La
experimentación animal no ha demostrado que beber alcohol sea un cancerígeno per
se, aunque los datos indican que una ingestión crónica de etanol por vía oral
puede tener un efecto coadyuvante en tumores del esófago y posiblemente del cardias
no glandular inducidos en animales de experimentación por carcinógenos químicos
bien conocidos. En
las personas, los datos epidemiológicos ponen de manifiesto que el consumo de
bebidas alcohólicas aumenta el riesgo de cáncer de la cavidad bucal y de la faringe
(salvo de las glándulas salivales y la nasofaringe), así como del esófago y de
la laringe. Los riesgos están fundamentalmente vinculados al contenido en etanol
de las bebidas alcohólicas consumidas, y parecen estar vinculados a la bebida
alcohólica más común en cada grupo de población. Tienden a aumentar con la cantidad
de etanol consumido, aun sin que estén definidos claramente los umbrales por debajo
de los cuales no se constata ningún efecto. Hay
pruebas de que tanto el consumo de alcohol como fumar cigarrillos incrementan
el riesgo de padecer cánceres de los tractos digestivo y respiratorio superiores,
pues cada factor viene a multiplicar el efecto del otro. En relación con las personas
que nunca han tomado alcohol ni fumado, el riesgo relativo de estos tumores es
entre 10 y 100 veces más elevado en los grandes fumadores y bebedores. En efecto,
en ausencia de consumo de alcohol y de tabaco, el riesgo de cáncer de orofaringe
y de laringe es muy pequeño en los países industrializados. El
consumo de alcohol aumenta el riesgo de cánceres de los tractos digestivo y respiratorio
superiores incluso en ausencia de tabaquismo. Esto parece indicar que el alcohol
puede facilitar los efectos cancerígenos no solamente del tabaco, sino también
de otros agentes cancerígenos a los cuales se exponen los tractos digestivo y
respiratorio superiores del hombre, en particular los de origen alimentario. Aunque
se ha sugerido que el alcohol derivado de bebidas "fuertes" es más nocivo para
un riesgo de cáncer en estas localizaciones, a niveles de ingestión de alcohol
comparables, los resultados no son concluyentes. Por eso, la cantidad total de
etanol ingerida parece ser el factor clave para determinar este mayor riesgo,
más que el origen preciso del alcohol. Es la cantidad total de etanol ingerida
la que debe reducirse. El
consumo de alcohol se asocia también estrechamente al riesgo de cáncer primario
de hígado, aunque la relación sea más difícil de demostrar en los estudios epidemiológicos,
puesto que la mayoría de los cánceres de hígado vinculados al alcohol son consecutivos
a una degeneración cirrótica, que puede, a su vez, haber sido inducida por el
alcoholismo. Y esta cirrosis puede perfectamente haber conducido a un individuo
a reducir su consumo de alcohol. En
el aspecto epidemiológico, se ha vinculado también la ingesta de alcohol al cáncer
del intestino grueso en los dos sexos, así como al cáncer de mama. Puesto que
se trata de los dos cánceres más frecuentes en países industrializados después
del cáncer de pulmón, aunque las asociaciones sean moderadas y estén sometidas
a debate, aun un pequeño riesgo de consumo de alcohol puede tener implicaciones
importantes para la salud pública. Es
bien conocido el esquema en forma de U de la distribución de la ingestión
de alcohol en relación con el riesgo de enfermedades cardiovasculares, de mortalidad
cardiovascular y de mortalidad total: este esquema clásico es el de un riesgo
más escaso en los que beben con moderación, frente al de los no bebedores,
y un riesgo creciente a medida que el consumo de alcohol aumenta (figura
1). Sin embargo, no es fácil fijar un límite de ingestión diaria de alcohol por
debajo del cual el consumo de alcohol está completamente libre de un riesgo de
cáncer (o en otros términos, señalar el límite superior de un consumo regular
de alcohol completamente seguro). Factores como el sexo, la edad, lar condiciones
fisiológicas o el perfil alimentario modifican probablemente tal límite. Hay
indicadores de que se puede ya asociar una absorción diaria de alcohol de solamente
10 g/día (es decir, alrededor de una copa al día) con un cierto aumento del riesgo
de cáncer de mama, con respecto a las mujeres que no beben alcohol: determinados
estudios hacen pensar que este riesgo puede ser de un 30 a un 50% mayor en relación
con las no bebedoras. El límite inferior asociado con un riesgo significativo
de cáncer en otras localizaciones (como los cánceres de los tractos digestivo
y respiratorio superiores, de hígado o de colon y rebto) es probablemente un tanto
superior (alrededor de 30 g/día), lo que parece ser especialmente cierto para
los hombres. Además, se asocia a veces el consumo de alcohol con una ingesta escasa
de algunos alimentos potencialmente beneficiosos, como frutas y verduras. Todos
los puntos que figuran arriba deberían tomarse en consideración para dar consejos
fundados en cuanto a los límites recomendados para el consumo individual de alcohol.
Estos límites no deberían exceder 20 a 30 g de etanol al día (es decir, alrededor
de dos a tres copas de cerveza, de vino o de licor al día), y pueden ser inferiores
para las mujeres. Referencias
básicas International
Agency for Research on Cancer (IARC) Monographs on the Evaluation of Carcinogenic
Risks to Humans, Volume 44. Alcohol Drinking, International Agency for
Research on Cancer, Lyon (1988) Doll
R, Forman D, La Vecchia C and Woutersen R., Alcoholic Beverages and Cancer
of the Digestive Tract and Larynx. In: Vershuren P.M. (ed.), Health Issues Related
to Alcohol Consumption. pp 126-166, ILSI Press, Washington, 1993. Doll
R, Peto R, Hall E, Wheatkey K and Gray R., Mortality in relation to consumption
of alcohol: 13 years' observations on male British doctors, Brit Med Jour
309: 911-918 (1994) Marmot
M and Brunner E, Alcohol and cardio-vascular disease: the status of the U-shaped
curve, Brit Med Jour 303: 565-568 (1991) Rimm
EB, Giovannucci EL, Willett WC, Colditz GA, Ascherio A, Rosner B et al., Prospective
study of alcohol consumption and risk of coronary disease in men, Lancet 338:
464-468 (1991) Más
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