La
incidencia del cáncer cutáneo ha aumentado tremendamente durante este siglo, en
particular en Europe del Norte. Las estadísticas más fiables corresponden al melanoma,
cuya incidencia se ha duplicado cada diez años en numerosos países. Su tasa de
aumento ha superado la de todos los demás cánceres, con excepción del de pulmón
en las mujeres, aunque, según las observaciones hechas en los Estados Unidos,
el índice de aumento sea menos importante en cohortes más jovenes. La incidencia
anual del melanoma maligno en el Reino Unido y en Alemania es actualmente de alrededor
de 10 por 100.000 personas al año, lo que supone un riesgo aproximado de 1 por
200. Resulta
cada vez más claro que una exposición excesiva a la luz solar constituye el factor
etiológico principal del melanoma. Esta comprobación se demuestra principalmente
por el hecho de que el melanoma es fundamentalmente una enfermedad de las poblaciones
de piel blanca (la piel blanca es mucho más sensible a los efectos nocivos del
sol): la incidencia anual del melanoma en Japón, por ejemplo, sólo es de 0,2 por
100.000 personas al año. Además, aunque aumenta la incidencia del melanoma cada
año en las poblaciones blancas de Europa, Estados Unidos, Canadá, Australia, etc.,
esta incidencia sólo ha aumentado muy ligeramente entre las poblaciones de origen
africano o asiático. En
segundo lugar, existe una correlación entre la latitud y la incidencia del melanoma
en las poblaciones de piel blanca. La incidencia del melanoma es, por ejemplo,
muy elevada en países como Australia (50 casos al año por 100.000 personas) así
como en las regiones más cálidas de Estados Unidos, como el sur de Arizona. Además,
existe una correlación entre el riesgo de melanoma y el plazo de de tiempo durante
el cual una persona vivió en latitudes inferiores, lo que representa quizá una
exposición excesiva al sol acumulada durante la vida. En
tercer lugar, estudios de casos realizados en Europa han puesto de manifiesto
que una exposición intensa al sol, puntual, durante las vacaciones, constituye
un factor de riesgo de melanoma. Varios estudios, por ejemplo, han puesto de manifiesto
que la pertenencia a una clase social alta, una actividad ejercida en interiores,
las quemaduras de sol y unas vacaciones pasadas al sol constituyen factores de
riesgo de melanoma, lo que refuerza la idea de que, en algunas poblaciones al
menos, la relación existente entre riesgo de melanoma y exposición al sol no es
una simple relación acumulativa. No
se conoce aún con precisión cuál es el esquema de exposición al sol más peligroso.
Como lo muestra el resultado del estudio de casos control mencionado, en el norte
de Europa por lo menos, se exponen más al melanoma las personas que trabajan en
edificios que los que trabajan al aire libre, lo que hace pensar que el carácter
intermitente de la exposición es crucial, que lo dañino es el ciclo de estar blanco
en invierno, rosa en primavera y bronceado en verano. No obstante, es absolutamente
cierto, especialmente según los datos obtenidos en Australia, que una exposición
total acumulada excesiva al sol es también importante. Algunas lesiones cutáneas
no melanomatosas inducidas por el sol, como los carcinomas de células basales
y las queratosis actínicas (de correlación directa con la exposición acumulada
al sol), por ejemplo, constituyen factores significativos de riesgo de melanoma.
Así pues, es
probable que los mensajes de educación para la salud deban ser del tipo de "evite
las quemaduras de sol y reduzca su exposición total acumulada al sol". Esto
último es otra manera de decir "no se broncee". No se sabe tampoco claramente
cuál podría ser exactamente la ventaja de la protección solar frente al riesgo
de melanoma: mientras que puede utilizarse para impedir que determinados tipos
de rayos ultravioletas alcancen la piel (en particular el ultravioleta B (UVB),
probablemente permite una mayor exposición a otros tipos potencialmente peligrosos
(por ejemplo, ultravioletas A y C). Aunque
la incidencia del melanoma no sea muy elevada en relación con la de los tumores
más corrientes, se ha identificado un factor etiológico principal. En Europa,
se ha vinculado el aumento de su frecuencia al método del bronceado que apareció
en los años 30. Si se quiere invertir la tendencia al aumento del número de pacientes
aquejados de melanomas, es imperativo modificar los comportamientos de moda. Sería
necesario también desaconsejar el empleo de fuentes artificiales de rayos ultravioletas
(UV), como los solarios y las lámparas UV. Parece
que una exposición excesiva al sol es especialmente nociva durante la infancia
y la adolescencia. Estudios sobre la emigración a Australia e Israel han puesto
de manifiesto que las personas nacidas en estos dos países presentaban, por ejemplo,
un riesgo de melanoma perceptiblemente más elevado que las personas que llegaron
a ellos ya adultos. Además, algunos estudios de casos en relación con las quemaduras
por el sol y el riesgo de melanoma han revelado (aunque no sea el caso siempre)
que las quemaduras por el sol que se producen antes de la edad de 15 años son
especialmente significativas. Por último, según el único estudio prospectivo consagrado
a este tema (United States Nurses' Health Study), parece que una exposición
excesiva temprana al sol es más significativa, por lo que respecta al riesgo de
melanoma, que una exposición en la edad adulta. Es, pues, necesario que el Código
europeo tenga especialmente en cuenta la cuestión de la protección de los niños
de todas las edades contra el sol. Referencias
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