Colitis
Ulcerosa y enfermedad de Crohn
¿Qué
es?
Se trata de una afectación inflamatoria de tipo crónico del tubo
digestivo que evoluciona de modo recurrente con brotes. Existen
dos tipos dentro de esta entidad, la colitis ulcerosa y la enfermedad
de Crohn. La colitis ulcerosa afecta exclusivamente al colon mientras
que la enfermedad de Crohn puede afectar desde la boca hasta el
ano. La localización más frecuente en la colitis ulcerosa es el
recto y en la enfermedad de Crohn el ileon terminal (porción más
distal del intestino delgado). Cualquiera de las dos enfermedades
puede presentar manifestaciones fuera del aparato digestivo como
en articulaciones, piel, hígado, ojos...
¿Cuáles
son las causas?
No se conoce la causa de esta enfermedad. Existen muchas hipótesis
pero la más actual es que sobre una predisposición genética hay
una alteración a nivel inmunológico ante antígenos alimentarios
o bacterianos. Otras teorías establecen un proceso infeccioso como
causa desencadenante de la enfermedad siendo varios los gérmenes
que se han implicado. Todo hace pensar que existen múltiples factores
involucrados en el origen de la enfermedad.
¿Cuáles
son sus síntomas?
Los síntomas dependen de la localización anatómica y de la severidad
de la inflamación. En la colitis ulcerosa la afectación a nivel
rectal es lo más habitual siendo el síntoma principal la expulsión
de sangre por recto acompañada generalmente de aumento del número
de deposiciones. Se puede asociar dolor abdominal más o menos difuso
que mejora inicialmente con la defecación. Puede existir fiebre
y pérdida de peso dependiendo de la gravedad, duración y localización
del brote.
El
síntoma fundamental de la enfermedad de Crohn es la diarrea y el
dolor abdominal generalmente localizado en el lado derecho. Se puede
acompañar de fiebre. Si existe algún punto con dificultad de paso
se asociarían náuseas y vómitos. La afectación perineal es habitual
pudiendo existir comunicación entre asas intestinales o entre intestino
y otras vísceras (fístulas).
¿Quien
puede padecerlo?
Esta entidad suele presentarse en gente joven (2ª-3ª década de la
vida) aunque puede manifestarse a cualquier edad. La colitis ulcerosa
tiene otro pico de incidencia a los 60-80 años. No existen diferencias
respecto al sexo. Parece más frecuente en los países anglosajones.
Existen factores genéticos que predisponen a la enfermedad.
¿Cómo
se diagnostica?
El diagnóstico de la enfermedad se realiza con la sospecha clínica
y hallazgos radiológicos, endoscópicos e histológicos (biopsia)
compatibles. La analítica se altera en las fases agudas de la enfermedad
con elevación de la velocidad de sedimentación (VSG) y de la proteína
C reactiva, aumento de las cifras de glóbulos blancos y de plaquetas.
Puede existir también anemia con cifras de hierro bajas o bien otro
tipo de anemia por falta de absorción de vitamina B12. Los niveles
de proteínas en sangre pueden estar disminuidos.
La
endoscopia en la colitis ulcerosa revela afectación continua de
la mucosa desde el recto, con mucosa de aspecto granular, úlceras
superficiales y alteración vascular. En la enfermedad de Crohn el
recto se suele encontrar indemne, la afectación es discontinua,
las úlceras son profundas y longitudinales, la mucosa entre las
úlceras es normal o de aspecto en empedrado. Con esta técnica se
consigue pasar la válvula ileocecal hasta llegar al íleon
y la posibilidad de obtener biopsias para estudio.
Los
estudios radiológicos (TAC , ecografía, tránsito intestinal) ponen
de manifiesto las posibles complicaciones de estas entidades (abscesos,
fístulas,
estenosis..).
La gammagrafía con leucocitos marcados puede permitir valorar la
extensión de la inflamación de la enfermedad así como distinguir
si las zonas con dificultad de paso se deben a la inflamación o
al componente cicatricial o fibrótico.
La
actividad de la enfermedad se puede valorar también con distintos
índices clínicos. En la colitis ulcerosa se tiene en cuenta el número
de deposiciones, la existencia de fiebre, taquicardia anemia y aumento
de velocidad de sedimentación. En la enfermedad de Crohn se utiliza
otro índice (CDAI) que utiliza otro parámetros clínicos.
En
el momento de la aparición de los síntomas se debe diferenciar de
otras entidades que cursan con brotes de diarrea, dolor abdominal
con sangre y/o fiebre ( colitis de origen infeccioso, secundaria
a la toma de antibióticos, tuberculosis intestinal, apendicitis
aguda, colitis secundaria a radioterapia o de origen vascular...).
¿Cuál
es el tratamiento?
El tratamiento tiene como objetivo conseguir controlar la actividad
inflamatoria en el brote y evitar las recidivas. El tratamiento
depende también de la gravedad y de la localización de la enfermedad.
En los brotes se pueden utilizar corticoides ( bien por vía oral,
endovenosa o rectal según el tramo y la severidad del brote), 5-ASA
(por vía oral o en forma de supositorios o enema), antibióticos,
inmunosupresores ( azatioprina, 6-mercaptopurina, ciclosporina...),
metotrexate...
Existen
otros tratamientos más novedosos basados en la alteración del sistema
inmunológico como los anticuerpos monoclonales anti-TNF. El infliximab,
primero de estos anticuerpos anti-TNF autorizado, actúa neutralizando
el TNF que se produce en el paciente por activación de la cascada
de la inflamación. No es un tratamiento de primera línea y sus indicaciones
actuales son enfermedad de Crohn fistulizante que no responde a
tratamiento con antibióticos y/o inmunosupresores y enfermedad de
Crohn activa que no responde a tratamiento con corticoides y/o inmunusupresores.
Es un tratamiento que se debe de aplicar en centros de referencia
con la finalidad de que estudios posteriores puedan ampliar o no
las actuales indicaciones.
Recientemente existen otros tratamientos, como la granulocitoaféresis,
cuya finalidad es la de adsorver en una columna de aféresis las
células sanguíneas responsables de la perpetuación de la inflamación.
Se realiza una sesión semanal, durante cinco semanas. En aquellos
pacientes que presentan respuesta clínica se puede plantear un "recuerdo"
cada 6 semanas.
En la fase de remisión se debe intentar retirar, aunque no siempre
se puede, la toma de corticoides dejando el 5-ASA de mantenimiento.
El
tratamiento farmacológico debe de ir acompañado de una correcta
renutrición del paciente.
La cirugía tiene su papel sobre todo como tratamiento de las complicaciones
(megacolon tóxico, perforación, abscesos,
zonas estenóticas , fístulas,
malignización...).
El
tratamiento debe ser individualizado en cada momento para cada paciente
por el médico teniendo en cuenta la evolución, localización, afectación
y tipo de enfermedad inflamatoria que se trate.
¿Cuál
es el pronóstico?
Al no disponer de ningún fármaco por el momento que evite las recidivas,
el pronóstico es incierto e individual. En general la calidad de
vida entre los brotes es buena pudiendo realizar vida normal. El
pronóstico se relaciona en general con el tiempo de evolución de
la enfermedad desde el diagnóstico, la extensión de la enfermedad,
la gravedad de los brotes, la existencia o no de complicaciones
y el antecedente de tratamiento quirúrgico.
Una
mención especial precisa la posibilidad de malignización en el curso
de esta enfermedad. Existe un aumento de riesgo de tumor sobre todo
de colon respecto a la población general. Este riesgo aumenta progresivamente
a partir de los 10 años del diagnóstico de la enfermedad. Por esto
es importante el diagnóstico precoz recomendándose un seguimiento
endoscópico anual a partir de los 10 años del diagnóstico con toma
de biopsias múltiples si no existen zonas sospechosas y biopsias
de aquellas zonas sobreelevadas o estrechas. Según el resultado
del estudio de las muestras se decidirá la actitud a seguir.
Fuente
Clinica Universitaria Universidad de Navarra
http://www.cun.es/areadesalud/enfermedades/aparato-digestivo/colitis-ulcerosa/
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