacen en familias, en las que hay algún familiar directo
que tenga alergias, es que se continúe con la lactancia materna
durante 4-6 meses.
3.3. ¿Cuál es la prevalencia de las alergias alimentarias?
Se calcula que la prevalencia
de las alergias alimentarias es mucho menor de lo que cree el público.
Aunque una de cada tres personas afirma ser alérgica a algún
alimento, la incidencia real es bastante baja. Hay pocos estudios
que señalen cuál es la verdadera prevalencia de las
alergias alimentarias, en los que se confirmen las reacciones alergias
con una prueba de estimulación alimentaria a doble ciego.
Gracias a estos estudios,
se ha estimado que el promedio de alergias alimentarias en la población
adulta es aproximadamente de un 1-2%. La prevalencia es mayor entre
los niños pequeños, y se calcula que un 3-7% sufren
alergias. Afortunadamente entre el 80% y 90% superan estas alergias
antes de los 3 años.. Mientras que las alergias al huevo
y la leche de vaca pueden desaparecer, las alergias a los frutos
secos, las legumbres, el pescado y el marisco suelen permanecer
durante toda la vida del individuo.
3.4. ¿Qué alimentos suelen causar alergias
alimentarias?
Aunque se pueden dar
reacciones alérgicas a cualquier alimento o componente del
mismo, algunas se dan con mayor frecuencia que otras. Los alérgenos
alimenticios más comunes son la leche de vaca, los huevos,
la soja, el trigo, los crustáceos, las frutas, los cacahuetes
y los frutos secos, como las nueces.
3.4.1. Alergia a la proteína de la leche de vaca
La alergia a la proteína
de la leche de vaca es más común en bebés y
niños, especialmente cuando hay antecedentes familiares de
alergia. Se da en un 0,5-4% de los bebés y su prevalencia
disminuye con la edad. Los síntomas más comunes son
los vómitos y la diarrea, aunque las reacciones adversas
pueden variar de una persona a otra. Afortunadamente, las reacciones
a la proteína de la leche vaca generalmente remiten pronto
y la incidencia en niños de más edad y en adultos
es mucho menor.
La alerginicidad de la
leche de vaca se puede reducir mediante el uso de diferentes tratamientos
en el procesamiento de los productos lácteos. El tratamiento
térmico desnaturaliza algunas de las proteínas lácteas,
reduciendo su alergenicidad. Por este motivo, algunas personas sensibles
a la leche pueden tolerar productos con leche esterilizada o evaporada,
pero no la leche pasteurizada. Otros procesos lácteos, como
la degradación enzimática de las proteínas
en péptidos, también pueden reducir la posible alergenicidad
de las proteínas del lactosuero. En los productos fermentados,
como el yogur, y en los quesos, la estructura de las proteínas
lácteas no cambia mucho y por ello, conservan su alergenicidad.
Cuando se confirma un
diagnóstico de alergia a la proteína de la leche,
es importante asegurarse de que se mantiene una dieta equilibrada
y saludable, especialmente durante el crecimiento y desarrollo de
los niños. Es esencial contar con el asesoramiento de un
dietista titulado para garantizar una ingesta óptima de nutrientes
como el calcio, el magnesio, y las vitaminas A, D B2 y B12. El consumo
de sardinas y salmón con espinas (en lata) y de verduras
verdes cocidas, como el brócoli, ayuda a mantener las ingestas
recomendadas de calcio.
3.4.2. Cacahuetes y frutos secos
La alergia a los frutos
secos se considera una afección importante, ya que comienza
a una edad temprana, dura toda la vida y puede ser fatal. Los cacahuetes,
también conocidos como manises, y los frutos secos como las
almendras, las castañas, las avellanas y las nueces pueden
provocar síntomas, incluso aunque el contacto haya sido mínimo,
con la piel intacta o por inhalación. La alergia leve a los
frutos secos se puede limitar a una erupción, náuseas,
dolor de cabeza y a la inflamación de la lengua y los labios,
mientras que la alergia grave a los frutos secos y a los cacahuetes
puede provocar un shock anafiláctico. Debido a la posible
gravedad de los síntomas de la reacción alérgica
a los frutos secos, aquellas personas que sufren dichas reacciones
deberán evitar cualquier contacto con los mismos y llevar
adrenalina en todo momento (para contrarrestar reacciones alérgicas
graves)
3.4.3. Otros alérgenos alimentarios comunes
Otros alimentos que están
más o menos asociados con las reacciones alérgicas
son las frutas, las legumbres (incluida la soja), los huevos, los
crustáceos (cangrejo, langosta, cigala y langostino), el
pescado y las verduras, las semillas de sésamo, de girasol,
de algodón, de amapola y la semilla de mostaza. La capacidad
alergénica de algunos alérgenos alimenticios desaparece
cuando se cocinan o se procesan, ya que se desnaturalizan las proteínas.
Las técnicas de procesamiento más modernas, como los
tratamientos de alta presión para alimentos, la fermentación
y los tratamientos enzimáticos, pueden ayudar a reducir la
alergenicidad de algunas proteínas alimenticias. También
se pueden eliminar los alérgenos de los aceites mediante
el refinado. Algunos de los problemas sin resolver en cuanto a alergias
alimentarias están relacionados con la presencia en pequeñas
cantidades de un determinado alérgeno en alimentos procesados
o en platos consumidos fuera de casa.
4. Intolerancia alimentaria
La intolerancia alimentaria
puede tener síntomas similares a los de una alergia (entre
ellos náuseas, diarrea y dolor abdominal), sin embargo el
sistema inmunológico no interviene en las reacciones que
se producen de la misma manera. La intolerancia alimentaria se da
cuando el cuerpo no puede digerir correctamente un alimento o uno
de sus componentes. Mientras que las personas que tienen realmente
alergias alimentarias necesitan generalmente eliminar el alimento
causante de su dieta, las personas que sufren una intolerancia pueden
consumir pequeñas cantidades del alimento o del componente
alimenticio, sin que se den síntomas, excepto en el caso
de personas que sean sensibles al gluten o al sulfito.
4.1. ¿Cuáles son las causas más comunes
de la intolerancia alimentaria?
Las dos causas más
comunes de las intolerancias alimentarias son la lactosa y el gluten.
4.1.1. Intolerancia a la lactosa
La lactosa es el azúcar
que se encuentra en la leche. Normalmente, la enzima lactasa, que
está presente en el intestino delgado, descompone la lactosa
en azúcares más simples (glucosa y galactosa), para
que puedan ser absorbidos por el torrente sanguíneo. Cuando
la actividad de la enzima es demasiado baja, la lactosa no se puede
digerir, y pasa al intestino grueso, donde es fermentada por las
bacterias de la flora intestinal. Esto puede provocar síntomas
como flatulencia, dolor y diarrea.
Aunque la mayoría
de la gente que proviene del Norte de Europa produce suficiente
lactasa a lo largo de su vida, la deficiencia de lactasa es un fenómeno
común en algunas razas de color y algunas personas de Oriente
Medio, India y zonas de África, así como en sus descendientes.
En realidad, aproximadamente un 70 por ciento de la población
adulta del mundo no produce suficiente lactasa, y consecuentemente
tiene algún grado de intolerancia a la lactosa. En Europa,
la deficiencia de lactasa se da en cerca de un cinco por ciento
de la población blanca, y en una proporción mucho
mayor (entre el 50 y el 80 por ciento) en grupos étnicos.
La cantidad de leche
y productos lácteos que puede producir síntomas de
intolerancia varía mucho. Algunas personas que tienen una
baja actividad intestinal de lactasa pueden tomarse un vaso de leche
sin experimentar ninguna molestia. Igualmente, los quesos duros,
debido a su contenido bajo en lactosa, y los productos de leche
fermentada, como el yogur, normalmente son bien tolerados. Esto
podría explicar por qué el consumo de productos lácteos
cultivados y los yogures está tan extendido en zonas del
mundo donde es común la deficiencia de lactasa. Además,
se puede mejorar la tolerancia en personas sensibles, si se consumen
alimentos que contienen lactosa como parte de las comidas, y se
reduce la cantidad de alimentos ricos en lactosa que se ingieren
de una sola vez.
4.1.2. Intolerancia al gluten
La intolerancia al gluten
es un trastorno intestinal que se da cuando el cuerpo no puede tolerar
el gluten (una proteína que se encuentra en el trigo, el
centeno, la cebada y las avenas, aunque existe controversia con
respecto al papel de estas últimas y actualmente es objeto
de investigación) La prevalencia de esta afección,
también llamada enfermedad celíaca o enteropatía
inducida por el gluten, está infravalorada. Los exámenes
serológicos detectan una media de 1 caso por cada 100 personas,
que de otra manera no son diagnosticadas, en la población
europea (con variaciones regionales).
La enfermedad celíaca
es una intolerancia permanente que se puede diagnosticar a cualquier
edad. Si el enfermo consume alimentos que contienen gluten, la mucosa
del intestino delgado queda dañada, y tiene menos capacidad
para absorber nutrientes esenciales como las grasas, las proteínas,
los carbohidratos, los minerales y las vitaminas. Entre sus síntomas
destacan la diarrea, la pérdida de peso, la fatiga, la irritabilidad
y el dolor abdominal. En los niños, se pueden dar síntomas
de desnutrición, entre ellos problemas de crecimiento. Actualmente,
la única forma de ayudar a los pacientes celiacos es proporcionarles
una dieta sin gluten. Normalmente se pueden conseguir listas de
alimentos sin gluten en los centros locales de información
dietética y en las asociaciones de apoyo relacionadas con
enfermedad celiaca. Cuando se elimina el gluten de la dieta, el
intestino se regenera gradualmente, y desaparecen los síntomas.
En estos momentos se
están realizando investigaciones para identificar la naturaleza
y la secuencia exactas de aminoácidos del gluten que producen
la enfermedad celíaca, y es posible que en un futuro esta
información tenga importantes aplicaciones en la biotecnología
y el desarrollo de cultivos de cereales que no causen intolerancia.
5. Aditivos alimentarios y reacciones adversas
Aunque los aditivos alimentarios
no suponen ningún problema para la mayoría de la gente,
un número reducido de personas con determinadas alergias
pueden ser sensibles a algunos aditivos, como ciertos colorantes
y sulfitos.
6. ¿Cómo se diagnostican la alergia alimentaria
y la intolerancia alimentaria?
La alergia y la intolerancia
alimentaria se pueden diagnosticar adecuadamente utilizando métodos
de detección científicamente válidos. Si alguien
piensa que puede estar sufriendo una respuesta alérgica a
determinadas sustancias alimenticias, lo primero que debe hacer
es ir al médico, para asegurarse de que los síntomas
no se deben a otra enfermedad y para que éste remita al paciente
a un dietista o un especialista en alergias.
El primer paso para llegar
a un diagnóstico fiable es conseguir un historial detallado
sobre los antecedentes médicos del paciente y de sus familiares.
Hay que prestar especial atención al tipo de síntomas,
su frecuencia y a si se dan cuando se consumen determinados alimentos.
También se debe realizar un reconocimiento físico
completo del paciente. Después, se pueden utilizar los siguientes
métodos para detectar la enfermedad:
6.1. Pruebas cutáneas
Tomando como base el
historial dietético, se incluyen en el panel utilizado para
las prueba cutáneas los alimentos que se sospecha que pueden
causar reacciones alérgicas. El valor de este tipo de pruebas
es objeto de controversia y no se puede considerar que los resultados
tengan una fiabilidad del 100%. Las pruebas consisten en colocar
sobre la piel extractos de determinados alimentos, que se pinchan
o se escarifican en la piel para observar si hay reacciones de escozor
o hinchazón.
6.2. Dietas basadas en la eliminación de alimentos
Las dietas de eliminación
consisten en suprimir de las mismas el alimento o la combinación
de alimentos que están bajo sospecha durante las dos semanas
anteriores a la estimulación alimentaria. Si desaparecen
los síntomas durante este periodo de tiempo, se vuelven a
añadir a la dieta los alimentos eliminados, en pequeña
cantidades que se incrementan gradualmente hasta que se alcanza
un consumo normal. Una vez verificados todos los alimentos que estaban
bajo sospecha, se pueden evitar consumir aquellos que hayan causado
problemas.
6.3. Pruebas RAST (radioalergosorbentes)
Estas pruebas consisten
en mezclar en una probeta pequeñas muestras de la sangre
del paciente con extractos de alimentos. En caso de una alergia
real, la sangre produce anticuerpos, que pueden detectarse, para
combatir la proteína extraña. La prueba sólo
sirve como indicación de que existe una alergia y no determina
el grado de sensibilidad al alimento causante.
6.4. Prueba de estimulación alimentaria a doble ciego
En esta prueba de alergia,
se coloca el alérgeno bajo sospecha en una cápsula
o se esconde en un alimento y se da de comer al paciente en condiciones
clínicas estrictas. Estas pruebas permiten que los médicos
especializados en alergias e intolerancias alimentarias identifiquen
la mayoría de los alimentos y componentes alimenticios que
causan efectos adversos.
El resto de las formas
de verificar las alergias alimentarias no están probadas
y pueden no tener ningún valor.
7. ¿Qué se puede hacer para prevenir alergias e intolerancias
alimentarias?
Una vez que se ha realizado
un examen completo para identificar de forma precisa los alimentos
o componentes causantes, la única forma de prevenir las reacciones
alérgicas en las personas sensibles es eliminar dicho alimento
o componente de su dieta o de su entorno. En caso de intolerancia
alimentaria, puede ser suficiente limitar el tamaño de las
raciones que se consumen del alimento en cuestión, para evitar
los síntomas. La mejor forma de protegerse es leer la información
sobre los ingredientes de las etiquetas, y conocer qué alimentos
provocan las alergias, la intolerancia o el asma.
Se puede pedir la ayuda
profesional de un dietista titulado para asegurarse de que no se
excluyen nutrientes de la dieta cuando se cambian o sustituyen alimentos.
También es importante preguntar sobre los ingredientes y
métodos culinarios empleados cuando se come fuera de casa,
para evitar así los alimentos que causan problemas. Cuando
una persona sale a comer fuera debe explicar su situación
y sus necesidades al anfitrión o a la persona que sirve la
comida. Si es necesario, hay que solicitar hablar con el chef o
gerente del café o del restaurante.
En caso de dudas, se
debe apostar por la seguridad y comer alimentos sencillos como carne
a la parrilla, o llevar alimentos que haya preparado uno mismo.
Hay que tener siempre un plan de respuesta rápida si una
persona, está sufriendo una reacción alérgica
grave y se debe llamar inmediatamente a un médico o una ambulancia.
8. ¿Qué responsabilidades tienen los fabricantes
y minoristas de alimentos?
Hoy en día se
reconoce que las alergias alimentarias son un tema importante en
la seguridad alimentaria y la industria alimenticia debe procurar
ayudar a aquellos que sufren alergias a seleccionar una dieta adecuada
y fiable.
Los fabricantes tienen
que utilizar buenos criterios a la hora de utilizar como ingredientes
los principales alérgenos graves, avisar sobre la presencia
o posible presencia de dichos alérgenos en los productos,
y evitar la contaminación adventicia de los alimentos, con
alérgenos que estén presentes en otros productos.
Estos temas se pueden
solucionar si se siguen las Normas de Correcta Fabricación
(Good Manufacturing Practices -(GMP), que incluyen la implementación
de los sistemas de Análisis de Riesgos y Punto de Control
Crítico (Hazard Análisis y Critical Control Point
,HACCP), que implican una estrecha cooperación con los proveedores
de materias primas y otros puntos de la cadena de abastecimiento
de alimentos. El desarrollo adecuado de fórmulas y controles
asegura que el producto alimenticio preparado contiene sólo
los ingredientes que se especifican en sus formulaciones. También
se deben tomar precauciones para evitar el contacto de las materias
durante el almacenamiento, manipulación y procesamiento de
las mismas, cuando se utilizan equipos de producción compartidos.
9. ¿Qué está sucediendo en cuanto al
etiquetado de posibles alérgenos en alimentos?
La Unión Europea
está planteándose la manera adecuada de etiquetar
los alérgenos, y mientras tanto muchos organismos nacionales
han elaborado directrices para potenciar la adopción de las
Normas GMP y para proporcionar información al consumidor.
La Comisión del
Codex Alimentarius, la Comisión de la Unión Europea
y otros organismos internacionales están estableciendo los
criterios científicos para seleccionar qué alimentos
alergénicos deben etiquetarse. Se han considerado como alérgenos
graves los cacahuetes, los frutos secos, los crustáceos,
el pescado, la soja, la leche de vaca, los huevos, el trigo y el
sésamo (Comisión de la UE).
Aunque no existen disposiciones
específicas en la legislación alimentaria de la UE,
que exijan el etiquetado de los posibles alérgenos alimentarios,
sí que hay requisitos generales relativos a la declaración
de todos los ingredientes en la lista de ingredientes del producto.
En estos momentos existen las siguientes excepciones a esta norma
general:
- No es necesario que
se enumeren en el etiquetado los ingredientes incluidos en la
"norma del 25%". Este el caso de los ingredientes compuestos
(que tienen un nombre común, pero están formados
por varios ingredientes diferentes), que supongan menos del 25
por ciento del producto acabado;
- Los ingredientes "transferidos",
como algunos aditivos que no desempeñan ninguna función
tecnológica en el producto acabado, pero son transferidos
a un alimento por uno de sus ingredientes;
- y algunos alimentos
(p. Ej. algunos quesos y la mayoría de las bebidas alcohólicas).
De forma voluntaria algunos
fabricantes y minoristas, ya declaran la mayoría de los alérgenos
graves en las listas de ingredientes, incluso aunque estén
presentes en muy bajas cantidades. Además, los productores
de alimentos utilizan etiquetas, como las que indican 'puede contener',
en productos en los que adventiciamente puede haber pequeñas
cantidades de posibles alérgenos. No obstante, en respuesta
a las constantes peticiones por parte de los consumidores de que
se facilite mejor información en los productos que se adquieren,
la Comisión ha dictado una propuesta de enmienda de la Directiva
2000/13/EC relativa al etiquetado de los productos alimenticios.
Dicha propuesta modificará la "norma del 25%",
lo que significa que será obligatorio que aparezcan en el
etiquetado todos los ingredientes añadidos intencionadamente.
La propuesta también establece el etiquetado obligatorio
de todos los ingredientes que se sabe, gracias a los estudios científicos
publicados, que pueden causar alergias. Con esta enmienda se pretende
asegurar que haya una mejor información sobre los contenidos
de los productos alimenticios, para que los consumidores con alergias
sean capaces de identificar los ingredientes alrgénicos que
puedan estar presentes en los mismos.
Algunos fabricantes y
minoristas ponen a disposición de los consumidores listas
de productos que no contienen determinados alérgenos, mediante
folletos, líneas de atención al cliente y sitios web.
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Fuente
El Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación
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