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Accidente
Vascular Cerebral
Factores de Riesgo
Introducción
Hace más de 2,400 años el padre de la medicina, Hipócrates,
reconoció y describió el accidente cerebrovascular como el "inicio
repentino de parálisis". Hasta hace poco, la medicina moderna ha podido
hacer muy poco por esta condición, pero el mundo de la medicina relacionada
con los accidentes cerebrovasculares está cambiando y se están desarrollando
cada día nuevas y mejores terapias. Hoy día, algunas de las personas
que sufren un accidente cerebrovascular pueden salir del mismo sin incapacidad
o con muy pocas incapacidades, si reciben tratamiento con prontitud. Los médicos
hoy día pueden ofrecer a los pacientes que sufren un accidente cerebrovascular
y a sus familias algo que hasta ahora ha sido muy difícil de ofrecer: la
esperanza. En
tiempos antiguos el accidente cerebrovascular se conocía como apoplejía*,
un término general que los médicos aplicaban a cualquier persona
afectada repentinamente por parálisis. Debido a que muchas condiciones
pueden conducir a una parálisis repentina, el término apoplejía
no indicaba diagnóstico o causa específica. Los médicos sabían
muy poco acerca de la causa del accidente cerebrovascular y la única terapia
establecida era alimentar y cuidar al paciente hasta que el mismo siguiera su
curso. La primera
persona en investigar los signos patológicos de la apoplejía fue
Johann Jacob Wepfer. Nacido en Schaffhausen, Suiza, en 1620, Wepfer estudió
medicina y fue el primero en identificar los signos "posmorten" de la
hemorragia en el cerebro de los pacientes fallecidos de apoplejía. De los
estudios de autopsias obtuvo conocimiento sobre las arterias carótidas
y vertebrales que suministran sangre al cerebro. Wepfer fue también la
primera persona en indicar que la apoplejía, además de ser ocasionada
por la hemorragia en el cerebro, podría también ser causada por
un bloqueo de una de las arterias principales que suministran sangre al cerebro.
Así pues, la apoplegía vino a conocerse como enfermedad cerebrovascular
("cerebro" se refiere a una parte del cerebro; "vascular"
se refiere a los vasos sanguíneos y a las arterias). La
ciencia médica confirmaría con el tiempo las hipótesis de
Wepfer, pero hasta muy recientemente los médicos podían ofrecer
poco en materia de terapia. Durante las dos últimas décadas, los
investigadores básicos y clínicos, muchos de ellos patrocinados
y financiados en parte por el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos
y Accidente Vasculares (National Institute of Neurological Disorders and Stroke
- NINDS), han aprendido mucho acerca del accidente cerebrovascular. Han identificado
los principales factores de riesgo de esta condición médica y han
formulado técnicas quirúrgicas y tratamientos a base de medicamentos
para la prevención del accidente cerebrovascular. Pero quizás el
acontecimiento nuevo más interesante en el campo de la investigación
del accidente cerebrovascular es la aprobación reciente de un tratamiento
a base de medicamentos que puede invertir el curso del accidente cerebrovascular,
si se administra en las primeras horas después de aparecer los síntomas.
Estudios con
animales han demostrado que la lesión cerebral ocurre dentro de unos minutos
después de ocurrir un accidente cerebrovascular y puede hacerse irreversible
dentro de un periodo de solo una hora. En los seres humanos, el daño cerebral
comienza en el momento en que empieza el accidente cerebrovascular y a menudo
continúa por días después de ocurrir el mismo. Los científicos
saben ahora que hay una "ventana de oportunidad" muy reducida para tratar
la forma más común del accidente cerebrovascular. Debido a éstos
y a otros adelantos en el campo de la enfermedad cerebrovascular, los pacientes
que sufren estos accidentes cerebrovasculares tienen ahora una probabilidad de
sobrevivir y recuperarse. Costo
del Accidente Cerebrovascular en los Estados Unidos - Costo
total del accidente cerebrovascular en los Estados Unidos: estimado en unos US
$43 billones por año
- Costo
directo de la atención médica y la terapia: estimado en unos US
$28 billones por año
- Costos
indirectos de la pérdida de productividad y otros factores: estimado en
unos US $15 millones anuales
- Costo
promedio de atención de un paciente hasta 90 días después
de sufrir un accidente cerebrovascular: >US $15,000*
- Para
un 10% de los pacientes, el costo de la atención médica durante
los primeros 90 días después de occurrir un accidente cerebrovascular:
>US $35,000*
- Porcentaje
del costo directo de la atención médica durante los primeros 90
días:*
- Hospitalización
inicial = 43%
- Rehabilitación
= 16%
- Costos
de médicos = 14%
- Readmisión
al hospital = 14%
- Medicamentos
y otros gastos = 13%
* Tomado de "The Stroke/Brain Attack Reporter's
Handbook", National Stroke Association, Englewood, CO, 1997
¿Qué
es un accidente cerebrovascular?
Un accidente cerebrovascular ocurre
cuando el suministro de sangre a una parte del cerebro se interrumpe repentinamente
o cuando un vaso sanguíneo en el cerebro se rompe, derramando sangre en
los espacios que rodean a las células cerebrales. De la misma forma que
se dice que una persona que sufre una pérdida de flujo sanguíneo
al corazón tiene un ataque cardiaco, puede decirse que una persona con
una pérdida de flujo sanguíneo al cerebro o una hemorragia repentina
en el cerebro tiene un "ataque cerebral" o sufre un accidente cerebrovascular.
Las células
cerebrales mueren cuando dejan de recibir oxígeno y nutrientes de la sangre
o cuando son dañadas por una hemorragia repentina en el cerebro y alrededor
del mismo. Isquemia es el término utilizado para describir la pérdida
de oxígeno y nutrientes en las células cerebrales cuando no existe
un flujo adecuado de sangre. La isquemia conduce finalmente a un infarto, la muerte
de células cerebrales que con el tiempo son sustituidas por una cavidad
llena de fluido en el cerebro lesionado. Cuando
se interrumpe el flujo de sangre al cerebro, algunas células cerebrales
mueren inmediatamente, mientras que otras permanecen sometidas a riesgo de morir.
Estas células dañadas constituyen la penumbra isquémica y
pueden permanecer en un estado de riesgo por varias horas. Con tratamiento oportuno,
estas células pueden salvarse. La penumbra isquémica se trata más
detalladamente en el Apéndice. *
El término en inglés para describir el accidente cerebrovascular
es "stroke". En español, muchas personas comúnmente utilizan
los términos "ataque cerebrovascular" o "derrame cerebral".
Aún cuando
un accidente cerebrovascular ocurre en los lugares recónditos del cerebro,
los síntomas del mismo son fáciles de detectar. Entre éstos
figuran los siguientes: entumecimiento o debilidad repentina, especialmente en
un lado del cuerpo; confusión repentina o problemas con el habla o la comprensión;
problemas repentinos en la vista con uno o ambos ojos; problemas repentinos en
el andar, mareos o pérdida de equilibrio o coordinación; o un dolor
de cabeza severo repentino sin causa conocida. Todos
los síntomas del accidente cerebrovascular aparecen repentinamente y, a
menudo, hay más de un síntoma al mismo tiempo. Por tanto, el accidente
cerebrovascular puede usualmente distinguirse de otras causas de mareos o dolores
de cabeza. Estos síntomas pueden indicar que ha ocurrido un accidente cerebrovascular
y que se necesita inmediatamente atención médica. Hay
dos formas de accidente cerebrovascular: el accidente cerebrovascular isquémico
cuando hay un bloqueo de un vaso sanguíneo que suministra sangre
al cerebro, y el accidente cerebrovascular hemorrágico cuando ocurre
un ensangramiento en el cerebro y alrededor del mismo. En las secciones siguientes
se describen estas formas de accidentes cerebrovasculares detalladamente. Accidente
cerebrovascular isquémico
Un accidente cerebrovascular isquémico
ocurre cuando una arteria que suministra sangre al cerebro queda bloqueada, reduciendo
repentinamente, o interrumpiendo el flujo de sangre y, con el tiempo, ocasionando
un infarto en el cerebro. Aproximadamente un 80 por ciento de todos los accidentes
cerebrovasculares son de tipo isquémico. Los coágulos de sangre
son la causa más común de bloqueo arterial y de infarto cerebral.
El proceso de coagulación es necesario y beneficioso en todo el cuerpo
debido a que detiene la hemorragia y permite reparar las áreas dañadas
de las arterias o de las venas. Sin embargo, cuando los coágulos de sangre
se forman en el lugar incorrecto dentro de una arteria, ocasionan una lesión
devastadora al interferir con el flujo normal de sangre. Los problemas de coagulación
se hacen más frecuentes a medida que las personas avanzan en edad.
Los
coágulos de sangre pueden ocasionar isquemia e infarto de dos formas. Un
coágulo que se forma en una parte del cuerpo fuera del cerebro puede trasladarse
a través de los vasos sanguíneos y quedar atrapado en una arteria
cerebral. Este coágulo libre se denomina émbolo y a menudo se forma
en el corazón. Un accidente cerebrovascular ocasionado por un émbolo
se denomina accidente cerebrovascular embólico. La segunda clase de accidente
cerebrovascular isquémico, llamado accidente cerebrovascular trombótico,
es ocasionado por una trombosis. Una trombosis es la formación de un coágulo
de sangre en una de las arterias cerebrales que permanece fijo a la pared arterial
hasta que aumenta de tamaño, lo suficiente para bloquear el flujo de sangre
al cerebro. Los
accidentes cerebrovasculares isquémicos también pueden ser ocasionados
por estenosis, o estrechamiento de una arteria debido a la acumulación
de placa (una mezcla de sustancias grasas, incluyendo el colesterol y otros lípidos)
y de coágulos de sangre a lo largo de la pared arterial. La estenosis puede
ocurrir tanto en las arterias grandes como en las pequeñas y, por tanto,
se llama enfermedad de vasos grandes o enfermedad de vasos pequeños, respectivamente.
Cuando ocurre un accidente cerebrovascular debido a una enfermedad de vasos pequeños,
se desarrolla un infarto muy pequeño, llamado a veces infarto lagunar,
de la palabra francesa "lacune" que significa "laguna" o "cavidad".
La enfermedad
de los vasos sanguíneos más común que ocasiona estenosis
es la arteriosclerosis. En la arteriosclerosis, depósitos de placa se acumulan
a lo largo de las paredes interiores de las arterias grandes y medianas, ocasionando
un aumento en el espesor, endurecimiento y pérdida de elasticidad de las
paredes arteriales y una reducción en el flujo sanguíneo. El rol
del colesterol y los lípidos sanguíneos con respecto al riesgo de
accidente cerebrovascular se trata en la sección sobre colesterol en este
documento "¿Quién esta sometido a riesgo de surfrir un accidente
cerebrovascular? Accidente
cerebrovascular hemorrágico
En un cerebro saludable, que funciona,
las neuronas no entran en contacto directo con la sangre. El oxígeno vital
y los nutrientes que las neuronas necesitan de la sangre llegan a las neuronas
a través de paredes delgadas de los capilares cerebrales. Las glias (celdas
del sistema nervioso que soportan y protegen a las neuronas) forman una barrera
sanguínea-cerebral o hemoencefálica -- una trama compleja que rodea
a los vasos sanguíneos y capilares y controla qué elementos de la
sangre pueden pasar a través a las neuronas.
Cuando
se rompe una arteria en el cerebro, la sangre pasa al tejido circundante y perturba
no sólo el suministro de sangre sino el equilibrio químico delicado
que las neuronas requieren para funcionar. A este tipo de accidente cerebrovascular
se le llama accidente cerebrovascular hemorrágico. Estos accidentes hemorrágicos
representan aproximadamente un 20 por ciento de todos los ataques cerebrovasculares.
La hemorragia ocurre de varias formas. Una causa común es una aneurisma
sangrante, un lugar débil o delgado en una pared arterial. Con el tiempo,
estos lugares débiles se dilatan o se hinchan en forma de globo bajo una
presión arterial elevada. Las paredes delgadas de estas aneurismas en forma
de globo pueden romperse y derramar sangre en el espacio que rodea a las células
cerebrales. La
hemorragia también ocurre cuando las paredes arteriales se rompen. Las
paredes arteriales incrustadas con placa pierden con el tiempo su elasticidad
y se tornan quebradizas y delgadas, propensas a romperse. La hipertensión
o la alta presión sanguínea aumenta el riesgo de que una pared arterial
quebradiza ceda y libere sangre dentro del tejido cerebral circundante. Una
persona con malformación arteriovenosa también tiene un riesgo mayor
de sufrir un accidente hemorrágico. Las malformaciones arteriovenosas son
un conglomerado de vasos sanguíneos y capilares defectuosos dentro del
cerebro que tienen paredes delgadas y pueden, por tanto, romperse. La
sangre procedente de las arterias cerebrales rotas puede pasar a la sustancia
del cerebro o a los distintos espacios que rodean al cerebro. Una hemorragia intracerebral
ocurre cuando un vaso sanguíneo dentro del cerebro derrama sangre en el
propio cerebro. Hemorragia subaracnoide es la hemorragia bajo las meninges o membranas
exteriores del cerebro al espacio delgado lleno de fluido que rodea al cerebro.
El espacio subaracnoide
separa a la membrana aracnoide de la membrana pia mater subyacente. Contiene un
líquido claro (fluido cerebroespinal), así como los vasos sanguíneos
pequeños que suministran sangre a la superficie exterior del cerebro. En
una hemorragia subaracnoide, una de las pequeñas arterias dentro del espacio
subaracnoide se rompe, inundando de sangre el área y contaminando el fluido
cerebroespinal. Puesto que el fluido cerebroespinal fluye a través del
cráneo, dentro de los espacios del cerebro, la hemorragia subaracnoide
puede conducir a un extenso daño en todo el cerebro. De hecho, la hemorragia
subaracnoide es el más mortal de todos los accidentes cerebrovasculares.
Ataques
isquémicos transitorios
Un ataque isquémico transitorio,
llamado a veces un "mini-accidente cerebrovascular" (conocido en inglés
como TIA), comienza exactamente igual que un accidente cerebrovascular pero luego
se resuelve sin dejar síntomas o déficits notables. La aparición
de un ataque isquémico transitorio es una advertencia de que la persona
está sometida a riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular más
grave y debilitante.
De
la cifra aproximada de 50,000 norteamericanos que tienen un ataque isquémico
transitorio cada año, una tercera parte, aproximadamente, sufrirá
un accidente cerebrovascular agudo en algún momento en el futuro. La adición
de otros factores de riesgo aumenta el riesgo de la persona de sufrir un accidente
cerebrovascular recurrente. La
duración promedio de un ataque isquémico transitorio son unos cuantos
minutos. En casi todos los ataques isquémicos transitorios, los síntomas
desaparecen como en una hora. No hay forma de decir si los síntomas presentan
solamente un ataque isquémico transitorio o si los síntomas persistirán
y conducirán a la muerte o a la incapacitación. El paciente y aquellos
que le rodean deberían suponer que todos los síntomas del accidente
cerebrovascular presentan un cuadro de emergencia y no deberían esperar
a comprobar si los síntomas desaparecen. Accidente
cerebrovascular recurrente
El accidente cerebrovascular recurrente
es frecuente --aproximadamente un 25 por ciento de las personas que se recuperan
del primer accidente cerebrovascular tienen otro dentro de 5 años. El accidente
cerebrovascular recurrente es un importante elemento que contribuye a la incapacitación
y a la muerte por accidente cerebrovascular. El riesgo de sufrir una incapacitación
severa o muerte por un accidente cerebrovascular aumenta con cada accidente cerebrovascular
recurrente. El riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular recurrente es mayor
inmediatamente después de sufrir uno de estos episodios, y disminuye con
el curso del tiempo. Aproximadamente, un 3 por ciento de los pacientes que sufren
un accidente cerebrovascular tendrá otro accidente cerebrovascular dentro
de 30 días de sufrir el primero. Una tercera parte de los accidentes cerebrovasculares
recurrentes ocurrirá dentro de los primeros 2 años de ocurrir el
primer accidente ¿Cómo
reconoce usted un accidente cerebrovascular?
Los síntomas de
un accidente cerebrovascular aparecen repentinamente. Trate de detectar estos
síntomas y esté preparado para actuar con rapidez para ayudarse
a usted mismo o para ayudar a alguna persona con la que usted se encuentre: - Falta
de sensación o debilidad repentina en la cara, el brazo, o la pierna, especialmente
en un lado del cuerpo.
- Confusión
repentina, o problema al hablar o comprender lo que se habla.
- Problema
repentino en ver por uno o por ambos ojos.
- Problema
repentino al caminar, mareos o pérdida de equilibrio o de coordinación.
- Dolor
de cabeza severo repentino sin causa conocida.
Si
sospecha usted que alguien a quien usted conoce está experimentando cualquiera
de estos síntomas indicadores de un accidente cerebrovascular, no espere. Llame
inmediatamente al número de emergencia 911. Ahora
hay terapias eficaces para tratar el accidente cerebrovascular que deben de administrarse
en un hospital, pero pierden su eficacia si no se administran en las primeras
3 horas después de que aparecen los síntomas de un accidente cerebrovascular.
¡Cada minuto
cuenta! ¿Cómo
se determina la causa de un accidente cerebrovascular?
Los médicos
tienen varias técnicas diagnósticas y herramientas de imágenes
para ayudar a diagnosticar la causa de un accidente cerebrovascular con rapidez
y exactitud. El primer paso en el diagnóstico es un breve examen neurológico.
Cuando un paciente llega a un hospital presentando síntomas de un posible
accidente cerebrovascular, un profesional de la salud, usualmente un médico
o una enfermera, preguntará al paciente o a un acompañante qué
ocurrió, qué usted observó, y cuándo comenzaron los
síntomas. Generalmente, se realizarán pruebas de sangre, un electrocardiograma
y exploraciones de tomografía computarizada (CT).
Una
prueba que ayuda a los médicos a juzgar la gravedad de un accidente cerebrovascular
es la Escala de Accidente Cerebrovascular de NIH Normalizada, (NIH Stroke Scale),
formulada por el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidente
Vasculares (National Institute of Neurological Disorders and Stroke - NINDS).
Los profesionales de la salud utilizan dicha escala para medir los déficits
neurológicos del paciente pidiéndole que responda a preguntas y
realice varias pruebas físicas y mentales. Otras escalas incluyen la Escala
de Coma de Glasgow, la Escala de Hunt y Hess, la Escala de Rankin Modificada y
el Índice de Barthel. Imágenes
para el diagnóstico del accidente cerebrovascular agudo
Los
profesionales de la salud también utilizan distintas técnicas diagnósticas
de imágenes para evaluar a los pacientes que presentan síntomas
de accidentes cerebrovasculares. El procedimiento de imágenes más
ampliamente utilizado es el de la exploración de tomografía computarizada
(CT). Conocida también como exploración CAT o tomografía
axial computarizada, ésta crea una serie de imágenes transversales
de la cabeza y del cerebro. Debido a que está inmediatamente disponible
a toda hora en la mayoría de los hospitales principales y a que produce
imágenes con rapidez, la tomografía computarizada es la técnica
preferida para hacer el diagnóstico de un accidente cerebrovascular agudo.
La tomografía computarizada también tiene beneficios diagnósticos
únicos. Descarta rápidamente una hemorragia, puede mostrar ocasionalmente
un tumor que pudiera presentar síntomas similares a un accidente cerebrovascular
o puede incluso presentar evidencia de un infarto precoz. Los infartos aparecen
generalmente en una exploración de tomografía computarizada unas
6 a 8 horas después de la aparición de los síntomas del accidente
cerebrovascular.
Si
el accidente cerebrovascular es ocasionado por una hemorragia, una tomografía
computarizada puede mostrar pruebas de hemorragia en el cerebro casi inmediatamente
después de que aparecen los síntomas del accidente cerebrovascular.
La hemorragia
es la razón principal para evitar ciertos tratamientos a base de medicamentos,
tales como la terapia trombolítica, el único tratamiento comprobado
para los accidentes cerebrovasculares isquémicosagudos ( véase la
sección en este documento sobre "¿De qué terapias contra
el accidente cerebrovascular se dispone?"). La terapia trombolítica
no puede utilizarse hasta que el médico pueda diagnosticar con seguridad
que el paciente sufre un accidente cerebrovascular isquémico debido a que
este tratamiento pudiera aumentar la hemorragia y pudiera empeorar un accidente
cerebrovascular hemorrágico. Otra
técnica diagnóstica de imágenes utilizada en los pacientes
que presentan síntomas de accidente cerebrovascular es la exploración
de imágenes de resonancia magnética (MRI en inglés). El estudio
de imágenes de resonancia magnética utiliza campos magnéticos
para detectar cambios sutiles en el contenido de tejido cerebral. Un efecto del
accidente cerebrovascular es un aumento en el contenido de agua en las células
del tejido cerebral, condición llamada edema citotóxico. Las imágenes
de resonancia magnética pueden detectar el edema a las pocas horas después
de la aparición del accidente cerebrovascular. El beneficio del estudio
utilizando imágenes de resonancia magnética en comparación
a las imágenes de tomografía computarizada es el de que las imágenes
de resonancia magnética pueden detectar mejor los pequeños infartos
inmediatamente después de la aparición del accidente cerebrovascular.
Lamentablemente,
no todos los hospitales tienen acceso a un equipo de diagnóstico de imágenes
de resonancia magnética y el procedimiento consume tiempo y es costoso.
Tampoco este estudio es exacto para determinar si el paciente está sufriendo
una hemorragia. Finalmente, debido a que el estudio de imágenes de resonancia
magnética conlleva más tiempo de realizar que la tomografía
computarizada, no debería utilizarse si retrasa el tratamiento. Otros
tipos de exploraciones de imágenes de resonancia magnética, utilizadas
a menudo para diagnosticar la enfermedad cerebrovascular y pronosticar el riesgo
de accidente cerebrovascular, son la angiografía de resonancia magnética
(ARM - -en Inglés MRA) y las imágenes de resonancia magnética
funcional (IRMf -- en Inglés fMRI)). Los neurocirujanos utilizan la angiografía
de resonancia magnética para detectar la estenosis o bloqueo de las arterias
cerebrales dentro del cráneo, trazando un mapa de la sangre que fluye al
cerebro. El estudio de imágenes de resonancia magnética funcional
utiliza un imán para recoger señales procedentes de la sangre oxigenada
y puede mostrar la actividad cerebral mediante aumentos en el flujo de sangre
local. El ultrasonido Doppler Dúplex y la arteriografía son dos
técnicas de imágenes diagnósticas utilizadas para decidir
si una persona se beneficiaría de un procedimiento quirúrgico llamado
endarterectomía carótida. Esta cirugía se utiliza para eliminar
depósitos grasos de las arterias carótidas y puede ayudar a evitar
un accidente cerebrovascular (véase la sección "Cirugía"
donde se ofrece más información sobre la endarterectomía
carótida). El
ultrasonido Doppler es una prueba no invasiva, que no produce dolor, en la que
se envían al cuello ondas sonoras por encima de la gama que permite escuchar
al oído humano. Los ecos rebotan de la sangre en movimiento y del tejido
en la arteria y pueden convertirse en una imagen. El ultrasonido es rápido,
carente de dolor, libre de riesgo y relativamente poco costoso en comparación
con la angiografía de resonancia magnética y la arteriografía.
Pero el ultrasonido no se considera tan exacto como la arteriografía. La
arteriografía es una radiografía de la arteria carótida tomada
cuando se inyecta en la arteria un tinte especial. El procedimiento lleva su propio
riesgo pequeño de ocasionar un accidente cerebrovascular y es costoso de
realizar. Los beneficios de la arteriografía en comparación a las
técnicas de resonancia magnética y al ultrasonido son los de que
es muy confiable y aún sigue siendo la mejor forma de medir la estenosis
de las arterias carótidas. Aún así, se están haciendo
avances significativos cada día relacionados con las técnicas de
imágenes no invasivas, tales como las imágenes de resonancia magnética
funcional (véase la sección en este documento sobre cirugía
en "¿De qué terapias contra el accidente cerebrovascular se
se dispone?"). ¿Quién
está sometido a riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular?
Algunas
personas están sometidas a un riesgo mayor de sufrir un accidente cerebrovascular
que otras. Entre los factores de riesgo imposibles de modificar figuran la edad,
el género, la raza/etnicidad, y un historial de accidentes cerebrovasculares
en la familia. En cambio, otros factores de riesgo de accidente cerebrovascular,
tales como la alta presión sanguínea o el uso de cigarrillos, pueden
ser modificados o controlados por la persona sometida a dicho riesgo. Factores
de riesgo no modificables
Es un mito que el accidente cerebrovascular
ocurre sólo en los adultos. En realidad, el accidente cerebrovascular ocurre
en todos los grupos de edades, desde los fetos aún en el vientre materno
hasta las personas de 100 años. Es cierto, no obstante, que las personas
mayores de edad tienen un riesgo más alto de sufrir un accidente cerebrovascular
que la población en general y que el riesgo de accidente cerebrovascular
aumenta con la edad. Por cada década después de la edad de 55 años,
el riesgo de accidente cerebrovascular se duplica, y dos terceras partes de todos
los accidentes cerebrovasculares ocurren en personas mayores de 65 años.
Las personas mayores de 65 años también tienen un riesgo siete veces
mayor de morir de un accidente cerebrovascular que la población en general.
Y la incidencia del accidente cerebrovascular está aumentando proporcionalmente
con el incremento de la población de edad avanzada. Cuando los niños
nacidos en los años de la explosión demográfica lleguen a
ser personas mayores de 65 años de edad, el accidente cerebrovascular y
otras enfermedades típicas de la vejez, tomarán un significado aún
mayor en el campo de la salud. El
género o sexo de la persona también contribuyen al factor de riesgo
de sufrir un accidente cerebrovascular. Los hombres tienen un mayor riesgo de
sufrir un accidente cerebrovascular; sin embargo, un mayor número de mujeres
mueren debido a accidentes cerebrovasculares. El riesgo de sufrir un accidente
cerebrovascular entre los hombres es 1.25 veces al de las mujeres. Pero los hombres
no viven tanto como las mujeres, por lo que los hombres son usualmente más
jóvenes cuando sufren un accidente cerebrovascular y, por tanto, tienen
una tasa de supervivencia más elevada que las mujeres. En otras palabras,
aún cuando las mujeres sufren menos accidentes cerebrovasculares que los
hombres, las mujeres son por lo general más viejas cuando sufren estos
accidentes cerebrovasculares y son más susceptibles de morir debido a los
mismos. El accidente
cerebrovascular parece estar generalizado en algunas familias. Varios factores
pudieran contribuir a un riesgo de accidente cerebrovascular familiar. Los miembros
de una familia pudieran tener una tendencia genética a factores de riesgo
del accidente cerebrovascular, tales como una predisposición heredada a
la hipertensión o a la diabetes. La influencia de un estilo de vida común
entre los miembros de la familia pudiera contribuir también al accidente
cerebrovascular familiar. El
riesgo de accidente cerebrovascular varía entre los diferentes grupos étnicos
y raciales. La incidencia de accidente cerebrovascular entre los afroamericanos
es casi el doble de la de los norteamericanos de raza blanca. También el
doble de afroamericanos que sufren un accidente cerebrovascular mueren por el
evento en comparación con los norteamericanos de raza blanca. Los afroamericanos
entre las edades de 45 y 55 años tienen de cuatro a cinco veces mayor probabilidad
de morir debido a un accidente cerebrovascular que las personas de la raza blanca.
Después de la edad de 55 años, la tasa de mortalidad por accidente
cerebrovascular entre las personas blancas aumenta y es igual a la tasa de los
afroamericanos. En
comparación con los norteamericanos de raza blanca, los afroamericanos
tienen una mayor incidencia de factores de riesgo de accidente cerebrovascular,
incluyendo a la alta presión sanguínea y el consumo de cigarrillos.
Los afroamericanos tienen también una mayor incidencia y prevalencia de
algunas enfermedades genéticas, tales como la diabetes y la anemia falciforme,
que les predisponen para un accidente cerebrovascular. Los
hispanos y los indios norteamericanos nativos tienen tasas de incidencia y mortalidad
por accidente cerebrovascular más similares a las de los norteamericanos
de raza blanca. Los norteamericanos de origen asiático, tienen tasas de
incidencia y mortalidad por accidente cerebrovascular similares a las de los norteamericanos
de raza blanca, aún cuando los asiáticos en Japón, China
y otros países del Lejano Oriente tienen tasas de incidencia y mortalidad
por accidente cerebrovascular notablemente más elevadas que la de los norteamericanos
de raza blanca. Esto indica que el medioambiente y el estilo de vida son factores
que desempeñan un papel importante en el riesgo de accidente cerebrovascular.
El "cinturón
de los accidentes cerebrovasculares"
Hace varias décadas,
los científicos y expertos en estadísticas observaron que las personas
en la región sureste de los Estados Unidos tenían la tasa de mortalidad
por accidente cerebrovascular más elevada del país. Llamaron a esta
región el cinturón de los accidentes cerebrovasculares. Por muchos
años, los investigadores consideraron que el riesgo mayor se debía
al porcentaje más elevado de afroamericanos y a la condición socio-económica
más baja en general existente en los estados sureños. La baja condición
socio-económica está asociada con un nivel de vida más bajo
en general, conducente a un nivel más bajo de atención de salud
y, por tanto, a un riesgo mayor de accidente cerebrovascular. Pero los investigadores
reconocen ahora que el porcentaje más elevado de afroamericanos y la condición
socio-económica más baja en general existente en los estados sureños
no corresponden de forma adecuada a la mayor incidencia y mortalidad por accidente
cerebrovascular en dichos estados. Esto significa que otros factores han de contribuir
a la mayor incidencia y mortalidad por accidentes cerebrovasculares en esa región.
Estudios recientes
han demostrado también que existe una hebilla de accidentes cerebrovasculares
en la región sureña conocida como "el cinturón de los
accidentes cerebrovasculares". Tres estados sureños, Carolina del
Norte, Carolina del Sur y Georgia, tienen una tasa de mortalidad por accidente
cerebrovascular sumamente elevada, más elevada que la tasa en otros estados
del "cinturón de los accidentes cerebrovasculares", y hasta dos
veces la tasa de mortalidad por accidente cerebrovascular de los Estados Unidos
en general. El riesgo mayor podría deberse a factores geográficos
o ambientales o a diferencias regionales en el estilo de vida, incluyendo tasas
más elevadas de consumo de cigarrillos y una preferencia regional por alimentos
salados, y con un alto contenido de grasa. Otros
factores de riesgo
Los factores de riesgo más importantes en
los accidentes cerebrovasculares son la hipertensión, la enfermedad cardiaca,
la diabetes y el consumo de cigarrillos. Otros factores incluyen el elevado consumo
de alcohol, niveles altos de colesterol en la sangre, consumo de drogas ilícitas
y condiciones genéticas o congénitas, especialmente anomalías
vasculares. Las personas con más de un factor de riesgo tienen lo que se
conoce como una "amplificación del riesgo". Esto significa que
los factores de riesgo múltiples aumentan sus efectos destructivos y crean
un riesgo general mayor que el efecto acumulativo simple de los factores de riesgo
individuales.
Hipertensión
De todos los factores de riesgo que contribuyen al accidente cerebrovascular,
el más poderoso es la hipertensión o la alta presión sanguínea.
Las personas con hipertensión tienen un riesgo de accidente cerebrovascular
que es de cuatro a seis veces más elevado que el riesgo de los que no tienen
hipertensión. Una tercera parte de la población estadounidense adulta,
aproximadamente 50 millones de personas (incluyendo de un 40 a un 70 por ciento
de los que ahora tienen más de 65 años de edad), sufren presión
sanguínea elevada. De un 40 a un 90 por ciento de las personas que sufren
accidentes cerebrovasculares, tienen alta presión sanguínea antes
de ocurrir el accidente cerebrovascular. Una
presión sistólica de 120 mm de Hg por encima de una presión
diastólica de 80 mm de Hg se considera generalmente normal. Una presión
sanguínea elevada persistentemente mayor de 140 sobre 90 conduce a un diagnóstico
de enfermedad llamada hipertensión. El impacto de la hipertensión
en el riesgo total de accidente cerebrovascular disminuye a medida que aumenta
la edad, por lo que otros factores adicionales desempeñan un papel mayor
en el riesgo general de accidente cerebrovascular en los adultos de más
edad. En las personas sin hipertensión, el riesgo absoluto de accidente
cerebrovascular aumenta con el curso del tiempo hasta alrededor de la edad de
90 años, cuando el riesgo absoluto viene a ser el mismo que el de las personas
con hipertensión. Así
como en el accidente cerebrovascular, hay una diferencia entre mujeres y hombres
en la prevalencia de la hipertensión. En las personas más jóvenes,
la hipertensión es más común entre los hombres que entre
las mujeres; al aumentar la edad, más mujeres que hombres tienen hipertensión.
Esta diferencia de hipertensión entre hombres y mujeres y según
la edad, probablemente tiene un impacto en la incidencia y prevalencia del accidente
cerebrovascular en estas poblaciones. El
medicamento antihipertensivo puede reducir el riego de accidente cerebrovascular
de una persona. Estudios recientes indican que el tratamiento puede disminuir
la tasa de incidencia de accidente cerebrovascular en un 38 por ciento y reducir
la tasa de mortalidad en un 40 por ciento. Entre los agentes hipertensivos comunes
figuran los agentes adrenérgicos, los betabloqueadores, los inhibidores
de enzimas que convierten angiotensina, los bloqueadores de canales de calcio,
los diuréticos y los vasodilatadores. "Los
factores de riesgo más importantes del accidente cerebrovascular son la
hipertensión, la enfermedad cardiaca, la diabetes y el consumo de cigarrillos".
Enfermedad cardiaca
Después de la hipertensión,
el segundo factor más importante de riesgo de accidente cerebrovascular
es la enfermedad cardiaca, en especial una condición conocida como fibrilación
atrial. La fibrilación atrial es la palpitación irregular del atrio
izquierdo, o la cámara superior izquierda del corazón. En las personas
con fibrilación atrial, el atrio izquierdo late a un ritmo cuatro veces
más acelerado que el resto del corazón. Esto conduce a un flujo
irregular de sangre y a la formación ocasional de coágulos de sangre
que pueden salir del corazón y trasladarse al cerebro, ocasionando un accidente
cerebrovascular.
La
fibrilación atrial, que afecta a unos 2.2 millones de norteamericanos,
aumenta el riesgo de accidente cerebrovascular de la persona de un 4 a un 6 por
ciento, y un 15 por ciento de los pacientes que sufren accidentes cerebrovasculares
tienen fibrilación atrial antes de sufrir uno de estos accidentes cerebrovasculares.
La condición es más prevaleciente en los grupos de más edad,
lo que significa que la prevalencia de la fibrilación atrial en los Estados
Unidos aumentará proporcionalmente con el crecimiento de la población
de edad avanzada. Al contrario de la hipertensión y otros factores de riesgo
que tienen menos impacto en el riesgo absoluto cada vez más elevado de
accidente cerebrovascular que proviene con el envejecimiento, la influencia de
la fibrilación atrial sobre el riesgo total de accidente cerebrovascular
aumenta poderosamente con la edad. En las personas con más de 80 años
de edad, la fibrilación atrial es la causa directa de uno de cada cuatro
accidentes cerebrovasculares. Otras
formas de enfermedad cardiaca que aumentan el riesgo de accidente cerebrovascular
son las malformaciones de las válvulas del corazón o el músculo
del corazón. Algunas enfermedades valvulares, como la estenosis de la válvula
mitral o la calcificación anular mitral, pueden duplicar el riesgo de accidente
cerebrovascular, independientemente de otros factores de riesgo. Las
malformaciones del músculo del corazón también pueden aumentar
el riesgo de accidente cerebrovascular. El "patent foramen ovale" (PFO)
es un conducto o agujero (llamado a veces "derivación") en la
pared del corazón que separa a los dos atrios o cámaras superiores
del corazón. Los coágulos en la sangre son filtrados usualmente
por los pulmones, pero el PFO podría permitir que émbolos o coágulos
de sangre no entren a los pulmones y pasen directamente a través de las
arterias al cerebro, potencialmente ocasionando un accidente cerebrovascular.
Actualmente se
está realizando una investigación para determinar la importancia
del PFO como causa de un accidente cerebrovascular. El aneurisma septal atrial
(ASA), malformación congénita (presente desde el nacimiento) del
tejido cardiaco, es un abultamiento del septum o pared cardiaca en uno de los
atrios del corazón. Los investigadores no saben por qué esta malformación
aumenta el riesgo de accidente cerebrovascular. El
"patent foramen ovale" (PFO) y el aneurisma septal atrial (ASA), ocurren
frecuentemente juntos y, por tanto, aumentan el riesgo de accidente cerebrovascular.
Otras dos malformaciones del corazón que parecen aumentar el riesgo de
estos accidentes cerebrovasculares por razones desconocidas son el ensanchamiento
atrial izquierdo y la hipertrofia ventricular izquierda. Las personas con ensanchamiento
atrial izquierdo tienen un atrio izquierdo más grande de lo normal en el
corazón; y los que tienen hipertrofia ventricular izquierda tienen un aumento
en el espesor de la pared del ventrículo izquierdo. Otro
factor de riesgo de accidente cerebrovascular es la cirugía cardiaca para
corregir malformaciones del corazón o invertir los efectos de la enfermedad
cardiaca. Los accidentes cerebrovasculares que ocurren durante la cirugía
cardiaca son usualmente el resultado de placas que se desplazan quirúrgicamente
de la aorta y se trasladan a través de la corriente sanguínea hasta
las arterias en el cuello y la cabeza, ocasionando un accidente cerebrovascular.
La cirugía cardiaca aumenta el riesgo de accidente cerebrovascular de una
persona en un 1 por ciento. Otros tipos de cirugía pueden aumentar también
el riesgo de accidente cerebrovascular. Diabetes
La diabetes es otra enfermedad que aumenta el riesgo de una persona
de sufrir un accidente cerebrovascular. Las personas con diabetes tienen tres
veces el riesgo de un accidente cerebrovascular de las personas sin diabetes.
El riesgo relativo de accidente cerebrovascular de la diabetes alcanza el punto
más elevado en los cincuenta y sesenta años de edad y disminuye
después de los sesenta años.
Al
igual que la hipertensión, el riesgo relativo de accidente cerebrovascular
por diabetes es más elevado en los hombres a una edad más temprana
y más elevado en las mujeres a una edad más avanzada. Las personas
con diabetes pueden también tener otros factores de riesgo que pueden contribuir
a aumentar el riesgo general de accidente cerebrovascular. Por ejemplo, la prevalencia
de hipertensión es 40 por ciento más elevada en la población
diabética que en la población general. Niveles
de colesterol en la sangre
La mayoría de las personas saben
que los niveles de colesterol altos contribuyen a la enfermedad cardiaca. Pero
muchas personas no comprenden que un nivel alto de colesterol también contribuye
al riesgo de accidente cerebrovascular. El colesterol, una sustancia similar a
la cera producida por el hígado, es un producto vital del cuerpo. Contribuye
a la producción de las hormonas y la vitamina D y es un componente integral
de las membranas celulares.
El
hígado fabrica suficiente colesterol para atender las necesidades del cuerpo
y esta producción natural de colesterol sola no es un importante factor
contribuyente a la arteriosclerosis, a la enfermedad cardiaca y al accidente cerebrovascular.
La investigación ha demostrado que el peligro del colesterol proviene de
la ingestión dietética de alimentos que contienen altos niveles
de colesterol. Los alimentos con alto contenido de grasa saturada y colesterol,
como las carnes, los huevos y los productos lácteos, pueden aumentar la
cantidad de colesterol total en el cuerpo a niveles alarmantes, contribuyendo
al riesgo de arteriosclerosis y al aumento en el espesor de las arterias. El
colesterol se clasifica como un lípido, lo que significa que es soluble
en grasa en vez de ser soluble en agua. Otros lípidos son los ácidos
grasos, los glicéridos, el alcohol, las ceras, los esteroides y las vitaminas
solubles en grasa, tales como la A, D, y E. Los lípidos y el agua, como
el aceite y el agua, no se mezclan. La sangre es un líquido con base de
agua, por lo que el colesterol no se mezcla con la sangre. A fin de trasladarse
a través de la sangre sin acumulación, el colesterol necesita estar
cubierto por una capa de proteína. El colesterol y la proteína juntos
se denominan lipoproteínas. Hay
dos clases de colesterol, llamados comúnmente "colesterol bueno"
y "colesterol malo". El colesterol bueno es lipoproteína de alta
densidad o LAD (en inglés HDL); el colesterol malo es lipoproteína
de baja densidad o LBD (en inglés LDL). Juntas, estas dos formas de colesterol
constituyen el nivel de colesterol total en la sangre de una persona. La mayoría
de las pruebas de colesterol miden el nivel de colesterol total en la sangre y
muchas veces no distinguen entre el colesterol bueno y el colesterol malo. En
las pruebas de colesterol total en la sangre, se considera seguro un nivel inferior
a 200 mg/dL *, mientras que un nivel de más de 240 se considera peligroso
y pone a una persona en riesgo de enfermedad cardiaca y de sufrir un accidente
cerebrovascular. La
mayor parte del colesterol en el cuerpo está en forma de lipoproteína
de baja densidad o LBD o "colesterol malo". Las lipoproteínas
de baja densidad circulan a través de la corriente sanguínea, recogiendo
el exceso de colesterol y depositando el colesterol donde se necesita (por ejemplo,
para la producción y mantenimiento de membranas celulares). Pero cuando
comienza a circular demasiado colesterol en la sangre, el cuerpo no puede manejar
el exceso de lipoproteínas de baja densidad que se acumula a lo largo del
interior de las paredes arteriales. La
acumulación de lipoproteínas de baja densidad (LDL en inglés),
que recubre el interior de las paredes arteriales se endurece y se convierte en
placa arterial, conduciendo a estenosis y arteriosclerosis. Esta placa bloquea
los vasos sanguíneos y contribuye a la formación de coágulos
de sangre. El nivel de lipoproteína de baja densidad de una persona debería
ser inferior a 130 mg/dL para ser seguro. Los niveles de lipoproteínas
de baja densidad entre 130 y 159 colocan a la persona en un riesgo ligeramente
más elevado de arteriosclerosis, de enfermedad cardiaca y de sufrir un
accidente cerebrovascular. Una puntuación de más de 160 de lipoproteínas
de baja densidad coloca a una persona en gran riesgo de sufrir un ataque de corazón
o un accidente cerebrovascular. La
otra forma de colesterol, la lipoproteína de alta densidad (HDL en inglés),
es beneficiosa y contribuye a la prevención de los accidentes cerebrovasculares.
La lipoproteína de alta densidad lleva un pequeño porcentaje de
colesterol en la sangre, pero en vez de depositar su colesterol en el interior
de las paredes arteriales, vuelve al hígado para descargar su colesterol.
El hígado elimina luego el exceso de colesterol transmitiéndolo
a los riñones. En la actualidad, cualquier puntuación de lipoproteína
de alta densidad superior a 35 se considera deseable. Estudios recientes han demostrado
que altos niveles de lipoproteínas de alta densidad están asociados
a un menor riesgo de enfermedad cardíaca y de accidentes cerebrovasculares
y que bajos niveles de lipoproteínas de alta densidad (por debajo de 35
mg/dL), incluso en personas con niveles normales de "colesterol malo",conducen
a un mayor riesgo de enfermedad cardíaca y de accidentes cerebrovasculares.
Una persona puede
reducir su riesgo de arteriosclerosis y de sufrir un accidente cerebrovascular
mejorando sus niveles de colesterol. Una dieta saludable y ejercicio regular son
las mejores formas de reducir los niveles totales de colesterol. En algunos casos,
los médicos recetan medicamentos para reducir el colesterol y estudios
recientes han demostrado que los tipos más nuevos de estos medicamentos,
llamados inhibidores de reductasa o medicamentos de estatina, reducen notablemente
el riesgo de accidente cerebrovascular en la mayoría de los pacientes con
colesterol elevado. Los científicos consideran que las estatinas pueden
actuar reduciendo la cantidad de colesterol malo que el cuerpo produce y reduciendo
la reacción inmunológica inflamatoria del cuerpo a la placa de colesterol
asociada con la arteriosclerosis y con el accidente cerebrovascular. Factores
de riesgo de estilo de vida modificables
El consumo de cigarrillos
es el factor de riesgo modificable más poderoso que contribuye a la enfermedad
cerebrovascular. El consumo de cigarrillos casi duplica el riesgo de una persona
de sufrir un accidente cerebrovascular isquémico, independiente de otros
factores de riesgo, y aumenta el riesgo de una persona de hemorragia subaracnoide
hasta en un 3.5 por ciento. El consumo de cigarrillos es responsable directamente
de un mayor porcentaje del número total de accidentes cerebrovasculares
en los adultos jóvenes que en otros adultos. Otros factores de riesgo tales
como la hipertensión, la enfermedad cardíaca y la diabetes representan
más del número total de accidentes cerebrovasculares en los adultos
de más edad.
Los
grandes fumadores están sometidos a un riesgo mayor de accidente cerebrovascular
que los fumadores menos asiduos. El riesgo relativo de accidentes cerebrovasculares
disminuye inmediatamente después de dejar de fumar, observándose
una reducción importante del riesgo después de 2 a 4 años.
Lamentablemente, puede llevar varias décadas para que el riesgo de un ex-fumador
descienda al nivel de una persona que nunca ha fumado. El
consumo de cigarrillos aumenta el riesgo de una persona de sufrir un accidente
cerebrovascular al promover la arteriosclerosis y aumentar los niveles de factores
de coagulación de la sangre, tales como el fibrinógeno. Además
de promover condiciones asociadas a accidentes cerebrovasculares, el consumo de
cigarrillos también aumenta el daño que resulta del accidente cerebrovascular
al debilitar la pared endotelial del sistema cerebrovascular. Esto conduce a un
daño mayor del cerebro por los eventos que ocurren en la etapa secundaria
del accidente cerebrovascular. (Los efectos secundarios del accidente cerebrovascular
se tratan más detalladamente en el Apéndice.) El
consumo elevado de alcohol es otro factor de riesgo modificable de accidente cerebrovascular.
Por lo general, un incremento en el consumo de alcohol conduce a un incremento
en la presión sanguínea. Si bien los científicos están
de acuerdo en que el consumo fuerte de bebidas alcohólicas constituye un
riesgo de hemorragia y de accidente cerebrovascular isquémico, en varios
estudios de investigación se ha encontrado que el consumo diario de cantidades
pequeñas de alcohol tiene una influencia protectora contra el accidente
cerebrovascular isquémico, quizás debido a que el alcohol reduce
la capacidad de coagulación de las plaquetas en la sangre. El
consumo moderado de alcohol puede actuar de la misma forma que la aspirina en
reducir la coagulación de la sangre y evitar el accidente cerebrovascular
isquémico. El fuerte consumo de alcohol, no obstante, puede agotar gravemente
el número de plaquetas y comprometer la coagulación de la sangre
y la viscosidad de la sangre conduciendo a hemorragias. Además, el consumo
asiduo o en cantidades excesivas de alcohol puede conducir a un efecto de rebote
después de que el alcohol se ha eliminado del cuerpo. Las consecuencias
de este efecto de rebote son las de que la viscosidad de la sangre (o el espesor),
y los niveles de plaquetas aumentan extraordinariamente después de beber
en cantidad, con lo que aumenta el riesgo de accidente cerebrovascular isquémico.
El consumo de
drogas ilícitas, tales como la cocaína y el crac, puede también
ocasionar un accidente cerebrovascular. La cocaína puede actuar sobre otros
factores de riesgo, tales como la hipertensión, la enfermedad cardíaca
y la enfermedad vascular desencadenando un accidente cerebrovascular. La cocaína
también reduce el flujo de sangre cerebrovascular relativo hasta en un
30 por ciento, ocasiona constricción vascular e inhibe el relajamiento
vascular, conduciendo a un estrechamiento de las arterias. También afecta
al corazón, ocasionando arritmias y un ritmo cardiaco acelerado que puede
conducir a la formación de coágulos de sangre. El
consumo de marihuana también puede ser un factor de riesgo de accidente
cerebrovascular. La marihuana reduce la presión sanguínea y puede
interactuar con otros factores de riesgo, tales como la hipertensión y
el consumo de cigarrillos, ocasionando niveles de presión de sangre rápidamente
fluctuantes, lo que ocasiona daño en los vasos sanguíneos. Otras
drogas objeto de abuso, tales como las anfetaminas, la heroína y los esteroides
anabólicos (e incluso algunas drogas legales y comunes, tales como la cafeína
y la L-asparaginasa y la pseudoefedrina que se encuentran en descongestionantes
vendidos sin receta), se ha sospechado que aumentan el riesgo de una persona de
sufrir un accidente cerebrovascular. Muchas de estas drogas son vasoconstrictores,
lo que significa que pueden hacer que los vasos sanguíneos se estrechen
y aumente la presión de la sangre. Lesiones
en la cabeza y el cuello
Las lesiones en la cabeza o en el cuello
pueden dañar el sistema cerebrovascular y ocasionar un pequeño número
de accidentes cerebrovasculares. La lesión en la cabeza o lesión
cerebral traumática puede ocasionar hemorragia dentro del cerebro, lo que
conduce a un daño similar al ocasionado por un accidente cerebrovascular
hemorrágico. La lesión del cuello, cuando está asociada con
un desgarre espontáneo de las arterias vertebrales o carótidas ocasionado
por una extensión repentina y severa del cuello, rotación del cuello
o presión en la arteria, es una causa que contribuye al accidente cerebrovascular,
especialmente en los adultos jóvenes. Este tipo de accidente cerebrovascular
se llama a menudo "síndrome de peluquería", y se refiere
a la práctica de extender el cuello hacia atrás para lavarse el
cabello en las peluquerías. Los ejercicios calisténicos del cuello,
el beber "de un tirón inclinando la cabeza" y la manipulación
quiropráctica mal realizada del cuello también pueden aplicar tensión
en las arterias vertebrales y carótidas, conduciendo posiblemente a un
accidente cerebrovascular isquémico.
Infecciones
Recientes infecciones virales y bacterianas pueden actuar con otros
factores de riesgo añadiendo un pequeño riesgo de accidente cerebrovascular.
El sistema inmunológico responde a la infección aumentando la inflamación
y las propiedades de la sangre contra la infección. Lamentablemente, esta
respuesta inmunológica aumenta el número de factores de coagulación
en la sangre, lo que conduce a un riesgo mayor de accidente cerebrovascular embólico-isquémico.
Factores de
riesgo genéticos
Aunque puede no haber un factor genético
único asociado con los accidentes cerebrovasculares, los genes sí
desempeñan un papel importante en la expresión de los factores de
riesgo de accidentes cerebrovasculares, tales como la hipertensión, la
enfermedad cardíaca, la diabetes y las malformaciones vasculares. También
es posible que un riesgo mayor de accidente cerebrovascular dentro de una familia
se deba a factores ambientales, tales como un estilo de vida sedentario común
o malos hábitos de alimentación, en vez de a factores hereditarios.
Las malformaciones
vasculares que ocasionan un accidente cerebrovascular pueden ser el vínculo
genético más fuerte de todos los factores de riesgo de accidentes
cerebrovasculares. Una malformación vascular es un vaso sanguíneo
anormalmente formado o un grupo de vasos sanguíneos malformados. Una enfermedad
vascular genética llamada CADASIL, que significa "cerebral autosomal
dominant arteriopathy", o en español, arteriopatía cerebral
dominante autosomal, con infartos subcorticales y leucoencefalopatía. CADASIL
es una enfermedad vascular congénita, genéticamente heredada y rara
del cerebro que ocasiona accidentes cerebrovasculares, demencia subcortical, dolores
de cabeza similares a la migraña y problemas psiquiátricos. CADASIL
es muy debilitante y los síntomas aparecen usualmente alrededor de la edad
de los 45 años. Aunque CADASIL puede tratarse con cirugía para reparar
los vasos sanguíneos defectuosos, los pacientes mueren a menudo hacia la
edad de 65 años. La incidencia exacta de CADASIL en los Estados Unidos
es desconocida. ¿Qué
terapias contra el accidente cerebrovascular están disponibles?
Los
médicos tienen una amplia gama de terapias entre las cuales pueden seleccionar
al determinar el mejor plan terapéutico para un paciente que presenta un
cuadro de accidente cerebrovascular. El tipo de terapia que un paciente debería
recibir depende de la etapa de la enfermedad cerebrovascular. En general, hay
tres etapas de tratamiento: (1) la prevención del accidente cerebrovascular;
(2) la terapia provista inmediatamente después de la persona sufrir un
accidente cerebrovascular; y (3) la rehabilitación del paciente después
de sufrir el accidente cerebrovascular.
Las
terapias para prevenir un primer accidente cerebrovascular o evitar accidentes
cerebrovasculares recurrentes se basan en el tratamiento de los factores de riesgo
subyacentes de la persona, tales como la hipertensión, la fibrilación
atrial y la diabetes, o prevenir la formación generalizada de coágulos
de la sangre que pueden ocasionar accidentes cerebrovasculares isquémicos
en cada persona, independientemente de si se encuentran presentes o no factores
de riesgo. Las
terapias para el accidente cerebrovascular agudo tratan de detenerlo mientras
éste está ocurriendo, disolviendo con rapidez el coágulo
de sangre que ocasiona el accidente cerebrovascular, o deteniendo la hemorragia
ocasionada por un accidente cerebrovascular hemorrágico. El
objeto de la rehabilitación del paciente después de ocurrir el accidente
cerebrovascular consiste en ayudar a la persona a superar las incapacidades que
resultan del daño producido por el accidente cerebrovascular. Las
terapias para tratar el accidente cerebrovascular incluyen medicamentos, cirugía
y rehabilitación. Medicamentos
La terapia con medicamentos o fármacos es el tratamiento más
común para el accidente cerebrovascular. Los tipos más populares
de medicamentos utilizados para prevenir o tratar el accidente cerebrovascular
son los agentes antitrombóticos (agentes contra plaquetas y anticoagulantes),
agentes trombolíticos y neuroprotectores.
Los
agentes antitrombóticos evitan la formación de coágulos de
sangre que pueden quedar alojados en una arteria cerebral y que ocasionan accidentes
cerebrovasculares. Los medicamentos contra plaquetas evitan los coágulos
reduciendo la actividad de las plaquetas, las células sanguíneas
que contribuyen a la propiedad coagulante de la sangre. Estos medicamentos reducen
el riesgo de formación de coágulos de sangre, reduciendo así
el riesgo de accidente cerebrovascular isquémico. En el contexto del accidente
cerebrovascular, los médicos prescriben medicamentos contra plaquetas principalmente
con fines de prevención. El
medicamento más ampliamente conocido y utilizado contra las plaquetas es
la aspirina. Otros medicamentos contra plaquetas son el clopidogrel y la ticlopidina.
El NINDS patrocina una amplia gama de ensayos clínicos para determinar
la eficacia de los medicamentos contra plaquetas para prevención de accidentes
cerebrovasculares. Los
anticoagulantes reducen el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular al reducir
la propiedad de coagulación de la sangre. Entre los anticoagulantes más
comúnmente utilizados figuran la warfarina (conocida también como
Coumadin®) y la heparina. El NINDS ha auspiciado varios ensayos clínicos
para someter a prueba la eficacia de los anticoagulantes en comparación
con los medicamentos contra las plaquetas. El
estudio clínico de Prevención del Accidente Cerebrovascular en Fibrilación
Atrial (SPAF) encontró que, aunque la aspirina es una terapia eficaz para
prevención de un segundo accidente cerebrovascular en la mayoría
de los pacientes con fibrilación atrial, algunos pacientes con factores
adicionales de riesgo obtienen mejores resultados con la terapia a base de warfarina.
Otro estudio, el Ensayo de Org 10127 en el Tratamiento del Accidente Cerebrovascular
Agudo (TOAST), sometió a prueba la eficacia de la heparina de bajo peso
molecular (Org 10172) en la prevención de accidentes cerebrovasculares.
El estudio llamado TOAST demostró que los anticoagulantes de heparina no
son generalmente eficaces en prevenir el accidente cerebrovascular recurrente
o mejorar los resultados. Los
agentes trombolíticos se utilizan para tratar un accidente cerebrovascular
isquémico agudo, mientras que éste se está produciendo, ocasionado
por un bloqueo arterial. Estos medicamentos detienen el accidente cerebrovascular
disolviendo el coágulo de sangre que está bloqueando el flujo de
la sangre al cerebro. El activador plasminógeno de tejido recombinante
(rt-PA) es una forma genéticamente elaborada de t-PA, una sustancia trombolítica
fabricada naturalmente por el cuerpo. Puede ser eficaz si se administra intravenosamente
dentro de las primeras 3 horas de la aparición de los síntomas del
accidente cerebrovascular, pero debería utilizarse sólo después
de que un médico ha confirmado que el paciente ha sufrido un accidente
cerebrovascular isquémico. Los
agentes trombolíticos pueden aumentar la hemorragia y, por tanto, han de
utilizarse sólo después de una evaluación cuidadosa del paciente.
El Estudio del Accidente Cerebrovascular rt-PA de NINDS demostró la eficacia
de t-PA y en 1996 condujo al primer tratamiento aprobado por la agencia federal
Food and Drug Administration (FDA) para el accidente cerebrovascular isquémico
agudo. Otros agentes trombolíticos se están sometiendo actualmente
a prueba en varios ensayos clínicos. Los
neuroprotectores son medicamentos que protegen el cerebro contra lesión
secundaria ocasionada por un accidente cerebrovascular (véase el Apéndice).
Aunque sólo unos cuantos neuroprotectores están aprobados por la
agencia Food and Drug Administration (FDA) para uso en la actualidad, muchos están
en proceso de estudio a través de ensayos clínicos. Hay
varias clases diferentes de neuroprotectores que parecen ser prometedores para
tratamientos futuros. Entre ellos, los antagonistas de calcio, los antagonistas
de glutamato, los antagonistas de opiato, los antioxidantes, los inhibidores de
apoptosis y muchos otros. Uno de los antagonistas de calcio, la nimodipina, también
llamada bloqueador del canal de calcio, se ha demostrado que reduce el riesgo
de daño neurológico resultante de la hemorragia subaracnoide. Los
bloqueadores del canal de calcio, tales como la nimodipina, actúan reduciendo
el riesgo de vasoespasmo cerebral, un efecto secundario peligroso de la hemorragia
subaracnoide en la que los vasos sanguíneos en el espacio subaracnoide
se restringen erráticamente, cortando el flujo de sangre. Cirugía
La cirugía puede utilizarse para prevenir un accidente cerebrovascular,
para tratar un accidente cerebrovascular agudo o para reparar el daño vascular
o las malformaciones en el cerebro y alrededor del mismo. Hay dos tipos predominantes
de cirugía para prevención y tratamiento de los accidentes cerebrovasculares:
la endarterectomía carótida y la derivación extracraneal/intracraneal
(EC/IC).
La endarterectomía
carótida es un procedimiento quirúrgico en el que un médico
elimina depósitos grasos (placa) del interior de una de las arterias carótidas,
que están situadas en el cuello y son las principales proveedoras de sangre
al cerebro. Tal como se dijo anteriormente, la enfermedad arteriosclerosis se
caracteriza por una concentración de placas en el interior de las arterias
grandes, y el bloqueo de una arteria por este material graso se denomina estenosis.
El NINDS ha patrocinado
dos ensayos clínicos grandes para someter a prueba la eficacia de la endarterectomía
carótida: el Ensayo Norteamericano de Endarterectomía Carótida
Sintomática (NASCET) y el Ensayo de Arteriosclerosis Carótida Asintomática
(ACAS). Estos ensayos clínicos demostraron que la endarterectomía
carótida es una terapia segura y eficaz de prevención del accidente
cerebrovascular para la mayoría de las personas con estenosis de más
del 50 por ciento de las arterias carótidas, cuando la realiza un neurocirujano
o un cirujano vascular cualificado y con experiencia en este campo. En
la actualidad, el NINDS patrocina el Ensayo de Endarterectomía de Revascularización
Carótida frente al Ensayo de Stenting (CREST), un ensayo clínico
grande concebido para someter a prueba la eficacia de la endarterectomía
carótida frente a un procedimiento quirúrgico más nuevo para
estenosis carótida llamado stenting. El procedimiento incluye insertar
un catéter largo y delgado en una arteria en la pierna y llevar el catéter
a través del sistema vascular hasta la estenosis estrecha de la arteria
carótida en el cuello. Una vez que el catéter está colocado
en la arteria carótida, el radiólogo expande el stent con un globo
en la punta del catéter. El ensayo clínico CREST someterá
a prueba la eficacia de la nueva técnica quirúrgica frente a la
técnica estándar establecida de cirugía de endarterectomía
carótida. La
cirugía de derivación extracraneal/intracraneal (EC/IC), es un procedimiento
que restaura el flujo sanguíneo a una zona del tejido cerebral privada
de sangre, mediante el reencaminamiento de una arteria saludable en el cuero cabelludo
a la zona del tejido cerebral afectada por una arteria bloqueada. El Estudio de
Derivación Extracraneal/Intracraneal (EC/IC), patrocinado por NINDS sometió
a prueba la capacidad de esta cirugía para prevenir accidentes cerebrovasculares
recurrentes en pacientes con arteriosclerosis. El estudio demostró que,
a la larga, la EC/IC no parece beneficiar a estos pacientes. La cirugía
se realiza aún ocasionalmente en pacientes con aneurismas, con algunos
tipos de enfermedad de las arterias pequeñas, y con ciertas anomalías
vasculares. Un
procedimiento quirúrgico útil para el tratamiento de las aneurismas
cerebrales que ocasionan hemorragia subaracnoide es la técnica llamada
"clipping". Esta técnica consiste en aislar con pinzas la aneurisma
separándola del vaso sanguíneo, con lo que se reduce la posibilidad
de que explote y sangre. Una
nueva terapia que está obteniendo amplia atención es la técnica
de bucle desmontable para el tratamiento de las aneurismas intercraneanas de alto
riesgo. Se inserta un pequeño bucle de platino a través de una arteria
en el muslo y se pasa a través de las arterias hasta el lugar de la aneurisma.
El bucle se suelta luego en la aneurisma donde evoca una respuesta inmunológica
del cuerpo. El cuerpo produce un coágulo de sangre dentro de la aneurisma,
fortaleciendo las paredes arteriales y reduciendo el riesgo de ruptura. Una vez
que la aneurisma ha sido estabilizada, un neurocirujano puede cortar la aneurisma
con menos riesgo de hemorragia y muerte para el paciente. Terapia
de rehabilitación
El
accidente cerebrovascular es la causa número uno de incapacitación
grave en los adultos de los Estados Unidos. La incapacitación producida
por los accidentes cerebrovasculares es devastadora para el paciente y para su
familia, pero se dispone de terapias que ayudan a rehabilitar a los pacientes
que sufren un accidente cerebrovascular. Para
la mayoría de los pacientes, la terapia física es la piedra angular
del proceso de rehabilitación. Un terapista físico utiliza el adiestramiento,
los ejercicios y la manipulación física del cuerpo del paciente
con la intención de restaurar el movimiento, el equilibrio y la coordinación.
El objetivo de la terapia física es lograr que el paciente que sufre un
accidente cerebrovascular vuelva a aprender actividades motoras simples, tales
como caminar, sentarse, ponerse de pie, acostarse, y el proceso de cambiar de
un tipo de movimiento a otro. Otro
tipo de terapia que incluye volver a aprender actividades del diario es la terapia
ocupacional. La terapia ocupacional también incluye ejercicios y adiestramiento
para ayudar a los pacientes a volver a aprender actividades cotidianas, tales
como comer, beber y tragar, vestirse, bañarse, cocinar, leer y escribir,
y el cuidado personal. El objetivo de la terapia ocupacional es ayudar al paciente
volver se independiente o alcanzar el nivel más alto posible de independencia.
Los problemas
del habla y del lenguaje surgen cuando se produce daño cerebral en los
centros del lenguaje del cerebro. Debido a la gran capacidad que tiene el cerebro
para aprender y cambiar (cualidad conocida como plasticidad cerebral), otras áreas
del cerebro pueden adaptarse para asumir las funciones perdidas. La
terapia del habla ayuda a los pacientes que sufren un accidente cerebrovascular
a volver a aprender el lenguaje y la dicción o aprender otras formas de
comunicación. La terapia del habla es apropiada para los pacientes que
no tienen déficit cognoscitivos o de pensamiento, pero que tienen problemas
en comprender las palabras habladas o escritas o problemas en como formar frases.
Un terapista del habla ayuda a los pacientes que sufren un accidente cerebrovascular
a ayudarse a sí mismos trabajando por mejorar las destrezas del lenguaje,
encontrar otras formas posibles de comunicación y adquirir otras aptitudes
para hacerle frente a la frustración de no ser capaz de comunicarse plenamente.
Con tiempo y paciencia, una persona que sobrevive a un accidente cerebrovascular
debería poder recuperar algunas de las capacidades del lenguaje y del habla
y, a veces, todas ellas. Muchos
de los pacientes requieren ayuda psicológica o psiquiátrica durante
el proceso de rehabilitación. Los problemas psicológicos, tales
como la depresión, la ansiedad, la frustración y el coraje, son
condiciones comunes después de ocurrir un accidente cerebrovascular. La
terapia del habla, junto con medicación apropiada, puede ayudar a aliviar
algunos de los problemas mentales y emocionales que resultan como consecuencia
del accidente cerebrovascular. Muchas veces, también es beneficioso que
los miembros de la familia del paciente reciban ayuda psicológica. Para
más información sobre la rehabilitación del paciente que
sufre un accidente cerebrovascular, diríjase al Centro Nacional de Información
sobre Rehabilitación, un servicio del Instituto Nacional de Investigación
sobre la Incapacidad y la Rehabilitación (véase la tarjeta de Recursos
de Información en el sobre al dorso de este folleto). ¿Qué
incapacidades pueden resultar de un accidente cerebrovascular?
Aunque
el accidente cerebrovascular es una enfermedad del cerebro, puede afectar a todo
el cuerpo. Algunas de las incapacidades que pueden resultar de un accidente cerebrovascular
son la parálisis, déficits cognoscitivos, problemas del habla, dificultades
emocionales, problemas de la vida diaria y dolor. Parálisis:
Una incapacidad común que resulta de un accidente cerebrovascular es
la parálisis en un lado del cuerpo, llamada hemiplejía. Una incapacidad
relacionada que no es tan debilitante como la parálisis es la debilidad
de un lado del cuerpo o hemiparesis. La parálisis o la debilidad puede
afectar sólo a la cara, un brazo, o una pierna, o puede afectar a todo
un lado del cuerpo y a la cara. Una persona que sufre un accidente cerebrovascular
en el hemisferio izquierdo del cerebro presentará parálisis del
lado derecho o paresis. A la inversa, una persona que sufre un accidente cerebrovascular
en el hemisferio derecho del cerebro presentará déficit en el lado
izquierdo del cuerpo. Un paciente que sufre un accidente cerebrovascular también
podrá presentar problemas con las actividades diarias más simples,
tales como caminar, vestirse, comer y utilizar el cuarto de baño. Los déficits
motores pueden resultar del daño de la corteza motora en los lóbulos
frontales del cerebro o del daño de las partes inferiores del cerebro,
tales como el cerebelo, que controla el equilibrio y la coordinación. Algunos
pacientes que sufren accidentes cerebrovasculares también presentan problemas
en comer y tragar, llamados disfagia. Déficits
cognoscitivos: Un accidente cerebrovascular puede ocasionar problemas de raciocinio,
conciencia, atención, aprendizaje, hacer juicio y memoria. Si los problemas
cognoscitivos son severos, el paciente puede tener apraxia, agnosia o "descuido".
En el contexto del accidente cerebrovascular, "descuido" de conciencia
significa que un paciente no tiene conocimiento de un lado de su cuerpo o un lado
del campo visual y no está consciente del déficit. Un paciente que
ha sufrido un accidente cerebrovascular puede estar inconsciente de lo que le
rodea o puede estar inconsciente de déficits mentales resultantes del accidente
cerebrovascular. Déficits
de lenguaje: Las personas víctimas de un accidente cerebrovascular
tienen a menudo problemas en comprender o formar frases. Un déficit de
comprensión del lenguaje se llama afasia. El problema en hablar o formar
palabras se llama disartria. Los problemas del lenguaje resultan generalmente
de daño a los lóbulos temporales y parietales izquierdos del cerebro.
Déficits
emocionales: Un accidente cerebrovascular puede conducir a problemas emocionales.
Los pacientes que sufren un accidente cerebrovascular pueden tener dificultad
en controlar sus emociones o pueden expresar emociones inapropiadas en ciertas
situaciones. Una incapacidad común que ocurre en muchos pacientes que han
sufrido un accidente cerebrovascular es la depresión. La depresión
puede ser más que una tristeza general resultante del incidente de accidente
cerebrovascular. Es un problema de comportamiento clínico que puede dificultar
la recuperación y la rehabilitación y puede incluso conducir al
suicidio. La depresión posterior al accidente cerebrovascular se trata
como cualquier depresión, con medicamentos antidepresores y mediante la
terapia. Dolor:
Los pacientes pueden experimentar dolor, entumecimiento incómodo o sensaciones
extrañas después de sufrir un accidente cerebrovascular. Esas sensaciones
pueden deberse a muchos factores, entre ellos, daño de las regiones sensoriales
del cerebro, articulaciones inflexibles o una extremidad incapacitada. Un
tipo poco común de dolor resultante de un accidente cerebrovascular se
llama dolor central de accidente cerebrovascular o síndrome de dolor central
(SDC, en inglés CPS). El síndrome de dolor central resulta de daño
a un área del cerebro central llamada tálamo. El dolor es una mezcla
de sensaciones, entre las que figuran las de calor y frío, ardor, hormigueo,
falta de sensación, punzadas agudas y dolor intenso subyacente. El dolor
es a menudo peor en las extremidades las manos y los pies y empeora
con el movimiento y los cambios de temperatura, en especial las temperaturas frías.
Lamentablemente, puesto que la mayoría de los medicamentos contra el dolor
proporcionan poco alivio de estas sensaciones, existen muy pocos tratamientos
o terapias para combatir el síndrome de dolor central. ¿Qué
riesgos especiales afrontan las mujeres?
Algunos factores de riesgo
relacionados con el accidente cerebrovascular se aplican sólo a las mujeres.
Figuran principalmente entre éstos el embarazo, el parto y la menopausia.
Estos factores de riesgo están vinculados con las fluctuaciones hormonales
y los cambios que afectan a las mujeres en diferentes etapas de la vida. La investigación
realizada en estas últimas décadas ha demostrado que los anticonceptivos
orales de dosis elevada, la clase utilizada en la década de 1960 y 1970,
pueden aumentar el riesgo de accidente cerebrovascular en las mujeres. Afortunadamente,
los anticonceptivos orales con dosis elevadas de estrógeno se han dejado
de utilizar y han sido sustituidos por anticonceptivos orales más seguros
y eficaces con dosis más bajas de estrógeno. Algunos estudios han
demostrado que los anticonceptivos orales de baja dosis más nuevos pueden
no aumentar notablemente el riesgo de accidente cerebrovascular en las mujeres.
Otros estudios
han demostrado que el embarazo y el parto pueden colocar a una mujer en situación
de riesgo mayor para un accidente cerebrovascular. El embarazo aumenta el riesgo
de accidente cerebrovascular hasta 3-13 veces. Naturalmente, el riesgo de accidente
cerebrovascular en las mujeres jóvenes de edad reproductiva es en primer
lugar muy pequeño, por lo que un incremento moderado en el riesgo durante
el embarazo es aún un riesgo relativamente pequeño. El embarazo
y el parto ocasionan accidentes cerebrovasculares en unas 8 de cada 100,000 mujeres.
Lamentablemente, un 25 por ciento de los accidentes cerebrovasculares durante
el embarazo terminan en la muerte y los accidentes cerebrovasculares hemorrágicos,
aunque son raros, constituyen aún la causa principal de muerte materna
en los Estados Unidos. La hemorragia subaracnoide, en particular, ocasiona de
una a cinco muertes maternas por 10,000 embarazos. Un
estudio patrocinado por el NINDS demostró que el riesgo de accidente cerebrovascular
durante el embarazo es mayor en el periodo pospartolas 6 semanas después
del alumbramiento. El riesgo de accidente cerebrovascular isquémico después
del embarazo es unas nueve veces más elevado y el riesgo de accidente cerebrovascular
hemorrágico es más de 28 veces más alto para las mujeres
después del parto que para las mujeres que no están embarazadas
o en la etapa posparto. Se desconoce la causa. De
la misma forma que los cambios hormonales durante el embarazo y el parto están
asociados con un mayor riesgo de accidente cerebrovascular, los cambios hormonales
al final de los años reproductivos pueden aumentar el riesgo de accidente
cerebrovascular. Varios estudios han demostrado que la menopausia, el final de
la capacidad reproductiva de una mujer marcada por la terminación de su
ciclo menstrual, puede incrementar el riesgo de accidente cerebrovascular entre
las mujeres. Afortunadamente, algunos estudios han indicado que la terapia de
sustitución hormonal puede reducir algunos de los efectos de la menopausia
y disminuir el riesgo de accidente cerebrovascular. En
la actualidad, el NINDS está patrocinando el Ensayo de Estrógeno
para Combatir el Accidente Cerebrovascular en las Mujeres (WEST), un ensayo doble
ciego, controlado con placebo, aleatorizado, que tiene como meta determinar si
la terapia a base de estrógeno puede reducir el riesgo de muerte o de accidente
cerebrovascular recurrente en las mujeres posmenopáusicas que tienen un
historial de reciente accidente cerebrovascular isquémico transitorio o
de accidente cerebrovascular no incapacitante. El
mecanismo mediante el cual el estrógeno puede resultar beneficioso para
las mujeres posmenopáusicas podría incluir su rol en el control
del colesterol. Los estudios han demostrado que el estrógeno aumenta los
niveles de la lipoproteína de alta densidad (colesterol bueno), y reduce
los niveles de la lipoproteína de baja densidad (colesterol malo). ¿Están
los niños y los jóvenes sometidos a riesgo de accidente cerebrovascular?
Los niños tienen factores de riesgo que les son únicos.
Las personas jóvenes parecen sufrir accidentes cerebrovasculares hemorrágicos
más que accidentes cerebrovasculares isquémicos, una diferencia
significativa frente a otros grupos de mayor edad, en los cuales los accidentes
cerebrovasculares isquémicos constituyen la mayoría de los casos.
Los accidentes cerebrovasculares hemorrágicos representan un 20 por ciento
de todos los accidentes cerebrovasculares en los Estados Unidos y muchos de estos
ocurren en los jóvenes.
Los
expertos clínicos separan a menudo a los "jóvenes" en
dos categorías: los que tienen menos de 15 años de edad y los que
tienen de 15 a 44 años de edad. Las personas de 15 a 44 años de
edad son consideradas generalmente como adultos jóvenes y tienen muchos
de los factores de riesgo citados anteriormente, tales como el consumo de cigarrillos
y drogas, el abuso del alcohol, el embarazo, lesiones a la cabeza y al cuello,
enfermedad cardiaca, malformaciones del corazón e infecciones. Algunas
otras causas del accidente cerebrovascular en los jóvenes están
vinculadas con enfermedades genéticas. Entre
las complicaciones médicas que pueden conducir a accidentes cerebrovasculares
en los niños figuran la infección intracraneal, la lesión
cerebral, malformaciones vasculares tales como el síndrome de moyamoya,
la enfermedad vascular oclusiva y trastornos genéticos, tales como la anemia
falciforme, la esclerosis tuberosa y el síndrome de Marfan. Los
síntomas de accidente cerebrovascular en los niños difieren de los
de los adultos y adultos jóvenes. Un niño que sufre un accidente
cerebrovascular puede tener convulsiones, pérdida repentina del habla,
pérdida del lenguaje expresivo (incluido el lenguaje corporal y los gestos),
hemiparesis (debilidad de un lado del cuerpo), hemiplejía (parálisis
en un lado del cuerpo), disartria (impedimento del habla), dolor de cabeza o fiebre.
Constituye una emergencia médica cuando el niño presenta algunos
de estos síntomas. La
condición subyacente que condujo al accidente cerebrovascular en los niños
debería determinarse y controlarse para evitar futuros accidentes cerebrovasculares.
Por ejemplo, un estudio clínico reciente patrocinado por el Instituto Nacional
del Corazón, el Pulmón y la Sangre, encontró que el administrar
transfusiones de sangre a los niños de corta edad con anemia falciforme
reduce grandemente el riesgo de accidente cerebrovascular. El Instituto sugiere
incluso tratar de evitar un accidente cerebrovascular en los niños de alto
riesgo dándoles transfusiones de sangre antes de que experimenten un accidente
cerebrovascular. La
mayoría de los niños que sufren un accidente cerebrovascular saldrán
del mismo mejor que los adultos después del tratamiento y la rehabilitación.
Esto se debe en parte a la gran plasticidad del cerebro inmaduro, y a la capacidad
de los niños de adaptarse a los déficits y a la lesión sufrida.
Los niños que sufren convulsiones junto con un accidente cerebrovascular
no se recuperan tan bien como los niños que no tienen convulsiones. Algunos
niños pueden presentar hemiplejía residual, aunque la mayoría
aprenderá con el tiempo a caminar. ¿Qué
investigación realiza el NINDS?
El NINDS es la principal institución
que apoya la investigación sobre los accidentes cerebrovasculares en los
Estados Unidos y patrocina una amplia gama de estudios experimentales de investigación,
desde investigaciones de los mecanismos biológicos básicos hasta
estudios con modelos animales y ensayos clínicos.
En
la actualidad, los investigadores del NINDS estudian los mecanismos de los factores
de riesgo de accidente cerebrovascular y el proceso de daño cerebral que
resulta del mismo. Parte de este daño cerebral puede ser secundario frente
a la muerte inicial de las células cerebrales ocasionada por la falta de
flujo de sangre al tejido cerebral. Esta ola secundaria de lesiones cerebrales
es un resultado de una reacción tóxica al daño primario y
afecta principalmente a un elemento neuroquímico excitatorio, conocido
como glutamato. El
glutamato en el cerebro normal funciona como mensajero químico entre las
células cerebrales, permitiéndoles comunicarse. Pero una cantidad
excesiva de glutamato en el cerebro ocasiona demasiada actividad y las células
cerebrales "se queman" rápidamente con tanta excitación,
liberando más productos químicos tóxicos, tales como caspasas,
cytokines, monocitos y radicales libres de oxígeno. Estas sustancias envenenan
el medio ambiente químico de las células circundantes, iniciando
una cascada de degeneración y muerte celular programada, llamada opoptosis.
Investigadores
del NINDS estudian los mecanismos subyacentes en este accidente cerebrovascular
secundario que consiste principalmente en inflamación, toxicidad y una
descomposición de los vasos sanguíneos que proporcionan la sangre
al cerebro. Los investigadores también buscan formas de prevenir la lesión
secundaria del cerebro proporcionando diferentes tipos de neuroprotección
para las células salvables que eviten la inflamación y bloqueen
algunos de los productos químicos tóxicos creados por las células
del cerebro que están muriendo. Con esta investigación los científicos
esperan producir agentes neuroprotectores para evitar el daño secundario
al cerebro. Para
más información sobre la excitotoxicidad, la neuroprotección
y la cáscada isquémica, consulten el Apéndice en la parte
posterior de este documento. Otra
área de investigación incluye a los experimentos con vasodilatadores,
medicamentos que amplían o dilatan los vasos sanguíneos y, por tanto,
aumentan el flujo de sangre al cerebro. Los vasodilatadores han sido utilizados
desde hace tiempo para tratar muchos problemas médicos, entre ellos, la
enfermedad cardiaca. Los investigadores esperan que los vasodilatadores ayuden
en la rehabilitación de las personas que sufren un accidente cerebrovascular
aumentando el flujo de sangre al cerebro. Hasta la fecha, lamentablemente, han
demostrado un éxito limitado, posiblemente debido a que no se han administrado
lo suficientemente rápido después de la aparición de un accidente
cerebrovascular. La
investigación básica también se ha concentrado en la genética
del accidente cerebrovascular y los factores de riesgo del mismo. Un área
de investigación en la que entra en juego la genética es la terapia
de genes. La terapia de genes incluye colocar un gen para una proteína
deseada en ciertas células del cuerpo. El gen insertado "programará"
luego la célula para producir la proteína deseada. Si suficientes
células en las áreas correctas producen suficiente proteína,
entonces la proteína podría ser terapéutica. Los
científicos han de encontrar formas de trasladar el AND (en inglés
DNA) terapéutico a las células apropiadas y han de aprender a transmitir
suficiente ADN (DNA) a un número suficiente de células de forma
que los tejidos produzcan una cantidad terapéutica de proteína.
La terapia de genes está en las etapas iniciales de desarrollo y hay muchos
problemas que superar, incluidos los de aprender a penetrar la barrera sanguínea-cerebral
sumamente impenetrable y cómo detener la reacción inmunológica
del huésped al virus que transporta el gen a las células. Algunas
de las proteínas utilizadas para la terapia en caso de accidente cerebrovascular
podría incluir proteínas neuroprotectoras, proteínas antiinflamatorias
y proteínas de reparación celular/AND (DNA), entre otras. El
NINDS apoya y realiza una amplia serie de estudios en animales, desde la investigación
genética sobre zebrafish hasta la investigación de rehabilitación
en simios. Gran parte de la investigación con animales del Instituto incluye
a roedores, especialmente ratones y ratas. Por ejemplo, un estudio sobre la hipertensión
y el accidente cerebrovascular utiliza ratas que han sido criadas de forma que
sean hipertensivas y por tanto susceptibles a sufrir un accidente cerebrovascular.
Al estudiar el accidente cerebrovascular en las ratas, los científicos
esperan obtener un mejor cuadro de lo que pudiera estar ocurriendo en los pacientes
humanos. Los científicos también pueden utilizar modelos animales
para someter a prueba intervenciones terapéuticas prometedoras. Si una
terapia resulta beneficiosa para los animales, entonces los científicos
pueden considerar someter a prueba la terapia en seres humanos. Un
área de investigación prometedora sobre los accidentes cerebrovasculares
con animales incluye la hibernación. Una disminución espectacular
del flujo de sangre al cerebro en los animales que hibernan es extensasuficientemente
extensa que mataría a un animal no hibernante. Durante la hibernación,
el metabolismo de un animal se ve frenado, la temperatura del cuerpo desciende
y las necesidades de energía y oxígeno de las células cerebrales
disminuyen. Si
los científicos pueden descubrir cómo los animales hibernan sin
experimentar daño cerebral, entonces quizás puedan descubrir formas
de detener el daño cerebral asociado con el menor flujo de sangre en los
pacientes que sufren accidentes cerebrovasculares. Otros estudios examinan el
papel de la hipotermia, o reducción en la temperatura del cuerpo, sobre
el metabolismo y la neuroprotección. Tanto
la hibernación como la hipotermia guardan relación con la hipoxia
y el edema. La hipoxia, o anoxia, ocurre cuando no hay suficiente oxígeno
para que las células cerebrales puedan funcionar como es debido. Puesto
que las células cerebrales requieren grandes cantidades de oxígeno
para atender sus necesidades energéticas, son especialmente vulnerables
a la hipoxia. Ocurre edema cuando el equilibrio químico del tejido cerebral
es perturbado y el agua o fluidos fluyen a las células cerebrales, haciendo
que se hinchen y exploten, soltando su contenido tóxico a los tejidos circundantes.
El edema es una causa de hinchazón del tejido cerebral en general y contribuye
a la lesión secundaria asociada con un accidente cerebrovascular. Los
estudios de investigación básica y los estudios con animales mencionados
anteriormente no incluyen a personas y caen dentro de la categoría de investigación
pre-clínica. En la investigación clínica participan personas.
Un área de investigación que ha hecho la transición de modelos
animales a investigación clínica es el estudio de los mecanismos
subyacentes en la plasticidad del cerebro y la reconexión neuronal que
ocurre después de un accidente cerebrovascular. Nuevos
adelantos en las técnicas de imágenes y en la rehabilitación
han demostrado que el cerebro puede compensar la función perdida como resultado
de un accidente cerebrovascular. Cuando las células en un área del
cerebro responsable de una determinada función mueren, el paciente se torna
incapaz de desempeñar dicha función. Por ejemplo, un paciente que
ha sufrido un accidente cerebrovascular con infarto en el área del cerebro
responsable del reconocimiento facial se torna incapaz de reconocer las caras,
un síndrome llamado agnosia facial. Pero, con el tiempo, la persona puede
llegar a reconocer las caras nuevamente, aún cuando el área del
cerebro originalmente programada para realizar dicha función permanezca
muerta. La plasticidad
del cerebro y la reconexión de las conexiones neurales permiten a una parte
del cerebro cambiar funciones y asumir las funciones más importantes de
una parte incapacitada. Esta reconexión del cerebro y restauración
de la función, que el cerebro trata de hacer automáticamente, puede
ayudarse con la terapia. Los científicos están trabajando por encontrar
nuevas y mejores formas de ayudar al cerebro a repararse para restablecer funciones
importantes en el paciente que sufre un accidente cerebrovascular. Un
ejemplo de una terapia resultante de esta investigación es el uso del estímulo
magnético transcraneal (EMT - en inglés TMS), en la rehabilitación
del paciente que sufre un accidente cerebrovascular. Algunas pruebas indican que
el EMT, en el que se transmite una pequeña corriente magnética a
un área del cerebro, quizás pueda aumentar la plasticidad del cerebro
y acelerar la recuperación de la función después de un accidente
cerebrovascular. El instrumento de EMT es un pequeño bucle que se mantiene
fuera de la cabeza, sobre la parte del cerebro que necesita estímulo. En
la actualidad, varios estudios en el NINDS están sometiendo a prueba el
hecho de si el EMT tiene algún valor para aumentar la función motora
y para mejorar la recuperación funcional. Ensayos
clínicos
La investigación clínica se realiza
usualmente en una serie de ensayos que se hacen progresivamente mayores. Un ensayo
clínico de la Etapa I se basa directamente en las lecciones aprendidas
de la investigación básica y animal y se utiliza para someter a
prueba la seguridad de la terapia para una determinada enfermedad y a fin de estimar
la posible eficacia en unos cuantos sujetos humanos.
Un
ensayo clínico de la Etapa II conlleva generalmente el uso de muchos sujetos
en varios centros diferentes y se utiliza para someter a prueba la seguridad y
posible eficacia de una escala más amplia, a fin de someter a prueba distintas
dosis de medicamentos o perfeccionar técnicas de cirugía y determinar
la mejor metodología y medidas del resultado para el ensayo clínico
mayor de la tercera etapa que se realizará. Un
ensayo clínico de la Etapa III es la empresa mayor de la investigación
clínica. Este tipo de ensayo incluye a menudo muchos centros y muchos sujetos.
El ensayo clínico tiene comúnmente dos grupos de pacientes que reciben
tratamientos diferentes, pero toda la demás atención médica
estándar es la misma y representa la mejor atención médica
disponible. El ensayo clínico puede comparar dos tratamientos o, si hay
sólo un tratamiento que probar, los pacientes que no reciben la terapia
de la prueba reciben en vez de ello un placebo. Se les dice a los pacientes que
el tratamiento adicional que están recibiendo puede ser el tratamiento
activo o puede ser un placebo. Muchos
ensayos de la Etapa III se denominan ensayos clínicos doble ciegos, aleatorizados.
Doble ciego significa que ni los sujetos ni los médicos ni las enfermeras
que tratan a los sujetos y determinan la respuesta a la terapia saben qué
tipo de tratamiento recibe el sujeto. La aleatorización se refiere a la
colocación de los sujetos en uno de los grupos de tratamiento de forma
que no sea pronosticada por los pacientes o por los investigadores. En estos ensayos
clínicos participan generalmente muchos investigadores y su conclusión
requiere muchos años. La hipótesis y los métodos del ensayo
son muy exactos y bien planificados. Los diseños de los ensayos clínicos,
así como los conceptos de exigir que los ensayos sean doble ciegos y estén
aleatorizados, han evolucionado a través de años de experimentación,
ensayo y error. En la actualidad, los investigadores están formulando nuevos
diseños para aumentar al máximo la oportunidad de que todos los
sujetos reciban la terapia. La
mayoría de los tratamientos para uso general provienen de los ensayos clínicos
de la Etapa III. Después de que ha concluido uno o más de los ensayos
clínicos de la Etapa III, y si los resultados son positivos para el tratamiento,
los investigadores pueden solicitar a la FDA (Food and Drug Administration), aprobación
del gobierno para utilizar el medicamento o el procedimiento para tratar a los
pacientes. Una vez que la agencia federal FDA ha aprobado el tratamiento o el
procedimiento, puede ser utilizado por médicos cualificados en todo el
país. El sobre al dorso de este folleto contiene tarjetas con información
acerca de algunos de los numerosos ensayos clínicos sobre accidentes cerebrovasculares
apoyados o concluidos por el NINDS. Fuente National
Institute of Neurological Disorders and Stroke National Institutes of Health http://www.ninds.nih.gov/disorders/spanish/accidente_cerebrovascular_pr.htm Si
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Aviso
La
información que usted encontrará en este artículo
no pretende substituir el necesario consejo médico o la necesidad
de un tratamiento profesional médico para una dolencia
o transtorno en su salud.
Siempre
debe consultar a un médico ante cualquier duda sobre su salud
y antes de comenzar un nuevo tratamiento con medicamentos, dieta
o programa de ejercicio físico.
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